En el medio siglo de vida

Serenidad, silencio, sabiduría, sabor, sexo, sueño, sonrisa, sociabilidad. son algunos secretos para mantener la lozanía mental y emocional

Eugenio Frater 14/10/2012
Diario de León

Si uno de los principales indicadores de la crisis económica es el PIB o ‘Producto Interior Bruto’, el principal referente de la crisis psicológica que sufren muchas personas al enfrentar otra crisis, la de su quinta década de vida, tiene las mismas siglas pero con distinto significado: es el llamado ‘Punto de Inflexión Biológica’

«Observar las cincuenta velitas en su tarta de cumpleaños, a muchas personas no les produce alegría sino tristeza, porque marcan una barrera psicológica a partir de la cual, supuestamente, se inicia un marcado declive y deterioro de todas sus capacidades», señala el psicoterapeuta Raúl Vincenzo Giglio.

«La cincuentena es un momento a partir del cual muchas funciones vitales inician o acentúan un sentido descendente, pero ello no implica un deterioro de la calidad de vida si se cultivan una serie de actitudes y habilidades, como indican los estudios más recientes», señala Giglio.

Según este psicoterapeuta transpersonal «los cincuenta años no tienen porque vivirse como un dolor de cabeza, sino como una auténtica oportunidad de aumentar nuestra consciencia de las cosas que van bien en nuestra existencia e introducir cambios positivos para mejorar las áreas que no funcionan tan bien».

En su libro Cincuenta y tantos, en el que propone diversas ideas para mantener «el cuerpo y la mente en forma aunque el tiempo siga pasando», el doctor Juan F. Hitzig, sostiene que, alrededor del medio siglo de edad en los seres humanos se halla ese punto de inflexión que define en qué forma vamos a envejecer.

Para este especialista en Medicina del Envejecimiento y Prevención Gerontológica se puede «acceder a una longevidad saludable» si a partir del PIB se siguen una serie de pautas para considerar este periodo como «la segunda mitad de la vida».

Según Hitzig «no hay duda de que el ser humano vive cada vez más, pero si se toman en cuenta una serie de aspectos biológicos, sociológicos, psicológicos e incluso espirituales, se puede conseguir que esta longevidad no sea una acumulación de dolencias y enfermedades, sino una etapa vital, plena de experiencias y desarrollo personal».

Las investigaciones de este experto han desvelado que quienes envejecen bien son personas activas, sociables y sonrientes, en cuya vida predomina una serie de conductas denominadas ‘S’, a la vez que están presentes lo menos posible otra gama de conductas llamadas ‘R’. Estos dos tipos de conductas conforman un ‘alfabeto emocional’ desarrollado por el propio gerontólogo.

De acuerdo a este profesor de Biogerontología de la Universidad Maimónides (Buenos Aires, Argentina) y especialista en Medicina Antiedad «el cerebro es un ‘músculo’ fácil de engañar», porque si sonreímos cree que estamos contentos y nos hace sentir mejor».

Serenidad, sonrisa, sociabilidad…

En cambio, y dado que «el pensamiento es un evento energético que transcurre en una realidad intangible pero rápidamente se transforma en emoción, (un movimiento de neuroquímica y hormonas) cuando es negativo, hace colapsar a nuestro organismo físico en forma de malestar, enfermedades e incluso de muerte», señala el gerontólogo.

De acuerdo a Hitzig, las conductas ‘S’, que hay que potenciar para conseguir una longevidad saludable y motorizan la hormona serotonina, que mejora la calidad de vida, aleja la enfermedad y retarda el envejecimiento celular, son: «serenidad, silencio, sabiduría, sabor, sexo, sueño, sonrisa, sociabilidad y sedación».

Por su parte, las conductas ‘R’, que hay que eliminar o reducir al máximo para vivir más y mejor y generan la hormona del estrés cortisol, cuya presencia prolongada en la sangre es letal para las células arteriales y aumenta el riesgo de adquirir dolencias cardio-cerebro-vasculares, son: «resentimiento, rabia, reproche, rencor, rechazo, resistencia, represión».

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