La poesía de Jorge Leónidas Escudero

En el campo literario argentino, donde a veces brillan hasta las estrellas más fugaces, parece mentira que el gran poeta sanjuanino Jorge Leonidas Escudero sea tan poco conocido, a pesar de que viene escribiendo desde hace décadas una de las mejores poesías de América y tiene ya 92 años bien vividos y, sobre todo, bien escritos.

MARIO GOLOBOFF
Telam
8.1.2013

Una de las explicaciones que atenuaría la ignorancia de su presencia literaria es que comenzó a publicar sólo a partir de los 50 años, cuando su primer libro se llamó La raíz de la roca. Otra, que naturalmente nació y vive “en provincias”, en San Juan, de donde se ha movido poco, y sabemos lo difícil que es sobresalir, desde el vastísimo “interior” hacia “la cabeza de Goliat”, como llamó Ezequiel Martínez Estrada a nuestra Capital.

Pero su poesía es como esa tierra, seca, fuerte, rotunda, empecinada, sin dobleces, producto de un trabajo de elaboración de la lengua que no se ve, pero se reconoce. Y en la cual, aunque él diga que por lo general no corrige, se advierte el fruto de un esfuerzo (quizás mental, quizás anterior a la tarea práctica de escribir) sobre la materia lingüística, hasta llegar a hacerle producir un verso que se quiere, como sostiene en un reciente reportaje, reflejo de una lengua hablada que él capta sutilmente: “El paisaje sanjuanino despierta en mí la polaridad del desierto y la vida ciudadana, lo que ha constituido un lenguaje idiolecto; es decir, una manera propia de expresarse dentro del idioma común”.

Desde aquel primer libro ha editado una veintena, entre los que se distinguen Piedra sensible (1984), Los grandes jugadores (1987), Basamento cristalino (1989), Jugado (1993), Cantos del acechante (1995), Caballazo a la sombra (1998), A otro hablar (2001), Divisadero (2005), Dicho en mí (2008), Aún ir a unir (2010), Atisbos (2012). Figura en varias antologías, y una de su propia obra se hizo en México en 1990. Hasta no hace mucho tiempo, casi todas sus ediciones de libros de poemas eran “de autor”. Ha recibido diversas distinciones, fue designado miembro de honor de la Fundación Argentina para la Poesía y distinguido por el Senado de la Nación. Es doctor honoris causa de la Universidad de San Juan. Y últimamente está llegando el siempre tardío reconocimiento: su obra inspira a músicos y plásticos, amén de escritores, se suman las investigaciones, se lo difunde en medios nacionales, merecidamente.

Jorge Leónidas Escudero

Quiso ser primero ingeniero agrónomo, pero abandonó sus estudios para dedicarse al cateo de minerales que lo convirtió en un frustrado buscador de oro y metales en las montañas de su provincia, actividades de las cuales quedan muchas huellas en su poesía. Pero, por sobre todo, quedan en ella rastros de sus contactos con el medio social y lingüístico de la región. Y especialmente de su trabajo sobre este material para hacerle decir, en una lingua franca, sus andanzas y sus reflexiones. Ha creado así un lenguaje que altera el español en su vocabulario, en su léxico y en su sintaxis, una lengua que da la ilusión de que es la que se habla en su medio y con sus interlocutores. Y que hoy es un signo distintivo de su poesía.

La casa de Jorge Leónidas Escudero
Entre sus mejores poemas, que resumen toda su sabiduría vital, un humor maduro y sus transformaciones poéticas elijo uno que se titula “Los buscahuella”: “En el arenal veo personas / que van en busca de agua, parece, / o a buscar alguna tierra prometida. / (¿Ahí vamos?) // Es tener es coraje hundir / pies en arena ardiente mientras el viento / borra sus pasos. No dejan rastros hacia / un mundo diferente pero / es su destino ir aunque se queden / muertos de oscuridá. // Si es cierto o no, o tal vez puedan llegar / eso no les importa, / todo es ir rumbo a allá, / a la convergencia de todos los caminos. // Porque sienten el impulso de ir / sin para qué, no saben. / Y porque van hacia donde no saben / saludémoslos, / aunque ellos sólo escuchan la voz que los empuja.” (Del libro Aún ir a unir.)

“Él muestra lo más agresivo del clima, el desierto, la piedra, la montaña”. Ricardo TrombinoEl poeta y profesor Ricardo Trombino, cuya tesis de maestría trata sobre su obra, afirma: “En mi caso personal comencé a estudiarlo por una cuestión básicamente afectiva, pero que se sostenía desde lo artístico literario. Escudero es un exponente máximo de la poesía argentina y sanjuanina del siglo XX. Es original, es fundante porque ha prestado su voz poética a la gente común”. Y agrega: “Es un poeta audaz para desviarse de viejos modelos y tradiciones poéticas. Él muestra lo más agresivo del clima, el desierto, la piedra, la montaña”.

El poeta en su casa con su Poesía Completa

El destacado músico y compositor del “jazz cordillerano” Tito Oliva, quien musicalizó varios de sus poemas, recuerda: “Su poesía me impactó porque está fundamentada en su vida, no es enciclopedista, sino que parte de la sensibilidad hasta la vivencia, y esta vivencia tiene una fuerte relación con lo trascendente en el sentido de una búsqueda” /…/ “Lo que he intentado es dejarme llevar por cada una de las palabras y las impresiones, de su forma de relacionarse con el lenguaje. Yo intento hacerlo desde la música”.

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