¿Cuánto más mayores, más felices?

¿Se deprime con cada cumpleaños? ¿Teme envejecer? ¡Anímese! Las investigaciones indican que las personas mayores son más felices que las jóvenes y sufren menos estrés y depresión. Con la premisa -como a cualquier edad- de tener resuelto el trinomio básico: salud, dinero y afecto

04/05/2012 –
La Vangaurdia
Mayte Rius

¿Cómo calificaría su grado de felicidad actual? ¿Y el que tenía, tiene o tendrá a los 30? ¿Y a los 70? ¿Cómo cree que se sienten las personas de esas edades? Un equipo de investigadores de la Universidad de Michigan, en Estados Unidos, planteó hace algunos años estas cuestiones a medio centenar de personas con unos resultados curiosos: los integrantes del grupo de mayores de 60 años se declararon más felices que los que aún no habían cumplido los 40, pero a la hora de valorar cómo creen que se siente la gente en función de la edad, todos los participantes se mostraban convencidos de que las personas son más felices a los 30 que a los 70. ¿Por qué este desajuste? Quizá porque nuestra sociedad entroniza la juventud como un valor en sí mismo y asocia envejecer con deterioro y problemas. Pero los resultados de los investigadores de Michigan no son una excepción. Existen muchas y muy diversas investigaciones que demuestran que las personas mayores –principalmente por encima de los 70- son más felices que las jóvenes.La psicóloga LauraCarstensen, de la Universidad de Standford (California), pidió a personas de entre 18 y 90 años que llevaran un diario de vida enfocado en sus estados emocionales y descubrió que la frecuencia con que jóvenes y mayores experimentaban emociones positivas era muy similar, pero los mayores experimentaban menos emociones negativas. Además, comprobó que en las personas mayores los estados positivos duraban más y los negativos menos; es decir, que con la edad las personas se recuperaban antes cuando se sentían tristes y cuando estaban alegres les duraba más tiempo.

¿Cómo es posible que con todo lo que conlleva envejecer, los mayores se sientan más felices? Los investigadores apuntan algunas teorías que, combinadas con la opinión recogida entre personas que superan la setentena y otras que trabajan con mayores, podrían resumirse en que las personas mayores son más felices porque son más sabias, porque disponen de más herramientas y estrategias cognitivas y emocionales para afrontar la vida, incluidas sus dificultades. “La clave es la experiencia, porque la vida es una gran escuela: se aprende viviendo”, declara J. A., de 90 años.

Claro que cada persona es única y cualquier generalización yerra. Y, tenga la edad que tenga, una persona será más o menos feliz en función de sus circunstancias, sus condiciones de vida y su personalidad. “Hay personalidades, tipos de persona, entornos, procesos biológicos, aprendizajes, que condicionan el desarrollo psicológico de cada cual, y eso influye, es tu bagaje con 20, 40 o 70 años”, apunta Purificación Sierra, especialista en psicología evolutiva y del desarrollo y profesora de la Uned.Ricardo Moragas, director del grupo de investigación en envejecimiento del Parque Científico de la Universitat de Barcelona (UB), señala que “envejecer es un proceso vital al final del cual, si hay salud, dinero y amor, todo es maravilloso; si no, no; con la edad tu organismo va acumulando desgaste y experiencia y, si el desgaste es mínimo, la vejez puede ser placentera”. Subraya que “la gente, de mayor, es tan limitada o tiene tanto potencial como tenía al nacer, pero durante el proceso ha acumulado experiencias y frustraciones; la personalidad no cambia, pero las reacciones del individuo sí, fruto de la experiencia”.

Y esa parece ser una de las claves de la mayor felicidad que confiere la edad, la forma de reaccionar. L.P. no tiene ninguna duda de que hoy, a sus 73 años, se siente más feliz que cuando tenía 30, y aduce varias razones para ello: “Me conozco más y con ello evito determinadas reacciones irracionales y absurdas; por otra parte, esa actitud de lucha básica que mantienes en la vida a partir de la adolescencia, desaparece a partir de cierta edad y de esa forma puedes disfrutar de cosas que antes vivías de forma más tensa y conflictiva”. La investigación de Laura Carstensen sobre los diarios emocionales evidenció que los jóvenes tienen más preocupaciones y los mayores aprenden a evitar situaciones que los hagan sentirse tristes o estresados, al tiempo que resisten mejor los comentarios críticos y se enfocan más en lo positivo, justo al contrario de lo que hacen quienes tienen menos edad. M. R. cree que el tener menos preocupaciones tiene que ver con que, a los 73 años, “la vida ya la tienes hecha”, pero J. A. está convencido que la clave está en que “con la edad aprendes a ver venir los problemas y a esquivarlos para no hacer las cosas más difíciles, que la vida ya es de por sí complicada”.

Y es que la experiencia es un grado. ¡Y muy elevado! “Te hace ver las cosas de forma diferente y, en general, mejor”, asegura Carme Triadó, coordinadora del grupo de investigación en gerontología de la Universitat de Barcelona. Explica que, a medida que nos hacemos mayores, buscamos recursos para ser lo más felices posible y adaptarse a las nuevas circunstancias y condiciones que impone la edad, como prueba el hecho de que casi todas las personas están encantadas de vivir más. “Ejemplo de este cambio de perspectiva es que, mientras pueden ejercer su actividad diaria sin depender de otros, los mayores te dicen que tienen buena salud, aunque luego descubras que toman diez medicamentos diferentes; o cómo disfrutan de sus nietos de forma más relajada de como lo hicieron con sus hijos, valorando lo que consideran importante”, dice Triadó.

Purificación Sierra apunta que, al envejecer, se producen cambios emocionales y cognitivos y la persona ajusta sus recursos para maximizarlos. “Las herramientas intelectuales trabajan de forma diferente respecto a la época de maduración o expansión de la persona; la experiencia hace que nos fijemos en lo que es importante de cara al futuro, no en lo más inmediato”, explica. Y añade que esa misma experiencia también hace que se gestionen de forma más equilibrada las emociones: “los mayores han aprendido con los años qué emoción acompaña mejor a cada momento y no tienen tantos picos de alegría incontrolada o de tristeza acusada; y son más equilibrados cuanto más lo es el entorno en que viven, cuando tienen apoyo y recursos emocionales y su calidad de vida es buena”.

Pura Díaz Veiga, psicóloga y vocal de Ciencias Sociales dela Sociedad Españolade Geriatría y Gerontología (SEEG), coincide en que la experiencia se nota mucho en las emociones y las reacciones: “Con la edad acumulas experiencia y trayectoria, sabes mejor cómo eres, cómo funciona tu cuerpo y cómo funcionas tú emocionalmente; tienes más destreza para encajar la situaciones negativas y las afrontas aceptándolas, no enfrentándolas de forma directa y tratando de resolverlas”. Agrega que esta habilidad es muy importante “porque cuando eres mayor pasan muchas cosas y en poco tiempo: pérdida de salud, de personas próximas, de estatus social… y la mayoría se adapta a ello de forma relativamente saludable”.

Hay quien califica como conformismo o resignación esta capacidad de adaptación de los mayores. Pero los expertos consultados aseguran que el conformismo de las personas mayores no es algo negativo, si no que tiene que ver con que son más selectivas. “Durante una parte de la vida no sabemos diferenciar lo que es importante de lo que no y peleamos todas las batallas, entre otras cosas porque tenemos una imagen de nosotros mismos como invulnerables; pero con la edad, uno tiene mas claro que el tiempo es limitado y los recursos también, y escoge los aspectos de la vida que considera cruciales pelear y deja de lado el resto de batallas”, la profesora de Psicología Evolutiva de la Uned.

Claro que aunque la experiencia ayuda a frustrarse menos, a apreciar lo que se tiene y a disfrutar de los pequeños detalles que producen bienestar, “también hay quien se estropea con la edad”, en palabras de Ricardo Moragas. En su opinión, en ello incide mucho la pareja, el ambiente en el que se convive y qué se hace tras la jubilación. “Orientamos a los niños para elegir escuela, para decidir sus asignaturas de secundaria, para escoger estudios universitarios o para insertarse en el mundo laboral, pero al jubilarte nadie te dice qué va a pasar, y es una etapa clave”, apunta. Y recuerda que, aunque no se hable de ello, hay una elevada tasa de suicido posjubilación.

Con todo, el informe anual dela Asociación PsicológicaAmericana(APA) que evalúa los niveles de estrés de la población a lo largo y ancho de Estados Unidos indica que las personas mayores declaran tener menos estrés que los jóvenes, se muestran más satisfechos con su vida, y expresan menos irritación, ira, depresión o tristeza como resultado del estrés. En Europa, un reciente estudio realizado por la Universidad de Luxemburgo yla de Würzburg(Alemania) sobre la relación entre la edad y los factores que conducen a la depresión indica que el grado de satisfacción con la vida es mayor en las personas de más de 63 años y tienen menos pensamientos negativos.

Algunos expertos subrayan que, para que sea así, es fundamental tener un proyecto vital, se tenga la edad que se tenga. Díaz Veiga lo llama el plan B: “Las personas positivas crean estrategias para continuar haciendo lo que les gusta en la vida; se ha visto con personas que disfrutan leyendo y que, al perder la vista, buscan alternativas para seguir haciéndolo; tener un plan B, no quedarse parado si no se pueden hacer las cosas de igual manera, es un predictor de envejecer con éxito, de seguir disfrutando”.

Esto lo tiene clarísimo L. P. “Sartre dijo que la vejez es la pérdida de la curiosidad y yo estoy de acuerdo con el matiz de que hay viejos de 20 años y jóvenes de 80”. Y apunta, que en su caso, el plan B está resultando en ciertos aspectos más intenso y fructífero de lo que hubiera sido el A. “De mayor estoy haciendo cosas que de joven no sabía, como pronunciar conferencias o realizar documentales, y estoy seguro de que además las hago mejor que si las hubiera intentado con 30 años, porque mi inteligencia es ahora más clara y más nítida y me sorprende ver cómo me vienen a la memoria cosas que aprendí a los 15, los 20 o los 30 años que me ayudan a resolver un problema actual”, confiesa.

Muy lejos de la resignación

Hay quien opina que si los mayores se muestran más felices que los jóvenes es porque se conforman con menos, porque viven resignados a su vejez. ¡Nada más lejos de la realidad que nos han transmitido las personas a quienes hemos entrevistado! Lo que sí cuentan es que su perspectiva de las cosas ha cambiado con la edad y algunas las ven diferentes. Estos son algunos de los cambios que aprecian:

Menos preocupaciones: no tienen tantas incógnitas por resolver; su vida presenta menos incertidumbres si tienen resultas las necesidades básicas a nivel económico y afectivo.

Mayor disfrute: su vida ya no se plantea en términos de lucha y conquista. La experiencia permite ver venir muchos problemas y esquivarlos. Resulta más fácil elegir y apostar por las cosas que hacen disfrutar.

Más equilibrio: se conocen más y se dejan impactar menos por el entorno o el ambiente. Son menos permeables a las críticas, las vanidades o las alabanzas.

Mayor adaptación: relativizan los problemas y han aprendido a controlar mejor el dolor o la frustración.

Más sabiduría: el material acumulado a lo largo de los años es una fuente inagotable de recursos para encarar y resolver problemas del presente.

Más selectivos: la experiencia hace que resulte más fácil distinguir lo realmente importante de lo inmediato y, así decidir qué aspectos son verdaderamente cruciales como para batallar por ellos, pelear todas las batallas.

http://www.lavanguardia.com/estilos-de-vida/20120504/54287616775/cuanto-mas-mayores-mas-felices.html