Bety, la entrañable abuela de la película La Paz

“Qué voy a actuar si ni tengo memoria para recordar mis años”, le dijo a su nieto, protagonista del film ganador del Bafici

Por Alejandro Cruz | LA NACION
Jueves 25 de abril de 2013

Los festivales son grandes generadores de historias paralelas. En La Paz , el film de Santiago Loza elegido como mejor película de la competencia argentina del Bafici, el personaje central acaba de salir de algún tipo de internación. Su reinserción al mundo es compleja. Se lo ve en el rostro y lo expresa su propio cuerpo sin necesidad de muchas palabras. El encierro sólo parece tomarse un respiro cuando entra en contacto con otros dos personajes: la señora que limpia la casa de sus padres (y la suya propia) y cuando visita a su abuela. Ni Fidelia “Jenny” Batallanos Michel, quien compone a la empleada doméstica, ni Beatriz Bernabé, la abuela, son actrices.

La noche del estreno de La Paz , Loza (un hijo dilecto del Bafici) contó que a Jenny la había descubierto en medio de un casting que hizo entre la comunidad boliviana de Liniers. La primera escena que grabó con ella es la que le explica al protagonista cómo enhebrar una aguja. En esa escena todo fluye con una naturalidad asombrosa.

El caso de la abuela es distinto. De hecho, Bety, así todos la llaman, es la abuela de Lisandro Rodríguez, el protagonista de La Paz . Lisandro es quien suele dirigir las obras de teatro de Loza, o a quien se puede encontrar fácilmente en el Elefante Club de Teatro porque es uno de los dueños (como el mismo Loza y otros amigos).

En la película, las escenas entre ellos transitan lo entrañable. El nieto la saca a pasear en moto y la abuela se sube con convicción. Sin decirse nada, son felices. Y esa felicidad toma cuerpo en la pantalla con una potencia conmovedora. “Mi trabajo fue algo muy improvisado, ¿viste?”, cuenta desde su casa en Quilmes. Hacía ya bastante tiempo, su nieto le había dicho: “Bety, ¿querés trabajar en una película?”. Ella, pensó: “Pero qué voy a actuar si ni tengo memoria para recordar mis años”.

-¿Cuántos años tiene?

-Ochenta y siete, querido. Me siento bien, pero ya no estoy tan bien, hay que decir lo que es. Eso sí, tengo mucho amor de la gente que me rodea, de mi familia. Más ahora que volvió de Brasil un hijo que adopté de chiquito que tiene parálisis. Estoy chocha, no lo puedo creer.

Muchas escenas las filmaron en la casa de los padres de Lisandro. “Tienen una casa grande, con parque y es gente muy dispuesta. En otras escenas me llevaron a andar en moto. Con un hijo y con un hermano yo ya había andado en moto, debe ser por eso que no me resultó difícil. Tengo otra escena en la playa de Quilmes. Fíjese lo que son las cosas: durante 10 años iba a limpiar el río, me encantaba hacerlo. De todos eso me acordé mientras estaba filmando con Lisandro. Nunca llegábamos a limpiar el río del todo, pero hacíamos lo que podíamos”.

La primera vez que vio La Paz no le gustó tanto. “Es fuerte. Igual, me parece que no la vi completa. Pero después, en el Bafici, ahí la vi entera y me pareció fenomenal. Ahora, con lo de premio, me puso tan feliz que ni te cuento”.

Beatriz Bernabé está indisimuladamente chocha de trabajar con su nieto (el nieto, vale aclararlo, también). “Lisandro está bárbaro. En la película se le notan los cambios de carita, ¿te diste cuenta? Y después te digo: yo tuve un hijo de una hermana mía con esa enfermedad acá, viviendo en casa. O sea, sé de eso. Viendo la película se me hizo muy presente todo aquello”.

-Y cómo es eso de ver la escena en la que su personaje muere. Debe ser un tanto duro.

-Me parece que esa parte la pasé como por alto.

Se ríe como tantas veces lo hace durante la charla. Y vuelve a contar sobre el hijo que vino de Brasil (“ya te dije, ¿no?”). Y vuelve a su propia vida que casi parece ser la contracara que domina al personaje central de La Paz. Personaje al que Lisandro le encuentra infinidad de matices expresivos.

El proceso de filmación fue lento y relajado (por lo menos, según su relato). “El director amigo de mi nieto, este chico Santiago, es muy atento conmigo. Fue él el que le propuso a mi nieto que yo hiciera ese personaje. La otra noche, después del Bafici, nos fuimos al teatro de Lisandro, el Elefante, y vieras lo lindo que lo pasamos. Lisandro es un chico amoroso”.

Bety nunca había imaginado que iba a trabajar en una película. “Ni en pedo -dice riéndose de su improperio-. A lo sumo, la otra vez me sacaron fotos para un muchacho amigo, tenía que estar vestida de rockera. ¡Deberías verla…! Y después, atendeme esto, me gusta mucho disfrazarme ¡Con locura! Los otros días, a unos chicos que viven cerca del río les di todo lo que tenía. Todo, ¡pero quedé yo! Por eso después me fui a una casa y me compre antifaces y varias chucherías. Nora, mi hija, me retó; ¡es que a mí me encanta disfrazarme! Debe ser porque nací en Carnaval.”

Y se vuelve reír mientras cuenta la película que tiene en mente sobre la vida de su familia. Quiere que Santiago Loza y “su” Lisandro la filmen. La cuenta con detalle, con cuidado, con amor. Antes de despedirse, dice: “Querido, anotá mi nombre completo: Soy Beatriz Elda Bernabé Buceta Suárez Gayol García Alonso de Rodríguez Linkvuist, ése era mi esposo, de familia sueca.”

-Bety, ¿todos esos apellidos?

-Sí querido, vos también tenés todos esos apellidos. No venimos de un repollo.

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