Valorar a los mayores

Acercar la experiencia de las generaciones de retirados a los jóvenes puede derivar en enormes beneficios para unos y otros

Martes 05 de marzo de 2013
Editorial de La Nación

El esfuerzo coordinado y positivo de la Fundación Responde, en unión con el Banco Supervielle, ha permitido desarrollar una meritoria labor cuyos objetivos inmediatos se vinculan con la enseñanza de determinadas habilidades y sus efectos mediatos son de valor moral. Así es como se ha promovido en la población juvenil de zonas rurales el desarrollo de determinadas destrezas, como la realización de tejidos o soldaduras, en pequeños talleres instalados en los lugares que habitan los jóvenes aprendices. Pero lo peculiar de esta tarea es que se halla inspirada en la labor de gente mayor que, habiendo asumido un rol didáctico, trasmitió a los jóvenes sus conocimientos sobre diversas técnicas.

En esa acción han participado 425 jubilados y esa iniciativa ha sido posible por la alianza entre dos instituciones encargadas de la convocatoria, orientada a concretar la doble aspiración de ofrecer una instrucción útil a chicas y muchachos distantes de centros urbanos y, a la vez, brindar a personas mayores, alejadas de la actividad, la ocasión de volver a sentirse valoradas.

Otras fundaciones se han ubicado en la misma línea de apreciación de la gente mayor, aunque con distintos programas. Es el caso de la Fundación Navarro Viola, que ha estudiado los mitos y prejuicios sobre la vejez, las exclusiones y las autoexclusiones. También, el de la Fundación Manos Abiertas, que ha encarado una misión recuperadora del anciano en respuesta a sus necesidades, y de la Fundación Cruzada Patagónica, que procura llevar los beneficios de la educación a personas mayores que en los años jóvenes no la hayan podido recibir.

Esas iniciativas, tan dotadas de calidez humana, nos aproximan, en su escala, a un deseable diálogo de las generaciones.

Semejante propósito nos acerca a una realidad con resonancias orteguianas, según la cual diversas generaciones coexisten sin convivir verdaderamente. La vida humana se ha prolongado en el tiempo, pero esa existencia más larga no implica para muchos una vida cabalmente compartida con otros miembros de generaciones adultas o jóvenes.

Coexistir en la experiencia de una época no equivale a participar, ni integrar ni ser considerado. Para superar ese relativo aislamiento, miembros de las generaciones en retiro han buscado reunirse en asociaciones en las que encuentran el contacto, la interacción y el diálogo del que carecen con las generaciones menores.

Por eso merecen destacarse las iniciativas de las organizaciones mencionadas, que permiten abrir cauces para el diálogo intergeneracional. El justo reconocimiento de los mayores puede brindarse ofreciéndoles nuevas oportunidades de que se sientan útiles y capaces de contribuir a la formación de los más jóvenes..

http://www.lanacion.com.ar/1560127-valorar-a-los-mayores