El verdadero – falso de la hipertensión arterial

A edades avanzadas, un valor de presión sistólica o “máxima” muy alto pasa a ser un indicador de rigidez en las arterias y, por lo tanto, un posible predictor de infarto y de ACV. En esta nota, mitos y verdades para entender más sobre esta enfermedad

Saludable
10-11-2012

Como en toda condición de riesgo frecuente –y la hipertensión arterial lo es– existen varios mitos alrededor de esta cuestión, sostenidos incluso por algunos médicos cuyos conocimientos no estén actualizados al ritmo de la investigación actual sobre hipertensión arterial y factores de riesgo cardiovascular. Los siguientes son sólo algunos: ¿verdaderos o falsos?
1- “Para calcular la presión máxima normal de una persona, se debe sumar la edad más 100″: Falso. Por empezar, se trata de una afirmación totalmente arbitraria y sin correlación real. Se define hipertensión arterial a todo valor igual o superior a 140/ 90 mmHg desde los 18 a los 80 años.
2- “Es normal que la presión arterial aumente con la edad”: Verdadero, aunque a medias. Efectivamente, la presión sistólica se mantiene estable entre los 20 y los 40 años, para incrementarse luego progresivamente, mientras que la diastólica aumenta progresivamente desde los 40 años hasta llegar a los 55 años, en que se estabiliza o incluso disminuye para comenzar a aumentar la sistólica. En definitiva en el anciano tiende a incrementarse la presión sistólica (o máxima) y a disminuir la diastólica (o mínima).La edad es siempre un factor que debe llevar a redoblar esfuerzos para controlar los factores de riesgo en los ancianos.
3- “Cuanto más se logre bajar la presión arterial en el anciano, mejor”: Falso. Para las personas añosas, la hipotensión –descenso de la presión arterial por debajo del límite aconsejable– representa un riesgo mayor que para las más jóvenes. La gran variabilidad de la presión los hace más propensos a sufrir disminuciones marcadas, especialmente tras las comidas o al pararse (“hipotensión ortostática”). El médico especialista siempre debe adecuar el tratamiento acorde a la edad del paciente y a las situaciones concomitantes.
4- “Tener la presión mínima baja compensa el riesgo de que crezca la máxima”: Falso. Tener una diferencia importante entre la presión sistólica (“máxima”) y la diastólica (“mínima”) es un indicador de rigidez arterial, que representa en sí misma una condición de riesgo.
5- “Con no ponerle sal a las comidas alcanza para mantener controlada la presión, si no estoy medicado”: Falso. Cocinar con menos sal o sin ella es una medida sumamente efectiva para mantener los niveles de presión arterial, pero es importante saber que los alimentos que no son preparados en casa –especialmente los fiambres, embutidos y también el pan– contienen grandes cantidades de sodio que por sí mismas alcanzan para descontrolar la presión arterial.
6- “Si el control de presión en el consultorio médico muestra un valor alto, es necesario medicar inmediatamente”: Falso. En las personas añosas es más frecuente el fenómeno llamado “hipertensión de guardapolvo blanco”, que es el aumento transitorio de la presión arterial en el momento de la medición por el médico, por diversos factores. Por eso se aconseja realizar las mediciones más de una vez, con unos minutos de intervalo, en cada control, y para el diagnóstico definitivo se puede incluso realizar el monitoreo ambulatorio de presión arterial (MAPA o Presurometría).
7- “El tratamiento farmacológico debe incluir el menor número de tomas posible”: Verdadero. Una de las complicaciones para la adherencia al tratamiento de la hipertensión es que generalmente requiere utilizar más de una droga. En los adultos mayores mejora mucho la adherencia al tratamiento y, en todo caso, la combinación de fármacos en una sola píldora. El médico siempre debe tener en cuenta que su paciente anciano probablemente tome muchos otros medicamentos, y procurar minimizar la polimedicación.

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