Los aportes más significativos se dan en la segunda mitad de la vida

Con excepción de los prodigios que de muy pequeños lograron grandes obras, los primeros estudios sobre la creatividad mostraron que el apogeo creativo de las personas se da aproximadamente a los treinta años.

Por Álvaro Rolón | Para LA NACION
Sábado 02 de febrero de 2013

Estudios recientes demostraron que las personas alcanzan sus aportes más creativos, en cantidad y calidad, entre los treinta y sesenta años, con un dato nada menor: una enorme cantidad de casos dejaron huella siendo longevos. Por citar dos: Frank Lloyd Wright finalizó el museo Guggenheim a sus noventa y un años, y Miguel Ángel, a sus ochenta y nueve, pintaba frescos de la capilla Paulina en el Vaticano. Los estudios biográficos dejan un mensaje que provoca y entusiasma: nuestro aporte significativo se da en la segunda mitad de la vida. La primera mitad sirve de plafón sobre el que edificaremos la obra maestra, nuestra master piece. Ser flexibles, desaprenderse rápido y reaprender más rápido todavía son requisitos imprescindibles. El impacto de nuestra segunda mitad puede ser significativo no sólo en nuestra vida personal, sino en el desarrollo de la sociedad. Richard Florida, experto en creatividad y desarrollo de la Universidad de Toronto, encontró que las ciudades y los países que crecen son aquellos cuyas personas renacen y se adaptan rápido. La segunda mitad de la vida presenta, así, una oportunidad potente: reinventarnos. Este desafío implica volver a mirarnos y descubrir quiénes somos verdaderamente. Alcanzar el potencial creativo será consecuencia de llevar una vida con entusiasmo. Lo mismo sucede con las organizaciones; perduran y crecen cuando redescubren su misión y recrean su visión. Éstas se construyen con personas capaces de reinventarse y no de resignarse. La incapacidad de renacer implica, tarde o temprano, la agonía. Ocurre cuando vivimos en las sombras del pasado, llevando una mochila que carece de valor en la actualidad. Creo que ser libres implica aprender a desprendernos y entrenarnos en la virtud de vivir la vida con ojos abiertos, pudiendo descubrir durante la segunda mitad una manera creativa de vivir, reflexionando con nuevas preguntas para hallar la identidad que nos moldea. Probablemente, algo nubló nuestra vista en la primera mitad de la vida y no supimos ver quiénes fuimos en realidad. En esta segunda oportunidad, quizá nos atrevamos a soltar lo que nos pesa y encaremos con coraje el próximo gran paso. El mitólogo y profesor Joseph Campbell diría que se trata de un camino heroico que debemos transitar, aprendiendo, moviéndonos y no estando estáticos. Con las organizaciones sucede lo mismo: recorrer este camino de crecimiento en pos de lograr su master piece no puede quedar pendiente..

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