Qué hacer cuando nuestros padres pierden su autonomía

Cómo incentivarlos, cómo saber si pueden seguir viviendo solos y por qué es tan importante que se sientan acompañados y queridos; Información, datos y testimonios para tener

Por Virginia Poblet
Revista Susana
Miércoles 24 de abril de 2013

Jjavier pazos tiene 47 años. Hace 5, el médico de su madre detectó en ella síntomas de depresión y le aconsejó que fuera a un hogar de día. Si bien la mamá de Javier siempre tuvo problemas de memoria, al año de concurrir al hogar le recomendaron que hiciera un test de deterioro cognitivo, ya que los olvidos iban en aumento. El resultado fue demoledor: sufría mal de Alzheimer. Casado, con una hija, un trabajo que le demanda ocho horas diarias y su madre de 75 años viviendo sola, Javier no sabía adónde recurrir.

Este panorama lo obligaba a enfrentarse con angustias personales. “Estos son problemas de hijos de mediana edad. La imagen de los padres como sostén va declinando, y eso deja al descubierto que el tiempo pasa para todos, algo difícil de aceptar, que puede acarrear irritación y resistencia”, dice la Dra. Graciela Zarebski, especializada en gerontología.

Si bien las señales se van dando poco a poco, la negación es un arma muy usual, que evita ver los deterioros y se conecta con la angustia que acarrea esta situación, pero que lamentablemente la empeora. “En el hogar veían que ya no podía vivir sola, pero mi hermano decía que estaba lo más bien, para él mamá tenía 40 años”, recuerda Javier. Así fue cómo, mientras él buscaba una persona que ayudara a su madre aun a pesar de la negativa de su hermano, ella se quebró la muñeca y tuvieron que ponerle un yeso hasta el hombro.

PREVENIR, ANTE TODO
“Cuanto antes nos demos cuenta, más podremos hacer con respecto al deterioro de la salud de nuestros padres, y al mismo tiempo evitaremos mucho sufrimiento a la familia. Hay que estar atentos e ir anticipándose a ciertas dificultadtes. Si una persona mayor no nos escucha, es porque seguramente tiene un problema auditivo, no porque es un cabeza dura que no quiere oír”, afirma Elia Toppelberg, psicóloga especializada en longevidad. Algunas señales de que algo no anda bien es cuando comienzan a olvidarse que dejaron las hornallas encendidas o cometen errores con la medicación. Los especialistas en gerontología dicen que siempre hay que respetar la autonomía y las elecciones de un adulto. Sin embargo, el límite llega cuando ponen en riesgo su salud física y mental. En ese momento, es necesario plantear una charla para que entiendan que necesitan ayuda por unas horas o durante todo el día.

Algunas de las cuestiones que tenemos que empezar a pensar como hijos son, por ejemplo, ¿cómo es la casa en la que viven? ¿Está llena de cosas y de muebles que entorpecen el paso? ¿Tiene escaleras? Porque una alfombra suelta u objetos guardados muy arriba, a donde les cuesta llegar, pueden provocar una caída. “Mudarse o separarse de objetos puede resultar muy doloroso. Es necesario hablar con tranquilidad del paso del tiempo y alertar acerca de las limitaciones que van a tener a futuro”, advierte Toppelberg.

Esta situación también lleva a la propia reflexión: una buena vejez depende de lo que se hizo y de lo que se hace con la vida. “Es muy común, sobre todo entre los hombres, que al jubilarse se encuentren en situación de riesgo porque el trabajo lo era todo y, al dejarlo, se derrumba la identidad. Ellos deben redescubrirse, reiniciar una vida nueva”, advierte Zarebski. La receta es simple pero no siempre ejercida: mantenerse activo física y mentalmente, abrir la cabeza, recrearse. “Muchas veces los adultos mayores se deprimen porque se sienten solos. Los clubes y las actividades sociales logran revertir depresiones, que son el portal a una mala vejez. Si es necesario, hay que incentivarlos, ofrecerles, acompañarlos a buscar las actividades que siempre les gustaron. Y si no quieren ir, hay que insistir”, aconseja la especialista.

UN NUEVO ESCENARIO
Se vive cada vez más y cada vez mejor. Por eso, la visión sobre la vejez está cambiando: ya no es una etapa de pérdida sino un tiempo que ofrece la posibilidad de volverse más sabio. Así, cada vez hay más servicios específicos orientados a los adultos mayores. Por un lado, están los psicogerontólogos, que plantean terapias específicas. Luego se encuentran los geragogos, profesionales que se especializan en la educación y el aprendizaje orientados a la tercera edad. Ellos son los encargados de diseñar y dirigir actividades y cursos como talleres de pintura, de escritura, danza, historia o tecnología.

En cuanto a las personas que asisten a los mayores, cada vez más proliferan cursos terciarios y universitarios de cuidadores.

También está cambiando el concepto de las residencias geriátricas, que deben ser espacios al servicio de la vida. Y de a poco, se están desarrollando proyectos de viviendas asistidas. ¿De qué se trata? De edificios o pequeños condominios con departamentos especialmente adaptados, espacios comunes y asistentes.

Hablar cambia la vida

Hasta no hace mucho tiempo, los adultos mayores se resistían a iniciar una terapia. Sin embargo, esto está cambiando y cada vez son más las personas que encuentran un espacio en el que pueden expresar sus dudas, sus temores, sus angustias, donde pueden hablar de temas que no se animan a abordar con sus hijos, sus parejas o sus amigos. Y lo más importante, es que a través de la terapia encuentran la posibilidad de salir de las situaciones de malestar y modificar sus vidas. Es que, afortunadamente, se está rebatiendo la idea de que después de los 50 años ya no se puede cambiar.

En una etapa de balance, como es la vejez, es importante animarse a iniciar nuevas búsquedas, a seguir abriendo puertas y a seguir un crecimiento constante hasta el último día de la vida. Además, la terapia permite detectar a tiempo los síntomas de enfermedades que llevan al envejecimiento patológico.

CUESTIÓN DE LIMITES
Algunos padres se ponen muy demandantes. Para ellos no hay nadie mejor que sus hijos, y sobre todo sus hijas, para cuidarlos, y pretenden que los acompañen tanto al médico como al baño. Que estén ahí todo el tiempo. Pero, como dice Toppelberg, hay que mantener un sano equilibrio y explicar sin peleas y sin gritos que todos tenemos otras responsabilidades además del cuidado de los padres. Hay que olvidarse de la culpa, que genera energía negativa y no soluciona nada. Uno tiene que asumir estos cuidados con autonomía. “El adulto mayor debe decirse a sí mismo ‘es mi responsabilidad mantenerme equilibrado, cuidar mi salud, tener mis actividades’, casi como prescripción médica”, dice Zarebski. Lo mismo sucede si tenemos que contratar a alguien que ayude en los quehaceres cotidianos. Ante la negativa a recibir ayuda, una explicación posible sería: “Entiendo que te resulte incómodo, pero si te caés no podés estar cuatro o seis horas en el piso hasta que alguien venga a ayudarte”.

DIFERENTES ETAPAS
Hay personas que llegan a la vejez en un muy buen estado físico y mental y otras que no tanto, por lo que precisan ayuda especial. “El criterio gerontológico es postergar al máximo el geriátrico. Hay servicios alternativos antes de llegar a ese punto, como centros de día que realizan actividades físicas, culturales y sociales, donde además pueden armarse vínculos con pares; cuidadores a domicilio para que el adulto mayor siga cerca de sus afectos; residencias transitorias en las que estén un tiempo (cuando los hijos están de vacaciones, por ejemplo) y finalmente, residencias permanentes”, enumera Zarebski.

Una de las enfermedades más dolorosas que algunas familias deben atravesar es el mal de Alzheimer. Terrible para quienes lo padecen, porque en los primeros estadios se dan cuenta de sus errores y se angustian. También es duro para sus familiares que no saben cómo lidiar con la enfermedad. “No hay que naturalizar los olvidos o la desorientación que alteran la vida cotidiana. Si el enfermo dice ‘quiero ir a mi casa’ y está en su casa, es mejor llevarlo a dar una vuelta y volver que insistir con que está ahí, en su casa. Así se evitan tensiones”, ilustra Zarebski. Pero cuando la atención debe ser permanente, la mejor opción es una residencia. “Jamás imaginé que iba a llevar a mi mamá a un geriátrico, pero ya no podía dormir sola. Ahora, en vez de ir a su casa, la voy a ver a la residencia. Sé que la atienden bien, que no le falta nada y también tengo claro que mi parte, que es la de darle todo el cariño, es irremplazable”, concluye Javier.

PARA TENER EN CUENTA
El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires dispone de 26 hogares de día para adultos mayores de 60 años que puedan movilizarse por sí mismos. Ofrecen orientación psicológica, actividades culturales, físicas y cognitivas. Tel.: (011)4300-6741 /6785/ 9605/9647. E-mail: hogardia@buenosaires.gov.ar
Programa de promoción y prevención socio-comunitaria “prevenir para seguir creciendo” de PAMI . Algunas de sus prestaciones son los talleres de creatividad, estimulación del movimiento y de la memoria, entre otras. PAMI también cuenta con un Programa Nacional de Atención Domiciliaria. Llamar al 138 PAMI, al 0800-222-7264. E-mail: pamiescucha@pami.org.ar
La AMIA brinda un servicio de cuidadores a domicilio destinado a toda la comunidad. Más información: (011)4959-8800, internos 8768 y 8813 o acercándose a Uriburu 650, 1° piso, CABA. E-mail: cuidadores@amia.ogr.ar
Programa Cuidados Domiciliarios de la Dirección Nacional de Políticas para Adultos/as Mayores, de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia, del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación . Tel.: (011)4338-5830. E-mail: voluntariado@senaf.gov.ar
La Universidad Maimónides ofrece el Servicio de Atención Gerontológica Integral. Incluye asesoramiento y grupos de apoyo a familiares cuidadores . Hidalgo 775, 7º piso, CABA, 4905-1159/1179. E-mail: geronologia@maimonides.edu
A.L.M.A., Asociación Lucha contra el Mal de Alzheimer. Grupos de apoyo a familiares de personas que padecen esta enfermedad, abiertos y gratuitos en todo el país. www.alma-alzheimer.org.ar
PARA ELEGIR RESIDENCIAS
Algunas premisas básicas a la hora de decidir:

Es conveniente que esté cerca de la casa de un familiar
Verificar la habilitación del lugar
Averiguar los antecedentes
Que el personal sea idóneo, esto es, que tenga buen trato y esté atento a las necesidades de quienes viven allí. Y que cuente con un equipo de profesionales multidisciplinario (médicos, psicólogos, terapistas ocupacionales, etc.)
Observar la condición edilicia. Que tenga ventilación, sea luminoso, espacioso, con aberturas al exterior para distinguir el día y la noche, que esté bien higienizado y que no haya olores desagradables, y que se incluyan espacios sociales y privados
Que sea de puertas abiertas, es decir, que las visitas no tengan horarios.

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