Gerente de mi propio futuro

“Cinco años más y me retiro”, es la fantasía que cada vez más jóvenes profesionales hacen realidad, aunque el futuro económico no esté asegurado

Por Fernando Massa | LA NACION
Sábado 22 de septiembre de 2012

Toda su vida estaba encaminada a seguir una carrera profesional. Y a los 30 años, Ana Gorsd ya había obtenido varios logros en ese aspecto: había estudiado Derecho en la UBA, se había capacitado en el exterior, trabajaba como abogada en una multinacional y hasta había concluido un MBA en el Instituto Argentino de la Empresa. Y para su edad, había alcanzado una situación económica muy satisfactoria. Según sus palabras, había comprado ese paquete de felicidad que te venden hoy.

Pero al terminar el MBA, llegó lo que ella denomina una revolución interna. Una intuición que le indicaba que no quería seguir esta carrera por lo material. Que su felicidad no aumentaba al mismo ritmo. “Me di cuenta de que quería ser gerente de mi propia vida y no de una empresa”, cuenta. Dejar la empresa fue una decisión que le requirió mucho valor. Para ella significó darse un tiempo para permitirse no saber. Y ese tiempo de no saber no sólo le permitió conocer la logosofía, donde ella encontró su camino espiritual, sino que también coincidió con que una amiga de la maestría también se quería ir de la empresa donde trabajaba, y juntas decidieron abrir un local de decoración. Hoy es consciente de que rompió un paradigma, que en ese retiro del mundo empresarial reencauzó su vida para tomar un ritmo propio. Y asegura que esos tres años y medio después de haber tomado esa decisión han sido muy felices.

El marplatense Maximiliano Canal, de 33, sueña con dejar su trabajo de buzo a los 40 y abrir un restaurante. Foto: LA NACION / Mauro V. Rizzi
Y en esa misma línea está Francisco Díaz, su novio, que desde los 22 años trabaja como ingeniero en distintas corporaciones. “Mi objetivo es en los próximos seis o siete años, alrededor de los 40, retirarme o dedicarme a algo más light, más simple, que me permita estar más con mi familia o hacer otras cosas que me gustaría”, cuenta. Hay quienes ya lo hicieron, hay quienes lo tienen planeado. Pero cada vez son más los argentinos de mediana edad que, sin estar “salvados” económicamente, sueñan con retirarse antes, mucho antes de la edad jubilatoria, o por lo menos cambiar por una actividad que les demande menos estrés y en la que ganen en un aspecto que, tal vez, sea el valor más preciado de este siglo: la calidad de vida.

Cuando se refiere a un auténtico retiro voluntario del mundo empresarial, este fenómeno tiene una denominación: ” executive dropout “, algo así como abandono ejecutivo. En su libro Empresas + Humanas , el doctor en ciencias económicas Alejandro Melamed lo define así: “Es tal vez uno de los fenómenos más observados actualmente. Se da cuando ciertos ejecutivos toman la decisión de dejar de trabajar e irse a hacer tareas para las cuales están sobrecalificados. Prefieren estar muchísimo más tranquilos para dedicarse a distintas actividades muy lejanas a lo que es la cultura tradicional y la velocidad corporativa, lo que les brinda mucha paz emocional y un ritmo mucho más desacelerado”.

Maximiliano Canal no pertenece al mundo ejecutivo. Para él, el sacrificio no pasa por las tareas rutinarias de la oficina, las presiones corporativas, el respeto absoluto por las jerarquías o el estrés. Sin embargo, también sueña con cambiar de rumbo laboral alrededor de los cuarenta. Su ámbito es el agua. Más precisamente, abajo del agua. Es buzo, al igual que su padre, y juntos trabajan en Mar del Plata en reparaciones de barcos, inspecciones y reflotamientos. Hoy los ocupa la construcción del emisario submarino de esa ciudad, un sistema de cloaca que se adentra en el mar unos cuatro kilómetros desde la costa.

Jornadas laborales de doce horas, tres, cuatro o más horas bajo el agua casi todos los días, y cuando llega diciembre le parece como si hubiera pasado un año y medio en vez de uno solo. “Es un laburo muy físico -dice-. Tengo 33 años y mi idea es cortar antes. A los 40, 42. Estoy estudiando muchas posibilidades: no retirarme, pero ir viendo qué puedo hacer para mantener a mi familia con otro tipo de trabajo menos sacrificado.” Sueña con la gastronomía o la hotelería; un restaurante sobre la calle Güemes o Alem. Es pensar en voz alta, dice, pero mientras tanto junto con su esposa, arquitecta, van “acovachando” plata para ese proyecto.

Esteban Gandulfo, disfrutando de su vida en Lago Puelo, Chubut. Foto: LA NACION / Alfredo Leiva
Para Matías Ghidini, gerente general de la consultora en recursos humanos Ghidini Rodil, este cambio de mentalidad comenzó a gestarse cuando la generación Y (aquellos nacidos a partir de 1982) se comenzó a incorporar en el mundo laboral. “Lo que las nuevas generaciones empujan -dice- es una carrera profesional en la que exista un proyecto que los desafíe como personas y los satisfaga profesionalmente. El compromiso sigue existiendo. Pero mientras lo anterior exista. Cuando eso desaparece o el trabajo se torna excesivamente dogmático, surge ahí la alternativa de salir del sistema.”

Y esa salida, sostiene, puede ser el emprendimiento personal, anclado en hobbies o deseos postergados; la empresa más pequeña; o el interés por ayudar a un tercero a través de fundaciones o acciones de responsabilidad social.

¿Y el dinero? “El dinero es importante -asegura Ghidini-. Pero si con ese dinero no tengo tiempo para hacer el deporte que quiero, estar con mis amigos, viajar o estar con mi familia, no lo quieren. Si para conseguir ese dinero tienen que soportar un ambiente de trabajo incómodo o una tarea que no los desafía, buscan otro sin dudarlo.”

Pero para aquellos que deciden este retiro anticipado, no sólo puede resultar importante el dinero, sino, a veces, fundamental. Más aún en tiempos donde la jubilación que llega cuando se cumple la edad necesaria no es garantía de mucho más que la supervivencia en la mayoría de los casos. Y eso Luciano Rossi lo tiene bien claro: para él la jubilación es un monto mínimo que le sirve como subsidio.

Por eso, para poder llevar a cabo su plan de retirarse a los 50, dedicó todo este tiempo a lo que él denominó “patrimonializarse”. Primero en Italia, su país de origen, donde trabajó en el sector industrial, y luego en la Argentina, donde ya lleva quince años abocado al rubro agropecuario. “La idea es hacer un cambio estructural, sentirme más libre de todas las reglas que me había impuesto hasta ahora. Lo que se hizo se hizo: después será tiempo de trabajar menos intensamente o de meterse menos presión”, dice.

¿Los planes? Vivir tres meses en distintas ciudades del mundo, escapándole a esa sensación que dan las estadías de dos semanas típicas de estar de vacaciones y llegar a vivir la vida de todos los días en otra ciudad. Y en esas estadías darse la oportunidad de un más profundo contacto con el arte y la cultura de cada lugar. Pero como se trata de un plan ambicioso, fue empujando todos sus negocios a Internet y cambiando lo que era su oficina fija en Buenos Aires por distintos cafés. Algo que no lo obligue a estar en un determinado lugar a una determinada hora.

Expectativas y frustración

El licenciado Fernando Adrover, decano de la Facultad de Psicología y Relaciones Humanas de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), considera respetable y valorable esta decisión de retomar proyectos postergados si la persona está en situación de obtener una jubilación o si ha generado un patrimonio que le permite liberarse de condicionamientos, y si sus intereses o aspiraciones se han mantenido, ya que el tiempo de nuestra existencia es escaso y único, y las personas debieran intentar realizar las acciones u obras que le den sentido a su vida.

“El principal peligro, a mi juicio, radica en que ese retiro anticipado no esté vertebrado por un verdadero proyecto que haya sido analizado responsable y estratégicamente. La frustración es directamente proporcional a las expectativas insatisfechas. Además, mantener un nivel de actividad lo más pleno y estimulante posible es lo que en mayor medida nos protege de las consecuencias negativas del envejecimiento cognitivo. Lo ideal sería que esa actividad esté alineada con el trabajo del individuo, y éste le resulte interesante, atractivo y le permita concretar sus proyectos personales. Cuando esto ocurre, lejos de pretender jubilarse, las personas perseveran en su trabajo, quizá lo van adaptando o cambiando, pero no lo abandonan”, opinó el psicólogo.

Luciano Rossi eligió los 50 para comenzar este retiro gradual, inspirado en una frase que dijo su hermano cuando llegó a esa edad: “Cumplí los primeros 50, ahora tocan los próximos 50. Y hay que reformularlos”.

Luciano los cumple dentro de cuatro meses y confiesa que viene un poco atrasado con su proyecto. Pero sabe que si no lo hace ahora, lo hará a los 51, 52 o 53 años. No más allá de eso. Son fechas ciertas que no se escapan. Tampoco sea cuestión de estresarse o meterse presión justo en ese momento.

TRES ACTITUDES GENERACIONALES

Distintas posturas ante el trabajo, según la edad

Baby boomers

1945-1963: competitivos. Siempre buscan ganar. Adicción al trabajo. No piensan en el retiro. Buscan el poder y el éxito

Generación X

1964-1980: rebeldía. Rompen con algunas tradiciones. Buscan flexibilidad y autonomía. Prefieren trabajar hasta encontrar el lugar ideal

Generación Y

1980: Aspiran a desafíos nuevos. Esperan feedback permanente. Disfrutan de la diversidad y la informalidad. No adhieren a jerarquías. Prioridad: balance vida personal y laboral.

http://www.lanacion.com.ar/1510627-gerente-de-mi-propio-futuro