Otros tiempos, otros abuelos

El presente y el futuro ofrecen ahora nuevas oportunidades para los mayores retirados, aunque no dejen de gozar junto a sus nietos

Editorial de La Nación
Miércoles 20 de junio de 2012

EN una sociedad que se transforma de la manera vertiginosa que se observa en nuestro tiempo, no asombra que las conductas humanas se modifiquen en períodos cortos. Es el caso de los abuelos, cuando comparamos usos y costumbres, de antes y de ahora.

Desde luego, los cambios no son uniformes y, en buena medida, los juicios comparativos que se emitan no poseen validez general. Por lo común, nuestra atención se proyecta hoy sobre los modos de actuar de los abuelos que viven en las ciudades, que crearon en su juventud una familia de pocos hijos, cuyos estudios supieron alentar y que, a su vez, fundaron un hogar y tienen actividad laboral como sus cónyuges.

La generación de los nietos está insertada en ese cuadro, en el cual -como es notorio- los años de la vida humana se han prolongado gracias a los progresos de las ciencias médicas y con ello se han ido abriendo inéditas perspectivas más allá de la madurez, que incluyen otras actividades sociales, nuevos aprendizajes y formas de actividad física.

En consecuencia, para la gente mayor hay ocasión de realizar proyectos postergados y enriquecer la experiencia cotidiana con opciones incentivadoras.

Comparativamente, entonces, aquella generación de abuelos que supieron amar los que hoy detentan ese honroso papel, revelan a las claras cuánto han cambiado los modos de ser en el curso de unas décadas. Esto no significa que los abuelos actuales hayan renunciado -ni mucho menos- a ejercer su condición ante los nietos, que los enorgullecen y les dan la oportunidad de reafirmar el sentido de sus existencias.

Lo que ocurre es que los abuelos de este tiempo procuran armonizar el rol tradicional con las nuevas opciones que los convocan.

Por lo tanto, en muchos casos, se desvanece aquella imagen de los abuelos retirados de las funciones a las que se habían dedicado y a quienes el cuidado de los nietos les ofrecían casi una única compensación cuando su horizonte vital se iba reduciendo.

Ahora, presente y futuro ofrecen otras oportunidades, aunque los abuelos siempre gocen de ver crecer a sus nietos y, si es necesario, reemplacen transitoria o permanentemente a sus hijos, ocupados o en trances conflictivos.

En el proceso señalado numerosas variables pueden alterar las conductas. Por ejemplo, el acuerdo con los criterios y demandas filiales, la disponibilidad de medios para efectuar proyectos y el estado de la salud.

En el bosquejo de la realidad descripta se insinúa un hecho importante para destacar: los mayores se acercan, se agrupan, se relacionan con distintos fines. De ese modo se constituyen asociaciones de adultos mayores en que sus miembros dialogan y se entienden con sus pares, disfrutan de eventos culturales y lúdicos, comparten viajes y turismo. Estas formas de participar y compartir constituyen un valioso logro de este tiempo.

En años en que la senectud avanza y otras posibilidades se van relegando, los vínculos con otros abuelos ayudan a vivir, permiten evitar la temida soledad y encontrar una acomodación equilibrada entre el llamado continuo de la vida familiar y el cálido ámbito de la hermandad de los mayores

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