Pienso, luego…¿Qué?

El estrés y la sobreexigencia influyen en los pequeños olvidos cotidianos y el posterior deterioro cognitivo. Secretos de los especialistas para ejercitar la mente

Por Virginia Mejía | Para LA NACION
Domingo 29 de julio de 2012

Nos olvidamos del turno con el dentista, los nombres de las personas se nos quedan en la punta de la lengua, al salir del shopping no recordamos dónde estacionamos el auto y además perdemos los anteojos, la billetera y las llaves de casa. Según los especialistas, en mayor o menor medida, estos pequeños olvidos nos afectan a todos, y si bien algunas distracciones no deben ser motivo de alarma, hay otras que si se repiten podrían estar vinculadas con problemas de la memoria y deberíamos prestarles atención. Las consultas en los centros neurológicos especializados en memoria van en aumento. En otras palabras: en el consultorio, los médicos diagnostican desde afecciones graves hasta casos más leves de pérdidas momentáneas de la memoria causadas por estrés o a sobreexigencias de la vida diaria.

El gran fantasma, el Alzheimer

Precisamente, el tema de la memoria comenzó a tomar relevancia ante la difusión de ciertas afecciones propias de la vejez vinculadas con la pérdida de la capacidad cognitiva, como el Alzheimer, hoy considerado una epidemia debido al envejecimiento progresivo de la población mundial. “Hay olvidos que son normales, hay otros que son el comienzo de enfermedades. En los normales a uno algo se le borra, pero después lo recupera. Es decir, pierdo las llaves del auto, pero más tarde recuerdo que las dejé sobre la mesa de la entrada. El olvido patológico, en cambio, es cuando no puedo traer algo a la memoria y además esta situación se asocia a otras similares o se reitera. Por ejemplo, preguntar tres veces lo mismo en un lapso corto no es normal”, asegura el Dr. Ricardo F. Allegri, investigador del Conicet y jefe de Neurología Cognitiva de la Fundación para la Lucha contra las Enfermedades Neurológicas de la Infancia (Fleni).

“Los últimos adelantos científicos permiten la detección temprana del Alzheimer por medio de biomarcadores que pueden estudiarse en líquido cefalorraquídeo o a través de neuroimágenes estructurales o funcionales, es decir PET con marcador amiloideo”, explica Allegri. Para el neurólogo, estos estudios “son de gran importancia, debido a que se están desarrollando estrategias preventivas y nuevas terapéuticas para los problemas cognitivos”.

Sin llegar al punto de hacerse estos estudios, ¿cómo saber cuándo los pequeños olvidos cotidianos pueden derivar en un trastorno cognitivo? Según Allegri, “cuando una persona siente que está perdiendo la memoria no necesariamente es una patología, pero cuando los familiares consideran que alguien sufre olvidos frecuentes lo aconsejable es la consulta neurológica, ya que probablemente se esté ante un caso de Alzheimer”.

Mejor prevenir…

Mientras que hace algunos años sólo las personas mayores se alertaban ante una posible pérdida de la memoria, hoy son muchos los que pasados los 40 comienzan a prestar atención a los olvidos cotidianos. “Me preocupé cuando una vez no me acordé de pasar a buscar a uno de mis chicos por la puerta del colegio. Tengo 3 hijos y cuando llegué de trabajar retiré a los dos más grandes de secundaria para llevarlos uno a fútbol y a la otra a la clase de piano. Pero al más chiquito, el que sigue en primaria, se quedó ahí, en el patio, esperándome..”, cuenta Florencia Estévez, que luego de este episodio decidió hacer una consulta neurológica sobre el estado de su memoria. Según Teresa Torralba, jefa de Neuropsicología del Centro de Estudios de la Memoria y la Rehabilitación Cognitiva (Ineco), hay casos que son típicos de las situaciones de estrés diarias que hacen que “el cerebro colapse, se afecte el hipocampo y la información aparece como si fuera una biblioteca totalmente desordenada”. En estas situaciones no queda capacidad para aprendizajes nuevos ni para recordar tareas específicas. Son olvidos vinculados con el llamado síndrome de burn out o de cabeza quemada. Tal es el caso de Federico Ramírez, un gerente de 43 años que afirma, con humor, que padece de memory full, comparando su mente con un disco rígido completo de una computadora. Para Ramírez el problema comenzó hace un año cuando comenzó a pasar por alto las reuniones de directorio: “Me quedaba en mi escritorio trabajando y me avisaban que estaban esperándome. Yo llegaba tarde, corriendo y superestresado. Me mandaban mails, mensajes de texto, de todo para hacerme acordar y yo nada…”, cuenta.

Para los especialistas, hoy es posible prevenir el deterioro mental procurando mantenerse en buen estado físico, emocional y cognitivo. En el primer punto es consabida la importancia de la actividad física y de una dieta saludable. “Lo ideal para la salud cognitiva es una dieta típica mediterránea, con carne magra al menos dos veces por semana”, advierte Sol Vilaro, jefa de Nutrición en Neurología y Psiquiatría del Ineco.

El descanso tampoco es un tema menor. Según estudios de la Universidad de Berkeley, Estados Unidos, existe lo que se llama el efecto siesta, producto de los beneficios del dormir. La investigación demostró que el sueño es necesario para hacer que el cerebro borre la información que no necesita y que haga lugar para que ingrese la nueva.

A nivel emocional, especialmente después de los 50 años, es fundamental evitar las situaciones de estrés, planificar actividades vinculadas con el ocio y mantener una vida social activa. “Cuando uno es joven, naturalmente está rodeado de gente, pero las personas de mayor edad en determinados casos tienden a aislarse y esto no es bueno”, advierte Allegri.

A nivel cognitivo, al igual que se ejercitan los músculos cuando se realizan actividades físicas, también es posible entrenar la mente desde temprana edad para mantenerla en forma y evitar la pérdida de la memoria que se produce casi inexorablemente a partir de los 60 años.

“Un estudio reciente sugiere que con sólo diez sesiones de entrenamiento cognitivo pueden observarse mejorías equivalentes al deterioro típico presentado en un período de 7 a 14 años”, dice Facundo Manes, director del Instituto de Neurociencias de la Universidad Favaloro. En ese sentido ya son varios los institutos neurológicos que ofrecen programas de encuentros grupales con personas que tengan intereses similares o afinidad en los cuales se entrenan y estimulan funciones como la memoria, atención, el pensamiento lateral, la planificación y el control de los impulsos.

Además, estos ejercicios que algunos llaman con humor la neuro gym se pueden realizar en forma casera o doméstica aprovechando situaciones de la vida cotidiana. “No son actividades universales, es decir que no hay una receta que les sirva a todos. Tal vez para una persona leer un libro es un desafío mental y tal vez para otra es un hábito que no le implica ningún esfuerzo”, aclara María Roca, neuropsicóloga de Ineco al tiempo que destierra el mito de que basta con hacer crucigramas todos los días para obtener agilidad mental.

Para la doctora, lo fundamental es elegir hacer algo nuevo que nos sea agradable o placentero. “Grandes desafíos intelectuales pueden generar estrés y eso termina siendo perjudicial para cualquiera.”

TOP 10 OLVIDOS DIARIOS

Tener una palabra en la punta de la lengua, no poder recuperarla a pesar de hacer grandes esfuerzos.
Olvidar los nombres propios de las personas.
No saber dónde se ponen las cosas, por ejemplo, las llaves de casa, los anteojos, la billetera, etcétera.
Omitir un mensaje recibido ayer o hace unos días y a veces tener que pedir que lo repitan.
Seguir con la rutina habitual diaria y no recordar una actividad específica como ir al médico, una reunión, etcétera.
No saber el día exacto en el que ocurrió un evento, si fue la semana pasada o antes.
Tener dificultades para aprender una nueva habilidad que requiera mínima memorización, por ejemplo determinadas funciones de un nuevo celular o computadora.
No tener en cuenta lo que alguien nos acaba de decir y reiterar la misma pregunta en un corto lapso.
Contar una anécdota dos veces a la misma persona.
Tener que comprobar varias veces si cerró la puerta de entrada con llave, apagaron las luces o se bajó la calefacción, etcétera.

EJERCICIOS PARA HACER EN CASA

Elija actividades que le representen un desafío mental, pero que le agraden. Por ejemplo, escuche una música distinta de la que está habituado o busque un nuevo tipo de lectura.
Si sabe que es bueno cantando, baile, y viceversa. Si se destaca haciendo cálculos matemáticos, lea un libro y viceversa. Si maneja bien las nuevas tecnologías, intente tocar el piano y viceversa.
Mire una película que le interese y explique la trama con sumo detalle a alguien que no la haya visto. Si no encuentra un interlocutor, escriba el argumento.
Haga las cuentas mentalmente en el supermercado y luego compárelas con el resultado que ofrezca la cajera.
Juegue al tutti frutti, al Scrabble, al solitario, al póquer y con los juegos electrónicos de la televisión como la Wii o la PlayStation. Practique con los sitios de Internet que ofrecen juegos y tests para la mente. ¡Diviértase!
Intente recordar nombres de calles, avenidas y recorridos para llegar a un lugar determinado. Antes de preguntar, mirar el GPS o consultar en Internet, piense.
Memorice asociando las caras, los nombres y los apellidos de quienes trabajan en su oficina, de los amigos de sus hijos, de los conocidos del club, etcétera.
Intente recordar los números de celular de las diez personas que más quiere. Evite el marcado automático.
A partir de los 50 años

Mantenga una vida socialmente activa.
Intercambie momentos y opiniones con personas de menor edad.
Controle periódicamente sus habilidades mentales, memoria, atención, planificación, etc., realizando una evaluación sistemática de las mismas.
Lleve un estilo de vida sano.
Realice ejercicio físico periódicamente.
Evite situaciones de estrés emocional y tenga una vida relajada que le permita disfrutar de las actividades de ocio.
Mantenga una amplia gama de intereses.
Realice periódicamente ejercicios para mantener su mente activa.

ALIMENTOS QUE AYUDAN

Espinaca, brócoli, cebolla, zapallo, zanahoria, morrón.

Frutos rojos, cítricos, durazno.

Pescados como salmón, atún, trucha.

Aceites de maíz, girasol, oliva, canola.

Almendras, nueces, avellanas.

Carnes rojas con cortes magros.

Cereales y legumbres integrales.

http://www.lanacion.com.ar/1493865-pienso-luegoque