Jubilación: “inventarse” de nuevo

POR BÁRBARA REINHOLD

Distintas formas en que la gente mayor enfrenta el momento en que pasan a ser la “clase pasiva”

Clarín
4-7-2012

En un mundo en el que lo central es el trabajo, en donde la mayoría de las personas desarrollan sus ocupaciones durante ocho horas diarias y tienen entre dos y tres semanas de vacaciones, la jubilación aparece como un quiebre en la vida a la que se acostumbraba. Al llegar a los 70 años esto ya es un hecho y las incertidumbres frente a una nueva etapa aparecen: “¿Y ahora qué hago?” surge como una pregunta.

La actividad laboral es quizás uno de los modos más importantes de inserción social. La socióloga e investigadora del CONICET Nélida Rodríguez Feijóo en su artículo “Actitudes hacia la jubilación” publicado en la revista de psicología “Interdisciplinaria”, explica: “El trabajo supone un rol activo, productivo, generador de renta, exigencias físicas, psíquicas y sociales, ritmo intenso, obligación, carga, responsabilidad, mientras que la ancianidad supone un rol pasivo, no productivo, receptor de pensión o jubilación, escasa aptitud física y psíquica con exención de obligaciones y responsabilidades”.

Además, sostiene que el retiro obligatorio “basado en la edad deteriora la salud de muchas personas a quienes el trabajo les otorgaba una posición social, satisfacción creativa, relaciones sociales y una elevada autoestima”. Por este motivo, ante la imposibilidad de negociar el cese de la actividad laboral de manera voluntaria, es crucial sumergirse en proyectos que resulten útiles para la persona que transita esta etapa y para la sociedad en general: “Militar en partidos políticos, participar en asociaciones vecinales, en colegios profesionales, en diferentes grupos que comparten un mismo interés, realizar actividades manuales o intelectuales o tareas de voluntariado”, ejemplifica la especialista.

Alfredo Painceira, psiquiatra y rector del Instituto Universitario de Salud Mental de la Asociación Psiconalítica de Buenos Aires (APDEBA), cuenta: “Antes estábamos preparados para tener el primer infarto a los 50 y el segundo a los 60”. Con los avances de la medicina, la expectativa de vida se ha prolongado, de manera que la clave está en aprender a redescubrirse y generar nuevos proyectos: “Muchos se deprimen por terminar con sus actividades cotidianas y no hay quién los ayude a inventarse de nuevo. Se descuidó esa área de nueva gente vieja, sin una ocupación fija, con de repente veinte años de vida por delante”, dice Painceira.

La médica geriátrica, gerontóloga y directora de la Escuela de Ciencias del Envejecimiento de la Universidad Maimónides, Cynthia Mariñansky, explica que en general los adultos mayores que se encuentran con un buen estado físico y psíquico, emprenden nuevos desafíos y se vuelcan, por ejemplo, a disciplinas que les quedaron pendientes o van a universidades en donde hay talleres destinados a este grupo etáreo.

Es cierto que los problemas de salud empiezan a ser más recurrentes durante este período, pero no en todos los casos. Mariñansky señala que en algunos adultos mayores esto se vuelve el centro de sus vidas, una actitud que no es la ideal y que debería ser desplazada por la reconexión con un proyecto. Además, expresa: “La séptima década tiene la particularidad de que si bien es una edad avanzada, el deterioro es menor y todavía se encuentran muy íntegros. En cambio, en la octava existen mayores limitaciones y esto, por supuesto, condiciona”.

La muerte llega, en diferentes etapas de la vida, a todos los seres humanos. ¿Cuál es la percepción, en cuanto a esto, durante el inicio de la tercera edad? Mariñansky sostiene: “La mayoría no lo verbaliza. Sabe del fallecimiento de terceros, pero no es consciente de su propia muerte y hay una suerte de mayor serenidad, de menos ansiedad, de decir ‘ahora me puedo dedicar a mí’”.

Actualmente, los 70 años aparecen como una oportunidad para animarse a nuevos proyectos y, por sobre todas las cosas, para disfrutar, como dice Walt Whitman, del vértigo que provoca tener la vida por delante.

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