Sexualidad y erotismo después de los 60

La escritora y psicóloga Clara Coria habla de su último libro, en el que investigó sobre esta temática tan llena de tabúes.

Rouge
28-11-2012

“El amante que tuve después de los 60 me hizo reencontrar con mis necesidades sexuales, que se habían adormecido con el cuidado de los hijos y la atención de los nietos”. El testimonio es de una mujer que, a pesar de los tabúes, habla de su sexualidad después de haber pasado los 60 años y, junto al relato de otras tantas mujeres de su edad, echa tierra sobre el mito de que el goce y el deseo sexual se termina con la menopausia.
El testimonio fue extraído del libro “Erotismo, mujeres y sexualidad después de los 60” (publicado por Paidós) de Clara Coria, psicóloga clínica y escritora, quien además coordina talleres de reflexión sobre temas claves de la vida de las mujeres.
Rouge habló con la autora del libro, a continuación sus respuestas:
– ¿Cuáles son las principales conclusiones que obtuviste en tu investigación sobre la sexualidad después de los 60?
– La sexualidad después de los 60 es algo aceptado en los varones pero desacreditado en las mujeres. Se sabe que los varones mantienen su sexualidad y la satisfacen todo lo que pueden, pero se supone con fuerza de verdad que el deseo desapareció en las mujeres. Sin embargo, esto no es así y no son pocas las que afirman que después de la menopausia “cierran la fábrica y abren el parque de diversiones”.
-También hablás de que tanto hombres como mujeres se pierden de seguir disfrutando de la sexualidad después de los 60 por “condicionamientos sociales”, ¿cuáles son los condicionamientos más fuertes que descubriste?
– Las personas que actualmente transitan más allá de la sexta década fueron educadas con una idea de la sexualidad muy condicionada por una moral represora y patriarcal. La sexualidad femenina debía tener por destino la procreación, dejando de lado el disfrute meramente erótico que se adjudicaba a las “mujeres sospechosas”. Mientras la masculina debía poner siempre en evidencia su potencia, expresada en medida y turgencia. Con el paso de los años, los varones suelen desesperarse por la disminución de la capacidad eréctil y las mujeres suelen creer que es tiempo de “despedirse del disfrute”. Uno de los motivos por los cuales las personas mayores suelen perderse el disfrute sexual reside en que siguen pendientes de la sexualidad juvenil cuando las hormonas alimentaban los impulsos sexuales olvidando que las prácticas del erotismo exceden las experiencias centradas en la zona genital. Sostengo que el amor es un misterio, la sexualidad un imperativo biológico y el erotismo una exquisitez humana. Este último encuentra el mejor momento para su despliegue, justamente en las edades mayores cuando hay más tiempo disponible, más experiencia, y menos compromisos.
– En un pasaje del libro hablás del deseo sexual no legitimado, ¿eso qué quiere decir?
-En nuestra sociedad, el deseo sexual ha estado reconocido como legítimo en los varones pero desacreditado en las mujeres desde la infancia. Por ejemplo, la prohibición de masturbarse grababa en el psiquismo una huella profunda, que fue mucho más respetada entre las mujeres que entre los varones. Ellos aprendían pronto que las amenazas eran infundadas mientras ellas solían comenzar un largo camino de represiones sexuales.
– Por lo general, entre los jóvenes hoy hay muchos menos prejuicios para hablar de la sexualidad, mientras que los de más de 60 vienen de una generación con más tabúes, ¿creés que lo que sucede en las nuevas generaciones, repercute en los mayores?
– La juventud de hoy cuenta con mayores libertades sexuales pero creo que sigue prisionera de una sexualidad exhibicionista a la que se ven forzados a exagerar como prueba de potencia. El erotismo no se satisface con la demostración de potencia sino con el disfrute de la sensibilidad erótica, que requiere tiempo, habilidad y utilización de todos los sentidos.
– Durante tu investigación, ¿tuviste dificultades para encontrar mujeres y hombres mayores de 60 que se animaran a hablar de su sexualidad? ¿Cuáles eran sus reacciones en general?
– Fueron muchas las mujeres y varones que aceptaron gustosos ser entrevistados para hablar de su sexualidad. Tenían en común ser personas para quienes la sexualidad había sido una experiencia satisfactoria en sus vidas y no estaban dispuestos a renunciar mientras vivieran.

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