Elsa, la “vieja chiflada” que a los 87 años sigue enseñando a bailar

POR FERNANDO SORIANO
Es coreógrafa y armó un ballet para alumnas que tienen entre 40 y 90 años

Clarín
29-4-2012

No sé si vas a poder. Pero te quiero pedir algo. Por favor, tuteame”. En ese ruego pareciera ir todo su espíritu. Mientras lo pide, las manos de Elsa Agras imitan la postura de la súplica, aunque en realidad llevan a su boca un tazón lleno de café con leche. Podría ser una de sus bromas, porque enseguida esta mujer de casi 88 años descubre su sonrisa adolescente. Tal vez haya una injusticia: Elsa es noticia porque enseña y dirige un ballet para señoras que nunca bailaron, porque se mueve solita y su bastón, cuando la mayoría de las personas de su edad, si viven, ya no suelen estar ni por asomo tan activas. Pero más allá de lo llamativo de la relación edad–actitud, lo notable está en su filosofía de vida, en la luz que irradia al hablar, al reír, al contar una anécdota, al plantarse ante una sociedad que la mira con ternura, admiración, compasión o desconfianza pero (casi) siempre con un toque de extrañeza.

“Soy una vieja chiflada”, provoca, aunque sólo es una mujer joven de muchos años.

Elsa toma muy despacio su merienda y cuenta que siempre le gustó el ballet, pero que sus padres sólo le permitieron enseñar. A eso se dedica esta mujer desde los 16 años, con una prolongada interrupción en el medio, provocada por un divorcio y una mudanza (“en esos años me mutilé”, metaforiza). “Hasta que un día me levanté y dije: ‘quiero armar un ballet con gente que siempre haya querido bailar y nunca haya podido’”, cuenta.

Así fue que hace 17 años armó el Ballet 40/90, para señoras del rango de edades que simbolizan los números, que quisieran sacarse el gusto, expresarse y -como dice Elsa- liberarse. Empezó con dos alumnas. Hoy tiene 58. “Todas unas viejas atorrantas”, ríe. Luego se pone seria: “Con el baile recuperan la libertad. Vivimos en una sociedad opresiva, donde se cree que ser viejo quiere decir no pensar, no hacer. Yo me rebelo contra eso. Y lo hago con humor y jugando. El que no tiene capacidad de jugar no puede enseñar, les hago sacar la sensualidad que todas llevan y tal vez no saben”, resume. Sus alumnas son todas mayores de 50 años. “Y tengo una de 83 que es divina. ¿Sabés lo que me da más bronca? Que en todos lados soy la más vieja”, sobreactúa la queja Elsa, fanática de “Peter Capusotto y sus videos” y admiradora de la legendaria bailarina y coreógrafa alemana Pina Bausch.

Con el Ballet 40/90 puso en escena varias obras. Este año, desde el 2 de agosto en el Teatro Garrick, repondrá “A los hechos, pechos”, una obra –escrita y dirigida por ella– cuyo nombre sintetiza todo. El año pasado Elsa sufrió un accidente que le está impidiendo bailar, pero no suspender sus actividades. “Estuve un mes y medio en cama y traía a mis alumnas, de a 7, a mi casa, al borde de la cama y ensayábamos”, cuenta a las carcajadas y admite que para sus vecinos es “la vieja rara”.

A pesar de la limitación física actual, Elsa no para ni quiere parar. “Me gusta trabajar, eso es libertad, y ser creativo es estar vivo. Pero lo que más me gusta en la vida es aprender. Voy a cumplir 88 y tengo el privilegio de ser alumna y tener un maestro”, resume, porque hace 11 años que Elsa toma clases de clown. “Eso me cambió la vida, me descubrí a mí misma, aprendés a perderle el miedo al ridículo, a romper con todos los moldes, a jugar con los jóvenes”, teoriza Elsa, aunque al verla no hace falta explicación.

Remarca que “detesta” el mote de “tercera edad” y que se aburre con la gente grande. “La sociedad establece que ser adulto significa ser serio. Eso es mentira. Hay que jugar y desestructurar todo. Empezando por uno mismo”, dice Elsa, antes del último sorbo de café con leche.

http://www.clarin.com/sociedad/Elsa-vieja-chiflada-ensenando-bailar_0_691131007.html