Los desafíos de un futuro con más ancianos que niños

Según un informe de HelpAge, en 2050 los mayores de 60 años serán 2 mil millones. ¿Cómo se adecuarán la economía y la sociedad al cambio?

Por Darío Mizrahi
infobae.com
23-3-2013

La expectativa de vida mundial es en la actualidad de 67 años para los varones y 71 para las mujeres. En sólo medio siglo se prolongó 17 años, y las personas pasaron a vivir casi el triple de lo que vivieron durante toda la historia de la humanidad.

En menos de 40 años, hacia 2050, veremos un nuevo salto: las mujeres llegarán a vivir en promedio 78 años. En los países más ricos, la población bordeará los 90 años.

Según el informe “Envejeciendo en el siglo XXI: una celebración y un desafío”, elaborado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas y la ONG HelpAge International, actualmente las personas mayores de 60 años representan el 11,5 por ciento de la población mundial. Pero llegando a 2050, gracias a un ritmo de crecimiento cercano al 300 por ciento, pasarán a representar el 21, 8 por ciento de la población mundial. Es decir que duplicarán su peso relativo.

Como lo indica el nombre del informe, esto significa dos cosas. Por un lado es motivo de alegría: a pesar de todas las deficiencias de nuestros modelos de sociedad, no se puede negar que, gracias al avance de la medicina y del conocimiento del cuerpo humano, consiguieron un extraordinario aumento de la esperanza de vida.

Por dar sólo un ejemplo, mientras que hoy hay en el planeta unas 316 mil personas de más de 100 años, en 2050 se multiplicarán por 10: pasarán a ser 3.224.400.

Pero, por otro lado, es también un desafío: no sólo crecen en términos absolutos, sino que su peso relativo frente al resto de las franjas etarias no para de aumentar. Esto significa que, como las parejas tienen cada vez menos hijos, nos encaminamos hacia poblaciones crecientemente envejecidas.

Esto repercute sobre todos los ámbitos de la sociedad. Un indicador son las economías envejecidas, aquellas en las que el consumo agregado de los mayores de 65 años supera al de los menores de 19.

En 2010, sólo 23 países presentaban economías envejecidas (22 europeos y Japón). En 2070, ya serán 155, casi todo el mundo.

El gran problema es que en los países con amplios derechos sociales casi todos los mayores de 65 son jubilados que cobran un haber del Estado, que sale de las contribuciones de los trabajadores en actividad. ¿Cómo podrá en el largo plazo un grupo cada vez más reducido de personas sostener a uno que va en aumento?

“Las edades jubilatorias actuales se fijaron hace muchas décadas, cuando había expectativa de que la gente se muriera a los 70 años. Pero ahora una persona que se jubila a los 60 años puede vivir hasta los 80, 90 o incluso 100. Son muchos años, en los que se puede comprar y contribuir económicamente a la comunidad. Habría que darles la posibilidad de seguir trabajando si ellos pueden y quieren”, afirma Sylvia Beales, directora de Alianzas Estratégicas de HelpAge International, en diálogo con Infobae América durante una de las conferencias que está organizando en la región para presentar los resultados del informe.

Un mundo diseñado para los jóvenes

Lo paradójico de este proceso es que, mientras la especie humana envejece cada vez más, el lugar que ocupa lo joven en nuestra cultura es cada vez mayor.

En un mundo en el que el cambio permanente es la norma, donde las modas, las costumbres y hasta los valores mutan constantemente, es muy difícil ser viejo, porque cuantos más años tiene una persona, más le cuesta adaptarse a lo nuevo.

“La mayoría de los adultos mayores usa teléfono móvil, lo que es bueno. Pero un porcentaje bastante menor usa la computadora e Internet. Por ejemplo, en Finlandia, el país de empresas como Nokia, es solamente el 6 por ciento. Eso implica que puedan quedar un poco al margen de la información y de la integración”, explica Beales.

“Hay que favorecer que aprendan a utilizar la tecnología, aunque sea difícil por los desafíos que trae la edad, como los problemas en la vista y en habilidad para mover los dedos. Pero los viejos no quieren estar al margen. Quieren participar”, agrega.

Otro ejemplo son los medios de comunicación, que al no darles lugar a los ancianos o al limitarse a reproducir los estereotipos construidos en torno suyo, terminan favoreciendo visiones de la vejez que están muy alejadas de la realidad.

“En las películas, en la televisión y en los anuncios publicitarios -dice Beales- no les damos lugar. Eso favorece la confusión que hay en nuestras sociedades sobre lo que son los adultos mayores”.

Prejuicios sobre la vejez

El envejecimiento presenta amenazas muy claras, como el riesgo de un desbalance económico entre los aportantes a la seguridad social y sus beneficiarios, o un futuro en el que un número creciente de personas sufrirá las enfermedades propias de la vejez, como las dificultades para la vista, la demencia, la osteoporosis, las disfunciones cardíacas y la depresión.

Pero es no impide que los riesgos asociados a la tercera edad sean exagerados, ni que estén envueltos en muchas confusiones.

“Hay mitos sobre lo que es la vejez: que significa dependencia, enfermedad y que es una carga para los otros”, cuenta Beales.

Para demostrarlo, los autores del informa realizaron la Encuesta Global de Envejecimiento, en la que hubo 1300 participantes de 36 países distintos, todos mayores de 60 años.

El sondeo derribó algunos mitos. Por ejemplo, que los ancianos sean altamente dependientes de sus familias para sobrevivir, convirtiéndose en una carga para ellas: en los países desarrollados, más del 70 por ciento de los mayores de 60 años vive y se cuida solo o con su pareja.

Además, lejos de lo que podría esperarse, sólo un 22 por ciento de los encuestados aseguró tener algún tipo de enfermedad grave.

Pero si en algo coinciden casi todos es en que las personas mayores son discriminadas en el mundo contemporáneo.

Más allá de la estigmatización que puedan transmitir los medios de comunicación, lo más grave es la discriminación laboral: el 66 por ciento de los que contestaron afirmó que desearía trabajar, pero todos encuentran que es muy difícil que una empresa contrate a alguien mayor de 50 años.

“El problema más grave con envejecer es que a veces la gente siente que es una carga y que no sirve para nada. Se esconden ellos y la sociedad los esconde también. Es necesario un cambio de actitud y un reconocimiento de los derechos de las personas maduras”, dice Beales.

“Tenemos convenciones para niños, mujeres, discapacitados e indígenas, pero no para los mayores. Con una convención internacional se podría lograr la atención de los gobiernos. Hay que crear una sociedad para todas las edades”, concluye.

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