Hipertensión: corazón y cerebro, amenazados

En el país hay más de 7 millones de hipertensos, pero más de la mitad lo desconoce. La enfermedad afecta a las arterias de todo el cuerpo y mulitplica el riesgo de infarto de miocardio y de ataque cerebrovascular: de hecho, 9 de cada 10 argentinos que sufrieron un ACV tenían presión alta persistente. Además, compromete la salud renal y la visión. Es importante diagnosticarla y tratarla antes de que los daños que genera atenten contra la vida.

Georgina Elustondo
gelustondo@clarin.com / twitter: @georginaelus
16.08.2012 |

Por repetida, desconocida. Desatendida, subestimada, riesgosa. En Argentina, la hipertensión arterial afecta a alrededor de un tercio de los adultos y, aunque multiplica el riesgo de accidente cerebrovascular (ACV) y de infarto de miocardio, más de la mitad de los enfermos desconoce que sufre el problema y sólo uno de cada cuatro, lo trata.

El incremento de personas hipertensas preocupa en todo el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud, la enfermedad se cobra más de 7 millones de vidas anuales en todo el mundo y afecta a personas cada vez más jóvenes. En nuestro país, según datos de la Fundación Cardiológica Argentina (FCA), está presente en más de 1 de cada 10 adultos jóvenes (de hasta 45 años) y su prevalencia trepa al 50% en los mayores de 65 años. “Hasta los 50 años es hasta cuatro veces más frecuente en los varones, pero las estadísticas se igualan en ambos sexos cuando la mujer termina su edad fértil”, explica a Entremujeres el doctor Jorge Lerman, presidente de la FCA.

“La mujer se preocupa habitualmente por realizar la consulta al ginecólogo, por su temor al cáncer ginecológico. Sin embargo, la enfermedad cardiovascular es la primera causa de muerte en la mujer”, advierte la doctora Judith M. Zilberman, del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA). El riesgo se incrementa notablemente a partir de la postmenopausia.

Preocuparse y ocuparse de esta afección que, por habitual, se subestima, es crucial. La hipertensión no suele presentar síntomas hasta que el daño en las arterias y otros órganos pone la salud (y la vida) del paciente en zona de riesgo. Por eso, los expertos subrayan que el monitoreo de la presión arterial a través de chequeos clínicos periódicos es clave, ya que el control de la enfermedad desmorona un 40% el riesgo de accidentes cardiovasculares y reduce un 20% la probabilidad de un infarto, según estadísticas del ICBA.

Vale el alerta. Las huellas que la hipertensión imprime en el cuerpo son graves. Puede enfermar las arterias del cerebro; puede obstruir las arterias coronarias, causando ataque al corazón o infarto de miocardio; puede derivar en una insuficiencia cardiaca (a partir del agrandamiento del corazón); puede afectar las arterias del fondo de ojo, perturbando seriamente la visión; puede deteriorar el funcionamiento de los riñones hasta producir insuficiencia renal; puede ocluir las arterias de los miembros inferiores con dolores que dificulten la marcha… El doctor Lerman enumera todos estos riesgos y subraya: “Es importante comprender que cualquiera de estas situaciones puede desencadenar la muerte”.

Hipertensión y cerebro

Por falta de campañas de educación para la salud, la sociedad no suele dimensionar los alcances y riesgos de la hipertensión. Desconoce, por ejemplo, que la relación entre presión alta y ACV es, por lo menos, estrecha: “La presión alta es el factor de riesgo más frecuente para dos de las más devastadoras epidemias neurológicas de nuestro siglo: el ACV y la demencia”, dice a Entremujeres el doctor Luciano Sposato, director del Departamento de Neurología del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) y director del Centro de Stroke del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, y sorprende con un dato: “9 de cada 10 argentinos que han sufrido un ACV son hipertensos. El problema es que más del 70% de estos pacientes no sabían que lo eran o no tenía un tratamiento adecuado”, dice.

En general, explica Sposato, “la gente le teme al pico de presión porque piensa que puede causarle un ACV. Sin embargo, el verdadero efecto negativo de la hipertensión se produce cuando la presión arterial está elevada en forma crónica. Es decir, el daño que produce la hipertensión sobre el cerebro y de otros órganos ocurre porque el chorro de sangre que corre por las arterias impulsado desde el corazón orada o desgasta las paredes arteriales, haciéndolas más susceptibles a romperse o a formar ateromas (placas de colesterol y otros constituyentes de la sangre). Si la arteria cerebral se rompe, se produce un ACV hemorrágico o hemorragia cerebral; si se tapa por un ateroma, se produce un ACV isquémico o infarto cerebral”, precisa el especialista.

La hipertensión también puede aumentar el riesgo de sufrir un ACV, indirectamente, a través de otro mecanismo. “Al mantenerse elevada en forma crónica puede predisponer al corazón a desarrollar una arritmia cardíaca llamada fibrilación auricular. La misma suele producir coágulos en las cavidades del corazón que viajan por las arterias cerebrales hasta que en algún momento, al no poder seguir avanzando, las tapan y producen un ACV isquémico”, explica Sposato.

Otro riesgo “cerebral” derivado de la hipertensión es la demencia. “La demencia es la alteración de las funciones intelectuales, aquellas que nos permiten memorizar, razonar, resolver problemas, programar actividades complejas, interpretar metáforas, ironías o sarcasmos, etc. Sabemos desde hace muchos años que la hipertensión y otros factores de riesgo como la diabetes y el cigarrillo aumentan el riesgo de demencia vascular. Lo que aprendimos más recientemente es que la hipertensión también produce otro tipo de demencia, que es la Enfermedad de Alzheimer”, apunta el doctor Sposato.

Los órganos “blanco”

La hipertensión atenta contra el músculo cardíaco, porque demanda al corazón un esfuerzo extra para dsitribuir la sangre por el organismo. Ese esfuerzo continuado puede producir un agrandamiento del corazón generando insuficiencia cardíaca. Además, la presión alta aumenta considerablemente el riesgo de infarto de miocardio y multiplica hasta tres veces la posibilidad de tener un angina de pecho.

Además del cerebro y el corazón, la hipertensión es un factor de riesgo de la enfermedad renal crónica (ERC). Al haber una mayor presión en los vasos sanguíneos que recorren todo el cuerpo, los riñones no pueden realizar correctamente la tarea de filtrar la sangre y se ven afectados.

Este punto tiene que ver con algo tan repetido como poco aclarado: el consumo excesivo de sal. Los riñones están diseñados para equilibrar la ingesta de sal que hacemos a través de los alimentos de acuerdo a las necesidades que tenemos. Cuando hay exceso de sodio en sangre, se produce retención de líquidos y este aumento de volumen eleva la presión.

También la visión se ve afectada por la hipertensión crónica, porque genera roturas en las arterias del ojo (retinopatía hipertensiva) y hasta puede terminar en ceguera.

La huella de los malos hábitos

Rastrear las causas de la hipertensión no es fácil. Sólo el 5% de los casos tiene un factor que la dispara, que puede ser: estrechez en las arterias renales o enfermedad propia de los riñones, afección en las glándulas suprarrenales o en tiroides, o una anomalía congénita de la arteria aorta. “El 95% restante padece ‘hipertensión primaria o esencial’, es decir, sin causa conocida. Los médicos no conocemos la causa de la enfermedad pero sí sabemos diagnosticarla, estudiarla y tratarla con éxito, evitando sus graves consecuencias”, explica el doctor Lerman.

Ahora bien: aunque no se puedan detectar las causas en el 95% de los casos, sí se pueden identificar factores de riesgo, situaciones que pueden favorecer fuertemente su aparición: “la predisposición genética, el tabaquismo, la obesidad, el sedentarismo, el estrés emocional y el exceso en el consumo de sal –enumera Lerman-. Salvo la predisposición genética, los demás factores son prevenibles y erradicables. Toda la población, y particularmente los pacientes hipertensos, deben evitarlos. Esta es la forma más efectiva y barata de luchar contra la hipertensión arterial”.

Sin duda, los malos hábitos han aumentado la prevalencia de la enfermedad a lo largo de las décadas. “La hipertensión no existe en el reino animal: sólo se detecta en el hombre y, además, era muy rara en los pueblos de la Antigüedad. La incorporación de un excedente de sal en la alimentación, ya sea en la conservación de los alimentos, durante la preparación en la cocina o el agregado en la mesa ha sido un factor importantísimo en el incremento de su mayor prevalencia en las últimas décadas. Además, nuestras comunidades fuman, son más sedentarias, más obesas y más sometidas al estrés emocional, todos factores de riesgo muy importantes”, señala Lerman.

El estrés emocional crónico eleva la presión porque altera los mecanismos que la regulan, confirma a Entremujeres el doctor José Bonet, médico psiquiatra del Centro de Vida de la Fundación Favaloro. “Uno observa que las personas con hipertensión tienden a responder de manera exagerada frente a estímulos cotidianos considerados estresantes por el sujeto. Se los considera híper-reactores porque generan, entre otras cosas, un exceso de cortisol y de actividad nerviosa simpática. Si esto ocurre seguido, si se vuelve crónico, se producen lesiones en el corazón y en la pared de las arterias y se alteran los mecanismos que normalmente regulan la presión arterial”, explica. Según el especialista, las emociones que tienen mayor impacto en la hipertensión en particular y en la salud cardiovascular en general son la ira y la hostilidad.

Preocuparse para ocuparse

El énfasis en los riesgos y complicaciones de la hipertensión se justifica en la importancia de tomar conciencia, consultar al médico y adherir a un tratamiento que permita controlarla. Es fundamental evaluar la presión desde la juventud e incluso desde la infancia cuando hay factores que lo ameriten: al ser una enfermedad con una importante base genética, los hijos de pacientes hipertensos deben ser controlados anualmente a partir de los 3 años, ya que tienen un riesgo aumentado respecto a los hijos de padres con presión normal. “La hipertensión en jóvenes suele ser más agresiva y tiene más tiempo para agredir a los órganos blanco: el cerebro, el corazón, la vista y los riñones”, explica el doctor Lerman. La detección precoz es clave.

“En la actualidad existen estudios no invasivos que permiten identificar precozmente alteraciones de estos vasos sanguíneos, como el eco Doppler, el eco “tracking”, la medición de la distensibilidad arterial”, subrayan en la Fundación Favaloro.

El primer profesional que debe ser consultado es el médico de familia, el clínico de cabecera, que debe detectar el problema y avanzar en los análisis y en el diagnóstico para definir las estrategias preventivas y curativas. En la mayoría de los casos es necesario prescribir medicación y el seguimiento debe ser estrecho y prolijo para comprobar los resultados o la aparición de efectos colaterales. La medicación actual es segura y efectiva si el paciente sigue estrictamente las indicaciones profesionales: no debe automedicarse ni saltear dosis ni suspender tratamientos sin indicación médica. El rol del cardiólogo es fundamental en los casos más difíciles, rebeldes al tratamiento, con mayor riesgo o con complicaciones cardiovasculares.

Controlar la presión arterial una vez instalada la hipertensión es un proceso que lleva tiempo y exige compromiso por parte del paciente. “Según datos del Consejo Argentino de Hipertensión Arterial de la Sociedad Argentina de Cardiología, sólo el 17% de los hipertensos logra un buen control de la presión arterial. Sin embargo, en el ICBA comprobamos que si el paciente recibe una educación adecuada, sigue una dieta y un plan de ejercicio y toma la medicación regularmente, más del 50% logra controlarla adecuadamente”, asegura el doctor Alberto Villamil, Jefe de Hipertensión Arterial del ICBA.

El doctor Sposato coincide en el valor del tratamiento y control de la enfermedad. “Varios estudios científicos han demostrado que el control estricto de la presión mediante la dieta, el ejercicio aeróbico y el uso de medicación (cuando es necesaria) disminuyen el riesgo de ACV y de demencia. El secreto del éxito es ser muy prolijos en el control de la presión, no abandonar la medicación y consultar al médico de cabecera con frecuencia”, dice.

En el caso de las mujeres, la doctora Judith M. Zilberman, del ICBA, destaca que es importante controlarse la presión “porque sólo una de cada 3 mujeres tiene los síntomas típicos de dolor de pecho que tiene el hombre. Un tercio de las mujeres presentan síntomas ‘atípicos’ como cansancio, falta de aire, palpitaciones y dolor de abdomen. Si bien estos síntomas no son exclusivos de la enfermedad coronaria, en su presencia se aconseja consultar al médico clínico y al cardiólogo”, explica.

En lo que hace a la medicación, Zilberman advierte que “en mujeres fértiles con posibilidad de embarazo está contraindicado el uso de algunas drogas (inhibidores de la enzima de conversión y bloqueantes de los receptores) durante la edad gestacional por tener efectos teratogénicos”. La hipertensión arterial debe ser controlada especialmente durante el embarazo, porque puede generar riesgos para la madre y para el bebé.

De todos modos, el primer paso (y el más importante) para controlar los valores de la presión arterial es eliminar los factores de riesgo erradicables:

1) No fumar y tratar de no permanecer en ambientes con humo de tabaco.

2) Mantenerse en el peso ideal.

3) Consumir muy poca sal: se recomiendan no más de 5 gramos por día. Para ello, evitar los alimentos envasados o conservados, emplear mínimamente la sal común al cocinar y consumir sal libre de sodio en la mesa. Utilizar cualquier otro tipo de condimentos naturales.

4) Practicar sesiones de 30 a 45 minutos, no menos de 4 veces por semana, de una actividad física aeróbica.

Este último punto es clave, porque muchas personas hipertensas sienten temor a la hora de hacer ejercicio o practicar algún deporte. Consultado por Entremujeres, el doctor Oscar Mendoza, cardiólogo y deportólogo del ICBA, tranquiliza: “el ejercicio físico beneficia a los pacientes con hipertensión, ya que ayuda a bajar la presión arterial. Es una herramienta terapéutica no-farmacológica recomendable para el paciente hipertenso”. El especialista explica que sólo existen contraindicaciones para “aquellos pacientes en que el tratamiento que se esté llevando a cabo no logre mantener controladas las cifras de presión arterial”.

Mendoza recomienda “no llevar a cabo ejercicios con sobrecarga (complemento o pesas), ya que los mismo incrementan las cifras de la presión en comparación con los ejercicios aeróbicos”, y sugiere “las caminatas, el trote, la bicicleta, la natación y los deportes grupales en los que se pueda controlar correctamente la intensidad que desarrolla el mismo”.

En lo que hace a las emociones, también podemos operar, tomar cartas en el asunto. “Lo más importante -y a veces lo más difícil- es que la persona iracunda, gruñona, tome conciencia de su situación. Si cree que la culpa siempre es de los demás, no ayuda –explica el doctor Bonet–. En el caso de las personas iracundas, el tratamiento se basa en tres pilares fundamentales: la psicoterapia, para tratar de modificar los pensamientos automáticos que genera la ira (puede hacerse en forma individual o en programas de control de la ira, que son grupales y de tiempo limitado, como el que funciona en el Centro de Vida de la FF); las terapias físicas, para intentar recuperar la capacidad corporal de relajación; y, por último, en los casos más graves, medicación”.

Como dice la doctora Carol Kotliar, directora del Centro de Hipertensión del Hospital Universitario Austral (HUA) y creadora, junto con el doctor Sergio Volman y la licenciada en nutrición María Emilia Mazzei, del manual Manejo saludable de la hipertensión arterial, “cada individuo nace con una identidad genética que le otorga cierta protección o fortalezas, y ciertas debilidades o vulnerabilidades, en cuanto a salud y enfermedad. Es sobre el terreno vulnerable donde debemos trabajar para mejorar el estilo de vida y nuestros hábitos son las llaves que permiten o evitan que la enfermedad cardiovascular se manifieste”.

CLAVES: el ABC de la hipertensión

* Para comprender el problema de la hipertensión, es clave entender primero qué es la presión sanguínea y por qué se eleva. El profesor Jorge Lerman, presidente de la FCA, explica: “El aparato circulatorio está integrado por una bomba central (el corazón) y un sistema de conductos (vasos sanguíneos: arterias y venas). La función del corazón es contraerse (sístole) y relajarse (diástole) de manera rítmica y permanente, con el objeto de hacer circular la sangre a través los vasos sanguíneos y distribuirla por todos los aparatos y órganos del cuerpo y así nutrir y oxigenar los tejidos y las células. La fuerza de las contracciones sistólicas es lo que genera la presión de la sangre dentro de los vasos sanguíneos: es lo que llamamos presión arterial”.

* La presión arterial se mide en milímetros de mercurio y en general se determinan dos valores: la máxima o sistólica (se produce en el momento de la sístole o fase de contracción del corazón) y la mínima o diastólica (se produce en la diástole o fase de relajación del corazón).

* Se considera que la presión arterial normal debe ser menor de 140 para la máxima y de 90 para la mínima. Controles superiores a esas cifras se consideran hipertensión arterial, siempre y cuando la situación sea persistente.

* La presión arterial cambia cada vez que el corazón late. Puesto que el corazón late en promedio 100.000 veces por día, todos las personas tienen 100.000 presiones distintas cada día. Por ello, es importante que cuando se toma la presión se realicen al menos 3 mediciones para calcular el promedio que es un dato más confiable.

* Definir que alguien es hipertenso requiere de un diagnóstico preciso, en manos de especialistas. Un pico de presión o algunos eventos esporádicos no suponen, necesariamente, una confirmación de la enfermedad. La presión arterial es una variable dinámica que puede cambiar según diversas situaciones fisiológicas. Durante el sueño, por ejemplo, la presión baja, y durante la actividad física, la actividad sexual o ante una crisis emocional, la presión máxima aumenta. Durante las primeras horas de la mañana, inmediatamente luego de despertar, se suelen detectar valores altos de presión.

* La hipertensión daña las arterias de todo el organismo, pero afecta especialmente el cerebro, el corazón, el riñón y la retina. Por ello sus efectos a largo plazo son el ACV, el infarto, la insuficiencia cardíaca, la insuficiencia renal y la pérdida de visión. También produce obstrucción en la circulación de las piernas e impotencia sexual en los varones.

La hipertensión es particularmente perjudicial en quienes tienen otros factores de riesgo como diabetes, colesterol alto, obesidad o tabaquismo. En ellos, la posibilidad de un evento cardiovascular se multiplica hasta 4 veces.

* Las mujeres, luego de la menopausia, tienen mayor riesgo de desarrollar hipertensión y sufrir complicaciones.El buen control de la presión arterial reduce en promedio un 40% los eventos cerebrovasculares y en un 20% los eventos coronarios.

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