A punto de cumplir 95 años, sigue pintando todos los días e inauguró una exposición

IDES KIHLEN

POR MARIANA ROLANDI PERANDONES

Aunque empezó a los 13, recién expuso a los 82. Sus obras se exhiben en Madrid, Nueva York y Miami

Clarín
4/6/12

“¿Por qué sigo pintando? Porque no puedo dejar de hacerlo ”, responde Ides Kihlen, tratando de explicar una pulsión de vida que excede cualquier razonamiento. Es esa pulsión la que hace que a sus 94 años se levante temprano cada mañana, apure un café negro y se siente en el suelo de su taller. A veces sólo mira y corrige lo que pintó el día anterior, otras comienza a plasmar lo que en sueños se le hizo imagen. Su memoria enciclopédica, intacta, eterna, recuerda cada detalle de lo que la trajo hasta aquí, hasta la copa de champán y sus labios carmín, en una tarde de otoño, un mes antes de cumplir 95.

“A los 13 años les dije a mis padres que quería estudiar en la Escuela Nacional de Bellas Artes.

No tenía dudas, era lo que más quería en el mundo . Las normas de la Escuela me hicieron esperar hasta los 14 y así lo hice… cuando el director Pío Collivadino evaluó mi primer trabajo me puso un 4; cinco años después al mirar mi obra se sonrío –¡era la primera vez que veía su sonrisa! – y me aplaudió. Fue un momento feliz”, cuenta Ides con los ojos brillantes y sin olvidar a cada uno de sus maestros. “Casi de casualidad tomé clases con Walt Disney; también crucé el Atlántico a bordo del buque Eugenio C, para aprender de André Lhote, en Francia. Emilio Pettoruti fue un gran profesor, pero quizás el que más influencia tuvo en mí fue Juan Battle Planes”.

Ides pintó, dibujó e hizo collages, en forma compulsiva, sin pausa. También quemó, rompió y tiró mucho de su trabajo, lo que no le gustaba, lo que no era bueno ante su implacable autocrítica. Nada detuvo su pasión. Ni la crianza de sus hijas Silvia e Ingrid –“las sentaba a dibujar al lado mío y yo no dejaba los pinceles nunca”–, ni su ex marido, ni ninguna otra pareja. “Los hombres dan mucho trabajo y yo no tengo tiempo”, cuenta, entre risas, que le dijo a un periodista (hombre, claro) cuando la interrogó en forma insistente sobre su añejada soltería post divorcio. “Yo tuve mucha vida social. Iba a fiestas, salía con mi hermana, con el padre de mis hijas; pero en algún momento de la noche, mientras todos reían y charlaban, pensaba en mi taller, en el deseo que tenía de estar sola con mis cuadros, con mis pinceles, con las manos llenas de color ”.

En Ides se ve una fresca naturalidad, pero también se vislumbra una mujer introvertida, inmersa en un espacio interno al que nadie tiene acceso. “Nunca quise exponer y mucho menos vender mis amados cuadros. Pero mis hijas lo hicieron por mí… ellas son marchantes de arte y un día, en el año 2000, recibieron en mi departamento a Augusto Mengelle, de la Galería Arroyo, para mostrarle cuadros de otros autores. Augusto descubrió asombrado algunas de mis pinturas y se llevó más de 20. Se vendieron todas”, dice con irrefutable placer.

Y entonces sí, a los 82 años, se volvió famosa. Hoy exhibe en Arteba, en la International Art Fair y en el Arteamericas de Miami, en la Pinta de Nueva York y en la Feria de Madrid. Algunas de sus obras pueden verse en el Museo de La Plata, en el Quinquela Martín, en el Museo de Arte Decorativo; en San Pablo, en San Salvador de Bahía y en el Deutsche Bank neoyorkino, que ha editado libros sobre su colección de Ides Kihlen. Marcela Sarrabayrouse, su nieta, acaba de inaugurar en su galería una exposición de la abuela Ides, “Los juguetes de Marcela” (ver “Su retrospectiva” ). También participa en los remates de Sotheby´s y Christie´s, esos lugares idolatrados en donde sólo algunos elegidos hacen récord de ventas. Dice que ahora puede disfrutarlo. No el dinero –parece no necesitarlo– pero sí el reconocimiento de los otros.

Vuelve a sentarse al piano, su otra gran pasión, para demostrar que además puede ser talentosa componiendo y tocando alguna pieza al azar. Al despedirse, acodada en la puerta de su recoleto departamento de la calle Alvear, confiesa en un suspiro: “ Exponer una obra es desnudar el corazón; es exponerse uno mismo ”.

Su retrospectiva

Marcela Sarrabayrouse montó una retrospectiva de su abuela Ides. Se trata de “Los juguetes de Marcela”, con los cuadros que Kihlen pintó a pedido de su nieta durante los años 70. Caballos, payasos y muñecas del pincel de una experta. En Arroyo 882, hasta el sábado 16.

http://www.clarin.com/sociedad/cumplir-sigue-pintando-inauguro-exposicion_0_712728825.html