Jane Fonda rompe un tabú y habla de su vejez: “Los 70 son cosa seria

Convencida de vivir una “revolución de la longevidad”, la actriz comparte en este libro su experiencia sobre la salud, el amor, el sexo y la muerte en una etapa de la vida sobre la que se habla y escribe poco

Por Claudia Peiro
infobae.com
22-3-2013

La escritora francesa Simone de Beauvoir recordaba haber provocado indignación cuando decidió declararse abiertamente “vieja”: “Con amabilidad o con cólera, mucha gente, sobre todo de edad, me repitió abundantemente que la vejez no existe. Hay gente menos joven que otra, eso es todo”.

“Cuando explico que estoy trabajando en un ensayo sobre la vejez –escribió Beauvoir- me dicen: ‘¡Qué idea…! ¡Si usted no es vieja…! Qué tema triste…’ Para la sociedad, la vejez parece una especie de secreto vergonzoso del cual es indecente hablar. Sobre la mujer, el niño, el adolescente, existe en todos los sectores una abundante literatura; fuera de las obras especializadas, las alusiones a la vejez son muy raras”.

Por eso el libro de Jane Fonda es muy saludable. Y también novedoso. Aunque desde Simone de Beauvoir los tiempos han cambiado un poco, sigue siendo poco habitual que una persona tan pública como la actriz norteamericana hable sin tapujos de estos temas. Y emprenda un análisis franco y exhaustivo de qué se puede esperar de la vejez, qué partes son “negociables” y cuáles no.

Hay que decir que un soplo de sinceridad vino desde El Vaticano, cuando el flamante Papa Francisco, en su segunda aparición pública, les dijo a los cardenales: “Queridos hermanos, la mitad de nosotros está en la vejez. La vejez es la sede de la sabiduría de la vida: esa sabiduría démosela a los jóvenes”. El caso de Jorge Bergoglio (76) muestra también que cada vez son más las personas influyentes que superan los 75 y aun los 80 años de edad (ver El club de los octogenarios influyentes).

El envejecimiento no es romántico

En el transcurso de un siglo, en los países más desarrollados, la expectativa de vida ha crecido 34 años, pasando de un promedio de 46 a los 80 actuales. En Argentina, entre 75 y 77 años. Y, sin embargo, se da la paradoja de que a medida que la longevidad crece, más se obsesiona la gente con parecer joven y negar el envejecimiento.

Jane Fonda tiene ahora 75 (72, cuando escribió el libro) y, como lo ha hecho en otras etapas de su vida –madurez, embarazo, menopausia-, vuelca en Prime Time su experiencia personal y sus conocimientos en una suerte de manual para lo que llama el “Tercer Acto”.

Viendo lo espléndida que está, bien se puede pensar que es posible atravesar la vejez en las mejores condiciones. Aún así, y pese al optimismo vital que suelen transmitir los libros de la Fonda –y éste no es excepción-, ella misma asegura que no quiere “darle un tono romántico al proceso de envejecimiento (ya que) no hay garantía de que constituya una época de crecimiento y realización”.

Por supuesto que, dice la Fonda, “hay un ámbito (en realidad, cerca de la tercera parte) que depende de la genética y rebasa nuestro control: la buena noticia es que lo anterior significa que durante el lapso mayor, tal vez en unas dos terceras partes del arco de la vida, podemos hacer algo por nuestro bienestar”. Por supuesto que no se refiere sólo a lo físico (por caso, una dentadura nueva como la que se regaló no hace mucho, según ella misma contó), sino a lo espiritual, intelectual y afectivo.

En cuanto a los fantasmas que suelen rondar esta etapa y que explican algunas reticencias a llamarla por su nombre, Fonda escribe: “Me di cuenta de que no era tanto la idea de la muerte lo que me asustaba, sino el enfrentarme al arrepentimiento, a los ‘y si hubiera’, ‘si aunque sea’, cuando ya no queda tiempo para remediar nada. No quería llegar al final del Tercer Acto y descubrir demasiado tarde todo lo que había dejado de hacer”.

“Este libro –dice por lo tanto- se dirige a quienes, como yo, piensan que la suerte es oportunidad con preparación; que con preparación y conocimientos, con información y reflexión, es posible incrementar las posibilidades de tener suerte para que nuestras últimas tres décadas (nuestros terceros actos) sean la época más pacífica, generosa, amorosa, sensual y trascendente; y que al planearla, sobre todo durante la edad mediana, contribuyamos para que así sea”.

“Ya dije a mis hijos lo que quiero que hagan con mi cuerpo”

El libro tiene el mérito de mezclar un tono coloquial con el soporte de las charlas que la actriz ha tenido con especialistas y algo de investigación académica.

Está organizado en cinco secciones que se abren con una primera en la que propone “preparar” lo que llama el Tercer Acto de la vida, es decir, saber lo que nos espera para no ser sorprendidos, y planificarlo para no tomarlo como un retiro sino como una nueva etapa en la cual actividades como estudiar y producir podrán seguir estando presentes.

La segunda parte está dedicada a las evoluciones en materia de cuerpo, mente y actitud, y la parte tres, a la amistad, al amor y al sexo. No hay tema que escape al escrutinio de Fonda que empieza por cosas que pueden parecer un detalle pero no lo son tanto: ¿cómo llamar a un partenaire a esta edad? ¿Es “novio” la palabra adecuada? Ella propone otras, porque es cierto que decirle “boy friend” a un septuagenario resulta un tanto risible.

“Además de las enfermedades, los peligros principales del Tercer Acto son la soledad, la depresión y la falta de sentido (…) Cuando sentimos que nuestra vida tiene un sentido, la soledad y la depresión parecen esfumarse. Me duele la espalda, pero me apasiona lo que hago. Perdí mi círculo de amigos de la oficina cuando me jubilé pero ahora que puedo salir conozco amigos nuevos”. Este es el fundamento de una tercera sección del libro cuya consigna sería comprometerse con algo que apasione: que se vincule con la generosidad, con el voluntariado o, por qué no, con seguir trabajando.

Esta sección es también la de la preparación para lo que inevitablemente vendrá: “Ya he hablado con mis hijos sobre lo que quiero que hagan con mi cuerpo cuando muera”, dice la actriz (su opción no es la cremación sino la sepultura en tierra con mortaja, sin féretro, que sería al parecer lo más ecológico).

Fonda cita a geriatras que dicen que “los episodios traumáticos –viudez, menopausia, pérdida del trabajo, incluso muerte inminente- no se experimentan como traumas si se los anticipa y si de hecho se ensayan como parte del ciclo de la vida”.

Finalmente, fiel al estilo que le dio una segunda fama como precursora del aerobic y la vida sana, el libro se cierra con un apéndice de ejercicios, esta vez no sólo físicos: también hay una guía de meditación consciente.

“Nuestra cultura no ha llegado a comprender la manera en que la revolución de la longevidad ha impactado la existencia”, sostiene Jane Fonda. Y hay que decir que Prime Time es un aporte en un contexto que, si bien ya no es de absoluto tabú, sigue teniendo una mirada vergonzante hacia los últimos capítulos de la vida.

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