La historiadora centenaria

Cuando empezó a investigar, las mujeres no podían entrar al Archivo General de la Nación. A los 100 años, se enorgullece de ser “la biógrafa de Urquiza”.

POR CARLOS A. MASLATON
Revista Eñe

El desgastado cliché que define a una persona como “historia viva” funciona, aplicado a Beatriz Bosch, como una frase pertinente. A los cien años –los cumplió el último 11 de diciembre– esta historiadora es considerada la máxima experta en la vida y obra política del general Justo José de Urquiza, y valorada como su biógrafa más concienzuda. Ni la edad ni los achaques del cuerpo impiden que su mirada esté atenta a la realidad de la Argentina, acaso con el mismo ímpetu con que, a los 20 años, se recibió de docente y, en 1967, se convirtió en la primera mujer en ingresar como Miembro de Número en la Academia Nacional de la Historia. Cada mañana, su primera actividad consiste en desayunar leyendo el diario y, un poco más tarde, se dedica a la lectura omnívora de libros y revistas de actualidad.

Oriunda de Paraná, Entre Ríos, se instaló hace décadas en Buenos Aires, y su amplio departamento es menos un lugar para vivir que una inmensa biblioteca segmentada en habitaciones, con vitrinas que atesoran volúmenes históricos de casi doscientos años, periódicos del siglo XIX, sus propios libros, y estanterías con cientos de textos de su disciplina y de literatura clásica y contemporánea. En el breve pasillo que conduce al living, una de las paredes está monopolizada por un inmenso retrato de Urquiza, con su mirada hierática y el aplomo del que se sabe destinado a perdurar en la memoria de las generaciones venideras. “Hasta que yo empecé a trabajar el tema en la década del 30, de Urquiza no se sabía casi nada, excepto que era el vencedor de la batalla de Caseros”, puntualiza Bosch. “Cuando empecé a investigar en el Archivo General de la Nación, me encontré con un montón de materiales asociados a su figura que me interesaron y sobre los que trabajé durante años en varios de mis libros”. Eran tiempos de mentalidades que ahora se perciben dotadas de una textura antediluviana: las mujeres, cuenta Bosch, no podían acceder a los documentos del Archivo sino en calidad de copistas. Ella, en su rol de investigadora, logró quebrar esa restricción. “Cuando visité el Archivo General por primera vez, tuve que presentar una nota al Ministerio de Educación pidiendo permiso para poder trabajar con los documentos”, detalla.

Su interés profesional por el período denominado “Organización Nacional”, obedeció a que “era un tema sobre el que no se había investigado prácticamente nada”. En 1852, con la batalla de Caseros y el derrocamiento de Rosas, se inició un período marcado por la búsqueda de una nueva forma de articulación entre las provincias y Buenos Aires. Enfrentamientos y rebeliones mediante, se fueron sentando las bases de la organización de la unidad nacional. En marzo de 1854, Urquiza asumió como presidente de la Confederación Argentina. Para Bosch, la figura del militar entrerriano sigue siendo la de un dirigente al que se le ha retaceado el reconocimiento a su aporte institucional. “Es el primer presidente elegido según la Constitución de 1853, y no se lo trata como corresponde: como presidentes, se resalta a Mitre o a Sarmiento, y a él se lo relega a un segundo plano”, dice, con indignación atemporal.

Con apenas 20 años, Bosch egresó como profesora de enseñanza especial en Historia y Geografía en la Universidad Nacional del Litoral. En simultáneo con su labor docente, costeó de su bolsillo la publicación de sus primeros tres trabajos historiográficos y recibió, también, la ayuda de sus colegas Francisco de Aparicio y José Luis Busaniche, quienes impulsaron la difusión de sus textos. Mientras se desempeñaba como docente en el Instituto del Profesorado Secundario de Paraná, continuó con sus investigaciones y la buena recepción crítica de su libro Urquiza Gobernador de Entre Ríos (1940), la situó como un referente en su disciplina.

Su opus magnum , Urquiza y su tiempo (1971), es una investigación monumental –supera las 700 páginas– que, según afirmó en una ocasión, implicó treinta años de trabajo. Ahora, a la distancia, tiene una medida más ajustada de aquel desafío: “En honor a la verdad, no puedo medir cuánto tiempo me insumió escribir ese libro. Hoy siento que me ha llevado toda la vida”, confiesa.

Su meticulosa dedicación de investigadora –estima que es autora de más de un centenar de estudios académicos– no la inmunizó contra los detractores: “Todos mis trabajos sobre Urquiza fueron bien aceptados entre mis colegas de Buenos Aires. En Paraná, en cambio, me descalificaban diciendo que todo lo que yo había publicado no era novedoso, que otros ya lo habían dicho”, reconoce Bosch. Pero aclara, sin falsa modestia: “Eso sí: nadie pone en duda que soy la biógrafa de Urquiza”. Su libro Los tratados de Alcaraz (1956) se editó con una década de demora, por razones éticas que Bosch recupera con absoluta claridad, como si el hecho fuera reciente: “Tomé la decisión de retirar el original porque el historiador Emilio Ravignani, que iba a publicarlo, fue cesanteado en su cargo docente durante el gobierno de Perón”, rememora.

En 1967 Beatriz Bosch ingresó como Miembro de Número en la Academia Nacional de la Historia. Ha sido galardonada con los premios Fundación Konex, Pluma de Plata del Centro Argentino del Pen Club Internacional, Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores y Primer Premio Nacional de Historia de la Secretaría de Cultura de la Nación, entre otros. Sobre el final de la charla, preguntará: “¿Por qué han venido a verme?”. Sus problemas auditivos soslayarán la respuesta que habla de un homenaje a su trayectoria. Con un brillo irónico en sus ojos, deslizará: “Ah, ya sé. Han venido porque tengo cien años”. Las risas instantáneas funcionarán como inmejorable despedida.

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