Archivo por meses: marzo 2013

Tecnología para trabajadores cada vez más viejos

El fabricante de automóviles alemán BMW recientemente escogió al personal para una de sus líneas de producción basado en una inusual calificación: debían tener como promedio 47 años.
Así, el grupo de trabajadores en la planta de Dingolfing, Baja Baviera, es ocho años mayor que los demás empleados.
El proyecto, conocido como “Heute für Morgen” (“Hoy para mañana”) busca asegurar que BMW se mantenga como innovador tecnológico, pero no ahora, sino dentro de diez años.
La línea de producción de 47 años fue creada para reflejar la edad de la fuerza laboral que la compañía espera emplear en 2017.

Michael Millar
BBC
Domingo, 24 de marzo de 2013
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El cine, espejo de la mujer madura

El cine es un producto de la cultura de masas, que refleja la sociedad en la que vivimos a la vez que la cuestiona, aportándole, a su vez, nuevas ideas para su transformación y para contribuir a la aceptación de lo nuevo. Como vehículo de expresión de la realidad de cada región, es un buen parámetro que nos muestra lo que está pasando en cada sociedad. De esta manera, a través del cine podemos analizar cuáles son los modelos de representación de la mujer madura que existen en un grupo humano y que el cine refleja, a la vez que cuestiona.

Si analizamos algunas de las películas estrenadas durante los últimos años, veremos que en varias de las historias contadas aparecen diferentes representaciones de la mujer madura. Es decir, cómo es la mujer madura, qué busca, qué necesita y qué cambios operan en ella, entre otros cuestionamientos.
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La ciencia busca explicar por qué envejecemos

“¿Cómo puede un adolescente de 17 años como yo tener 81 de repente?” Basta con que transcurra el tiempo suficiente para que a casi todos nos asalte la pregunta que se hace Lewis Wolpert, presidente de la Sociedad Británica de Biología Celular, en el prólogo de Por ti no pasan los años (Editorial Tusquets, 2013). ¿Por qué, más allá de que nos sometamos al bisturí del cirujano estético u observemos una dieta impecable, nuestra vista comienza a flaquear, nos falta la energía que teníamos en la adolescencia y cada día nos cuesta más recordar nombres o eventos biográficos?

Por Nora Bär | LA NACION
Martes 19 de marzo de 2013
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Laberinto caótico

Por Enrique Pinti
la Nación
17-03-2013

El mundo observa con una actitud entre perpleja, escandalizada y resignada como la calidad de vida se va perdiendo en medio de grandes adelantos y espantosos retrocesos. En todas partes se añora un pasado relativamente cercano donde reinaba una felicidad que seguramente no era tal, pero que comparada con los tiempos presentes adquiere contornos de un cuento de hadas pleno de paz y tranquilidad. No es solamente la nostalgia de cincuentones o sesentones que añoran sus años mozos -esos años donde uno parecía no tener hígado y poseer articulaciones elásticas que permitían bajar escaleras sin agarrarse de pasamanos y barandas-, es fundamentalmente una sensación de entender y asimilar la realidad con mas claridad y con mejores respuestas. Se insiste mucho en los ideales que las jóvenes generaciones esgrimen con ímpetu y optimismo para buscar un mundo mejor y un poco más justo. Puede ser que algunos caminos para lograr los cambios deseados no hayan sido los mejores, pero la concepción de que lo que no funcionaba podía cambiarse para bien de muchos era lo que daba sentido a la vida y hacía que se vislumbraran salidas luminosas de largos túneles de atraso que databan de unos cuantos siglos atrás. Los acontecimientos luctuosos y nefastos de la primera mitad del siglo XX en el Viejo Continente y en Estados Unidos esparcían sobre la joven América latina sus consecuencias, por un lado positivas por la neutralidad de la mayoría de esas naciones que permitía el refugio de los exiliados y prófugos de las catástrofes bélicas, y las no tan buenas de albergar al termino de las contiendas a asesinos, genocidas y perturbados científicos que continuaban haciendo experimentos genéticos con seres humanos para crear razas superiores, como el caso de los niños del Brasil, por citar uno de los varios ejemplos. De todos modos hubo un momento de borrón y cuenta nueva donde viejas ideologías cayeron en desuso y fueron desprestigiadas y dejadas de lado (al menos aparentemente) por una gran cantidad de países. Pero hay que remarcar el aparentemente, porque la codicia, el delirio de ejercer supremacías raciales o religiosas, la sed de poder por el poder mismo y la tentación de anular a los que se oponen a una determinada forma de vida, más el negocio de las armas interconectado con el narcotráfico y las injusticias sociales que son resultado directo de las desigualdades intolerables -caldo de cultivo ideal para la aparición de gurúes que emergen en medio del caos que la miseria y la pobreza extrema provocada por sectores conservadores del poder con la creencia de pertenecer a castas privilegiadas propician-, son los verdaderos factores que atentan contra la famosa calidad de vida tan añorada y solicitada por mucha gente que, sin quererlo específicamente, hemos contribuido a su deterioro progresivo.

Si no respetamos ni ayudamos a respetar a la naturaleza, si sólo un puñado de loquitos verdes salen a protestar contra el calentamiento global mientras millones gritan y aúllan por causas respetables pero mucho menos trascendentes, si la indolencia de autoridades permiten a ciudadanos armarse hasta los dientes con resultados tanto o más nefastos que la violencia preexistente, si no se observan actitudes que contemplen el respeto por la propia vida y la de los demás, si la falta de educación global genera cada vez más violencia domestica con víctimas mortales in crescendo aquí y en todo el mundo, si los pactos del poder son cada vez más truchos y por la explosión de la superinformación en redes sociales cada vez mas evidentes y accesibles a millones de personas que otrora vivían menos informadas de esos entretelones, resulta muy difícil mantener una calidad de vida, que no siempre es el resultado de una mejor o peor situación económica y que no depende de dólares, euros o pesos en el bolsillo, sino de una actitud sensata y solidaria que se ha extraviado en los vericuetos de un laberinto mediático donde no se ve una salida digna y positiva

http://www.lanacion.com.ar/1564064-laberinto-caotico

Los derechos de las personas mayores en el siglo XXI: situación, experiencias y desafíos

La publicación es una obra colectiva, elaborado gracias a la colaboración de destacados especialistas. Reúne los trabajos presentados en el Foro internacional sobre los derechos de las personas mayores, realizado en la Ciudad de México del 26 al 28 de marzo de 2012.

El libro, es publicado por la CEPAL en conjunto con Gobierno de la Ciudad de México, a través del CELADE-División de Población y el Instituto para la Atención del Adulto Mayor en el Distrito Federal, respectivamente.

Los temas del libro son igualdad y no discriminación por edad; acceso a la justicia y trato prioritario; integridad y protección frente a los malos tratos; nivel de vida adecuado y protección social; mujeres, ciclo de vida y derechos humanos; participación en la vida pública y política; y perspectiva de protección de los derechos de las personas mayores.

http://www.cepal.org/cgi-bin/getProd.asp?xml=/celade/noticias/noticias/8/48578/P48578.xml&xsl=/celade/tpl/p1f.xsl&base=/celade/tpl/top-bottom_env.xsl

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Amour

Nada de eso merece ser mostrado”, le dice Georges (Jean-Louis Trintignant) a su hija Eva (Isabelle Huppert), después de haberle detallado, haciendo hincapié en las escenas más ingratas y penosas, la dura rutina cotidiana que se vive en el elegante piso familiar desde que Anne (Emmanuelle Riva), esposa de uno y madre de la otra, sufrió dos serios accidentes vasculares y dio comienzo al proceso de deterioro que le paralizó medio cuerpo y le ha ido alterando otras funciones corporales y cerebrales hasta impedirle todo movimiento (aun en silla de ruedas) y reducirle la expresión a unos pocos quejidos incomprensibles o gemidos desgarradores. ¿Hace falta mostrar el doloroso espectáculo de ver agonizar a un ser querido y de certificar que nada puede hacerse para acudir en su ayuda? La misma pregunta puede hacérsela el espectador, y ya que Michael Haneke la explicita en el difícil diálogo entre padre e hija, cabe entender que también él se la ha formulado a sí mismo. Cada uno podrá responderla según su propia sensibilidad, su experiencia de vida (no serán pocos los espectadores que habrán vivido situaciones como ésa) y también según la etapa de la vida en que se encuentre. Haneke tiene el coraje suficiente para afrontarla, para asomarse a los abismos extremos a los que el ser humano no sólo está expuesto sino al único del que tiene certeza desde que nace. Y de hacerlo con esa implacable, rigurosa meticulosidad que ha aplicado otras veces para denunciar a un sistema social hipócrita. Pero sobre todo para hablar aquí del amor cuando es sometido a las más duras pruebas. O quizá más todavía: para preguntarse si no es en esas circunstancias -las más dolorosas- donde es posible percibir con mayor claridad la verdadera esencia del amor.

La Nación
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