Con ustedes… las hermanitas Marcovecchio

POR HERNÁN FIRPO

Hace 70 años atienden el mismo negocio de artículos de mimbre en Palermo. ¿Vender el local? “¡No! Si es nuestro Miami”, dicen.

Clarín
21-8-2012

Ultimo eslabón del entramado vecinal de Palermo, las hermanas Marcovecchio tienen el mismo local desde hace 70 años, el mismo que heredaron de sus padres y el mismo que heredarán sus nietos. Si hubo un barrio que cambió, ese fue Palermo, que dejó de ser Viejo para volverse Hollywood y Soho, demostrando que ya nada ni nadie podrá herir la susceptibilidad porteña. Soho: South of Houston Street. En fin, desde los nombres con apóstrofe ese, desde Beto’s y Empanada’s, parecemos condenados a una oscilación entre el subdesarrollo y la idiotización de las palabras en inglés.

“Nosotras construimos lazos vecinales, pero de día. De noche, al barrio no lo conozco”. Dice Lita, 83 agostos. “Mamá era italiana y analfabeta. Papá se la pasaba en el café del barrio que ya no existe más. Le decíamos “Café del agua sucia”, agrega Mary, 82 años.

Lita : No, papá iba a “El vómito”, el de la calle Carranza… Mary : Carranza y Honduras. Pero “El vómito” era otro.

Lita : Los llamábamos así por la calidad del café.

Mary : Papá estaba en el café mientras mamá compró este galpón. Esto antes era un galpón enorme.

Lita : Papá se quedó sin trabajo en la crisis del 30 y empezó a vender sillas.

Mary : Contale, salía con seis sillas en cada brazo.

Lita : Cuatro eran.

Mary : ¡Seis! ¡Siempre discutimos lo mismo! En los hombros llevaba dos. Después compró un carro y empezó a crecer.

En esos años, los Marcovecchio empiezan a trabajar con el mimbre en el galpón que ahora es un local y queda en Gorriti 5630. Ahí nomás hay un caserón con rejas. Enfrente, un sistema de alarmas avisando que todo está súper protegido. Las Marcovecchio ni siquiera tienen puertas.

¿Qué es la inseguridad? “No sé, ni idea”, responde Mary. Mary y Lita son la postal antigua y fotomontada. Las mirás y pensás: ¿qué habrá sido de los demás vecinos de Palermo? ¿En que momento habrán decidido entregarse locamente al valor del metro cuadrado para convertirse en estáticos latifundistas, dejando que sus dominios engrosaran la gastromodernidad ciudadana?

“Mimbre porque las sillas que se sacaban a la calle debían ser livianas y cómodas para entrar y salir -cuenta Mary-. Eso es lo que pensaba mi papá cuando dijo que había que trabajar el mimbre”. O sea, las Marcovecchio se convirtieron en artesanas de unos productos que se sacaban a la calle todos los días, sin haber inventado las bolsas de residuos. “Y con el tiempo fuimos ampliando el negocio con canastos, cortinas… Las cortinas las seguimos haciendo nosotras con nuestras propias manos”.

Mary : Resistimos haciendo lo mismo porque no nos interesa la plata. Este lugar es como una amante para mí.

Lita : Para mí también.

Mary : Resistimos porque yo sé lo que pasa con la gente que deja de hacer lo que le gusta…

Lita : Si no, hubiéramos vendido. ¿Sabés cuánta gente nos vino a ofrecer un montón de plata para que nos fuéramos?

Hay turistas que las ven trabajar en su mesa ubicada justo frente a la calle, y les sacan fotos. La colega Adriana Meyer vino unas cuantas veces y escribió a nuestra casilla de aguarraces porteñas. Nos dijo: son medio desconfiadas, no debe ser fácil iniciarles conversación. Hay una que manda y otra que obedece. La que obedece tiene cara de buena y mira con serenidad a la que da órdenes. Una cocina para toda la familia. La otra es una comerciante pudorosa que cuenta una negación imposible: no sabe ninguno de los precios de la mercadería que vende.

Mary : La debacle de lo importado fue atroz.

Lita : Todos los días nos jorobaban con que les vendiéramos el negocio… Mary : ¡Y los sacábamos carpiendo! ¡Este es nuestro Miami! Este negocio son nuestras vacaciones más caras. ¿Cómo vamos a venderles nuestro Miami? A mí y a ella –Lita asiente– nos sirve mucho entrar cada mañana a nuestro local.

Lita : No sabés cómo nos sirve…

Mary : Yo vivo al lado. Ella vive como a veinte cuadradas que, cada vez que puede, las hace caminando.

Lita : Nuestro Miami…

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