Una pasión que no conoce límites ni edad

A sus 84 años, Nélida Igleisas ha recorrido más de 400.000 km del país en moto

La moto le cambió la vida. La rejuveneció, la sacó de la depresión de sentirse sola y, sobre todo, le dio muchos amigos nuevos. Tantos que ya tuvo que abrir su tercer perfil en Facebook por la cantidad de solicitudes que le llegan. A sus 84 años, ya son más de 400.000 kilómetros los que recorrió Nélida Iglesias en moto a través de la Argentina entre encuentros y viajes.

La Nación
Sábado 03 de noviembre de 2012

“Tengo mis problemas, pero cuando estoy arriba de la moto me olvido de todo; lo paso a pleno y me queda el recuerdo de los lugares donde estuve, de las personas que conocí, algo que si no fuera por la moto, no hubiera pasado”, cuenta a la nacion.

En su casa de Florida, atesora su Econo Power 90, “el amuleto” como la llama ella y que usa para andar por el barrio, y su Rebel 250 con la que tiene pensado viajar a Chillar, localidad de la provincia de Buenos Aires, la semana que viene. Allá va a llevar una Enciclopedia Espasa Calpe, que le dio una amiga para donar.

Antes de traer a la conversación sus primeros contactos con las motos, recuerda una anécdota que pudo haber marcado su destino: Nélida fue la primera mujer de la Argentina que recibió un registro de conducir profesional, allá en 1944, cuando ella andaba por los 16 años y “la mujer ni votaba ni usaba pantalones”.

Siempre muy deportista, Nélida conoció a su marido en una de esas jornadas en que se pasaba el día remando en el Tigre. Muchos años después, en 1985, murió su esposo. Ella enviudó a los 65 años y se dio cuenta de que debía buscar algo donde depositar sus energías para que no la venciera la tristeza. Y con la Zanella que tenía en aquel momento, arrancó sus primeros viajes como hobby. Pero recién en el 95 el asunto de las motos se tornaría más serio.

En un taller en Córdoba y Juan B. Justo, donde arreglaba la Zanella, empezó a prestarles atención a las láminas que anunciaban viajes y encuentros de motos. Y uno a Mercedes se convirtió en el disparador para una actividad que no dejó más, aunque hoy reconozca que cada vez está saliendo menos.

“Hay lugares y cosas que a veces en los libros ni aparecen y hay que entrar en los pueblos para conocerlas -dice-. El motero quiere ir al encuentro de otros, charlar como lo hacen los pescadores, compartir paseos y tomarse una cerveza. Recorrer la república y países aledaños, muchas veces como una excusa para repartir ropa o alimentos.” Como lo hace una vez por año, el primer domingo de invierno, cuando se junta con un grupo en el monumento a Güemes y se van con las motos hasta el Cottolengo Don Orione para llevar donaciones.

En otros viajes, ha combinado la historia del país con el destino. Como cuando cruzó el Río Negro y evocó la Batalla de Carmen de Patagones, ese enfrentamiento de 1827 contra las tropas de la marina del Imperio de Brasil. O visitar el mirador Millenium de Puán, llegar hasta el Impenetrable chaqueño, o pisar el agua del canal de Beagle, el punto más austral de la Argentina, donde, según dice, el corazón late apresuradamente..

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