Gimnasia, buen humor y sexo, las claves para disfrutar de la vejez

Especialistas en la tercera edad y hasta sus protagonistas sostienen esta teoría, incluso para prolongar la vida. Aseguran que la experiencia de los mayores puede jugar a su favor, siempre que sepan cómo aprovecharla

Por:
Florencia Halfon-Laksman
Tiempo Argentino
21-3-2013

No podemos pensar en llegar sanos a la vejez si no tuvimos una vida saludable. Nunca es tarde para hacer actividad física. Además, tener una vejez feliz mejora la calidad de vida. Tener una sexualidad activa también es importantísimo. Algunos autores dicen que alarga la vida. Hay que mantener la sexualidad hasta el último día porque el deseo es inherente al ser humano a cualquier edad. Recordemos que Chaplin tuvo su hijo a los 91 años.” Los datos y la reflexión corren por cuenta de Mónica Roqué, directora nacional de Políticas para Adultos Mayores, dependiente del Ministerio Desarrollo Social, pero el sentido de esas palabras se repite en distintos especialistas en la tercera edad e incluso en sus protagonistas. Gimnasia, buen humor y sexo: las claves para disfrutar de la vejez y hasta para prolongar la vida.

Refuerza Olga Vega, licenciada en Servicio Social, especializada en Gerontología Social y a cargo del la Dirección del Área Comunitaria de la Escuela de Ciencias del Envejecimiento de la Universidad Maimónides: “Totalmente de acuerdo con esos puntos clave. En nuestra universidad se arman parejas. Además, no es necesario acudir a un gimnasio para realizar una actividad física adecuada: una caminata diaria de al menos 40 minutos es suficiente. Los paseos en bicicleta, la natación, las actividades en el jardín, también son buenas opciones.”
Cuando en el último cónclave papal aún no había acuerdo sobre quién sería el nuevo Sumo Pontífice, expertos locales e internacionales aseguraban que la edad del entonces arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, era demasiada para el puesto. Según se explicaba, los 76 años del prelado eran el principal obstáculo para su designación. El desenlace de aquel cónclave es de conocimiento internacional pero aquello que unos días antes parecía una sentencia, llegó a transformarse, incluso, en una reivindicación de los adultos mayores.
“Lo de la edad de Bergoglio hablaba de una discriminación. Al elegir una persona en cualquier cargo, lo que importa es su idoneidad, su capacidad. Hay gente de 80 años brillante y otra que no, y lo mismo pasa con los de 40. Las personas mayores tienen experiencia y eso puede jugar a favor. La cuestión no es sólo la experiencia, sino qué hiciste con esa experiencia. Si no, sólo debería haber mayores trabajando y no es así; hay que sumar la capacidad. La edad no significa nada, pero no es una contra. Hay gente joven que también tiene patologías”, completa Roqué.
“En la Argentina el 14% de la población es mayor de 60 años y, en la Ciudad de Buenos Aires, ese porcentaje sube a 22. Estos datos nos ubican dentro de los países de América Latina con población más envejecida”, aporta Olga Vega. Roqué agrega que, “en los últimos 50 años, en Latinoamérica se vive, en promedio, 20 años más. La Argentina es el tercer país de la región con más proporción de personas mayores de 60 años, después de Cuba y Uruguay.”
Según el último censo del Instituto Nacional de Estadística y Censo (Indec), en la Argentina, la población total de mayores de 65 años pasó de 3.587.620 (2001) a 4.104.648 (2010). Sobre los mayores de 80, en 2001 había 753.412 y en 2010, 994.031.
CON CAMA AFUERA. “Setenta y ocho años y medio”, cuenta Olga Erro que lleva vividos. Es una maestra jubilada, correntina de Curuzú Cuatiá, que protesta porque sus amigas, más jóvenes que ella, “se la pasan durmiendo la siesta, mirando pavadas en televisión”, y no se ocupan de armar con ella un viaje a Europa. Ocurre que Olga conoció el viejo continente el año pasado, acompañada de su prima, de 65 años, y se entusiasmó con volver. Coincide con los gerontólogos en la idea de que “moverse es fundamental” y propone “salir, viajar, divertirse, caminar”. Su compañero de los últimos 13 años murió en enero y, aunque ella no se permite deprimirse, reconoce que eso la entristeció porque “él era muy importante”. Tenía 82 años y la pareja funcionaba con cama afuera. “Como hacen los jóvenes”, celebra Olga y asume que el principal argumento para vivir en casas separadas es que ella, según sus propias palabras, es “un desastre para cocinar”.
La medicación que toma esta maestra es mínima y obedece a su presión, apenas más alta de lo recomendable, y a un principio de diabetes. Nada la detiene: “Yo me siento muy bien. Espero hacer muchas cosas más. Quiero vivir mucho. El último tiempo estuve todo el día en Internet para organizar las 946 fotos que saqué en Europa. Me metí para identificar algunos monumentos de los que no recordaba los nombres y después imprimí las fotos con los detalles escritos atrás”, cuenta.
Eleonora Starna cumplió 71 a finales del año pasado. En noviembre, la municipalidad de Tres de Febrero le dio un premio al “adulto solidario”. Unos años antes de enviudar, su esposo le dijo: “Te casaste con la Dante Alighieri” y hoy ella reconoce que él tenía razón. Se refería al emprendimiento que le toma la vida desde 1996: sacar del abandono edilicio y administrativo un edificio de 1800 metros cuadrados, que los inmigrantes habían soñado como un teatro lírico pero no pudieron, y transformarlo en escuela de italiano. O sea, una sede para enseñar ese idioma y reproducir esa cultura, que es lo que la apasiona y conoce de toda la vida, por herencia familiar. “Mi caso es típico: una señora que cría una familia numerosa, con cuatro hijos y un tipo brillante e hincha pelotas, y que, cuando los chicos crecen, vuelve a salir”, describe. Así consiguió, primero, que la asociación Dante Alighieri la autorizara a poner una sede en Tres de Febrero y, luego, que se instale en ese espacio un Núcleo de Acceso al Conocimiento, un programa del Ministerio de Planificación de la Nación de propuestas de enseñanza integral, con tecnología de última generación, cuya apertura se hará en los próximos días y la tiene a Eleonora expectante. “Lo fundamental es que yo me divierto con esto. Si no, no se podría entender mi dedicación”, dice, aunque se reprocha tanta exigencia: “Me doy cuenta que me pasé de rosca, como dicen los chicos, y que el emprendimiento se quedó con el esparcimiento, el arreglo de la figura. No tuve tiempo de pensar en una relación, nada de eso. Todas las semanas me quiero anotar en aquagym y lo pospongo porque no encuentro los espacios. Pero quiero hacerlo porque la computadora y el sedentarismo me producen inconvenientes de movimiento. Aconsejaría más mesura. No tengo duda de la actividad física y las relaciones amorosas ayudan en la vejez, aunque tampoco me gusta el boludeo de los jubilados que sólo hacen gimnasia.” Apoya la licenciada Olda Vega: “Ser activo significa hacer tareas placenteras. Hoy alguien se jubila y puede seguir viviendo 30 años más. El asunto es cómo.”
Eugenio Semino, defensor de la Tercera Edad de la Ciudad, resume: “Hay una tendencia a retrasar el concepto de vejez para que siempre nos sintamos afuera de él. Lo más claro es El Retrato de Dorian Gray: queremos seguir siendo como somos. Nos cuesta concebirnos de otra forma. Sin embargo, a juzgar por la alternativa, envejecer es lo más saludable que nos puede pasar.”

Efraín wachs: “actividad es vida”

Efraín Wachs comenzó a practicar atletismo a los 70 años, después de haber mantenido su cuerpo dedicado al ajedrez, desde los cinco. “Llevo diez campeonatos argentinos, cinco sudamericanos, y tres mundiales. Tengo tres títulos de campeón mundial en mi categoría. Estoy entre los 30 mayores atletas del mundo”, comparte con Tiempo Argentino.
Alcanza con contarle el tema de la nota para que Wachs se largue a hablar. Dice: “Hay dos temas que parecen cuento pero no lo son: el primero es que a los 50 años el cerebro empieza a perder volumen, con problemas de pensamiento y hasta Alzheimer; el segundo es que los estudios indican que el que no hace actividad física muere antes o vive mal.” Para prevenir todo eso, el atleta corre y también hace palabras cruzadas y sudokus, cada vez que puede.
Wachs aconseja caminar diez kilómetros por semana y, junto al PAMI, desarrolla el programa “Vivamos 100 años”, donde junta gente en la Plaza San Martín de la ciudad de Tucumán, donde él vive, y la hace caminar, trotar y correr cinco vueltas para llegar al ideal. “Además, los viernes les hago correr 100 metros, tomándoles el tiempo. Quiero que los de 60 años lo hagan en 20 segundos; los de 70, en 30 y los de 80, en 40. Si lo hacen, están capacitados para hacer pruebas atléticas. Ya tengo cuatro que empiezan a funcionar como atletas: tres de 60 y uno de 70”, celebra.
Y advierte sus intenciones: “Este año procuraré ser campeón del mundo por cuarta vez y, cuando cumpla 100, por quinta. Actividad es vida y vida es actividad. Nunca tengo mal humor. Si quiero vivir 100 años tengo que hacerlo con buen humor. Con 100 años me conformo. No quiero abusar de Dios, le voy pidiendo de a poco”.

“Como el buen vino”

“Probablemente la mitad de nosotros está en la vejez. Y la vejez, se dice, es la sede de la sabiduría de la vida. Los viejos tienen la sabiduría que les da el haber caminado mucho (…) Demos esta sabiduría a los jóvenes: como el buen vino, que con los años se vuelve todavía mejor, demos a los jóvenes la sabiduría de la vida”, propuso el flamante Papa Francisco a los cardenales, tras su asunción, a mediados de marzo, indicando que los adultos mayores también deben mostrarse activos y aprovechar lo que tengan para ofrecer.
El día de su asunción oficial, el pasado 19 de marzo, unas horas antes de la ceremonia, el flamante Papa y ex arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires llamó por teléfono a la Catedral Metropolitana y saludó a los fieles que esperaban allí el evento, para verlo en pantalla gigante.
En su discurso improvisado, el Sumo Pontífice también se acordó de la tercera edad y dijo: “Cuiden la familia, cuiden la naturaleza, cuiden a los niños, cuiden a los viejos”, entre otros mensajes que envió ese día, como aquel “no le saquen el cuero a nadie”.
Incluso, en el comienzo de la Semana Santa, invocó en su sermón la sabiduría popular de su abuela.
En la misa, el obispo de Roma se dirigió ante una gran multitud congregada para el Domingo de Ramos, y dijo: “El sudario no tiene bolsillos, solía decir mi abuela.”

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