El futuro se construye hoy

La vejez de nuestros padres llega a nuestra vida cuando todavía tenemos mucho que hacer con nuestros hijos. Es natural que en esa encrucijada nos preguntemos “¿cómo queremos envejecer?”. La gerontóloga Graciela Zarebski, autora de los libros “El futuro se construye hoy” y “Padre de mis hijos, ¿padre de mis padres?” abre las puertas a una realidad por la que todos vamos a transitar.

Marcela Luza
Bes magazine

-Se habla mucho de los nuevos viejos. ¿Cuándo aparecieron?

-En este nuevo siglo se está dando un cambio de modelo de vejez. Hasta las últimas décadas del siglo XX, el modelo de vejez que veíamos y estudiábamos desde la teoría era patológico. Analizábamos los problemas del que se jubilaba y ya “colgaba los botines” o “entraba en cuarteles de invierno”, se desapegaba de la vida productiva y se apoltronaba en su sofá para contarle cuentos a sus nietos o enfrentar enfermedades. A medida que se fue extendiendo la longevidad y que se fueron popularizando los emprendimientos en comunidades o instituciones dedicadas a la prevención, fue apareciendo otro modelo de vejez, el de muchísima gente que llega a tener muchos años con una muy buena calidad de vida.

-¿Cómo son estos nuevos viejos?

-La primera definición es que es gente que participa activamente de su vida y también de la vida comunitaria. Como siguen siendo lúcidos van renovando sus proyectos. Son un ejemplo las mujeres que dedicaron su vida a su familia, su casa y sus hijos, y que se agrupan, comienzan a estudiar, aprenden idiomas, computación… Los años que le ganaron a la vida son nuevas oportunidades para concretar sueños o cumplir asignaturas pendientes. Algo muy importante: está comprobado que estos nuevos viejos soportan mejor los achaques del paso del tiempo que los que se sientan a esperar la muerte.

-El hecho de que los abuelos tengan agenda propia debe generar conflictos en los hijos que no están acostumbrados…

-Sí, esta nueva situación requiere todo un acomodamiento familiar. Los hijos crecieron con la imagen de que el abuelo está para cuidar a los nietos. Se generan problemas. El abuelo tiene que aprender a conciliar sus actividades con el cuidado de los nietos, que también forman parte de su enriquecimiento. Pero los que más sufren son los hijos porque ellos tienen la imagen de la viejita con anteojos sentada en la mecedora y les resulta difícil entender que sus padres tienen grupos de amigos, sus viajes, sus diversiones.

-¿Cómo se sienten estos nuevos viejos cuando se los llama “viejo”?

-Es un tema polémico. Yo escribí todo un capítulo de un libro abordando este tema. Todavía hay muchos gerontólogos que opinan que hay que llamarlos “viejos” para no hablar con eufemismos. Yo creo que decirle “viejo” a una persona mayor es ponerle una etiqueta. Es recortar de la persona la imagen que se ve. De todo lo que es su ser, el hecho de tener muchos años es solo una parte, un recorte. Además de viejo es muchas otras cosas, pero sobre todo, sigue siendo un adulto. Por otro lado, a las personas mayores les molesta que le digan “viejos”. Ellos prefieren que se los denomine “adultos mayores”. Reconocen que tienen muchos años, pero no quieren que les digan “viejos”.

-Las distintas maneras de llamarlos que se escuchan en los medios de comunicación y en la calle, como “tercera edad”, “jubilados”, “gerontes”, “septuagenarios” ¿esconden un sentimiento peyorativo hacia la vejez?

-Absolutamente. La cultura y la ciencia misma nos dicen todo el tiempo que luchemos contra el envejecimiento. Hay una exaltación de la imagen lozana, fresca y juvenil que va en contra del paso del tiempo. En la medicina hay una corriente llamada “anti age”, que si bien tiene propuestas interesantes, como hacer actividad física o cuidarse, parte de un lema antienvejecimiento. Por eso, me pareció muy loable la acción de un laboratorio de cosmética que pensó que hay un mercado de personas mayores y habló en un momento de productos “pro-age”. Yo adhiero a este concepto.

-Pero esto no solo tiene que ver con la imagen…

-No, la sociedad occidental exalta valores como el eficientismo, la productividad, la competencia…. Todo eso va en contra de los valores que pueden ofrecer las personas mayores. La gente más joven está muy tensionada por sus obligaciones y compromisos y se siente perturbada por ese “viejo” que camina más lento, que pregunta mucho, que se toma su tiempo para tomar decisiones…A la gente joven los viejos les molestan por dos razones: por un lado, el viejo interrumpe su paso rápido, pero también -al actuar como espejo anticipado de su propia vejez- le lleva a preguntarse “que estoy haciendo yo con mi propia vida”. Esto es lo que a mí más me interesa del envejecimiento.

-¿A qué se refiere?

-A lo que le pasa a la gente de mediana edad respecto a la perspectiva de llegar a viejo. Un punto central en mi último libro trata sobre este tema. Porque la imagen de estos nuevos viejos nos permite replantearnos qué tipo de vejez vamos a tener. Todos los temores y los prejuicios que tenemos con respecto a la vejez salen a la luz cuando nos enfrentamos al envejecimiento de nuestros padres.

-En el libro usted propone que uno puede diseñar su propio modelo de vejez. ¿Cómo se hace en la practica?

-En la universidad, hacemos grupos preventivos de mediana edad para proponerle a la gente ir reformulándose, ir cambiando. Por ejemplo, si una persona de mediana edad tiene miedo de tener una vejez solitaria, debería plantearse hoy cómo está armando sus vínculos. ¿Se está apoyando en una sola persona y cuando la pierda va a quedar sin red de contención? ¿Tiene amigos? ¿Tiene grupo de pares? La idea es repensar las propias trabas y trabajar para ser una persona flexible. El narcisismo es un obstáculo para un buen envejecer.

-Hay muchos adultos que creen que ya son de una manera determinada y que no van a cambiar…

-Ese es el principal factor de riesgo para el envejecimiento. La vida nos demuestra todo el tiempo que tenemos que cambiar. Trae pérdidas, éxitos, fracasos… eso nos obliga a una gimnasia de transformación, de cambio de roles…Una ama de casa que puede asumir el rol de alumna en un curso está haciendo un giro muy importante en su vida.

-Cada vez hay más propuestas para la gente mayor…

-Sí, es infinita la cantidad de cursos y actividades que hay en universidades o centros comunitarios. Es muy importante que la gente encuentre un lugar propio. Desde el punto de vista psicológico hasta hace poco se creía que lo que uno había armado y vivido de chico y de joven era determinante en la vida. Hoy se sabe que no es determinante y que se puede cambiar, crecer, hacer nuevos vínculos, modificar estructuras. Es fundamental que la gente mayor se acerque a otros de su misma condición, en lugar de estar tan pendientes del espacio que les asignan sus hijos o sus nietos. Poder armar nuevas redes, grupos de pares, grupos intergenereacionales, es muy gratificante.

-Muchos adultos mayores rechazan estos grupos porque piensan que se van a encontrar con viejos…

-Ese es un prejuicio. Hay muchísimos grupos diferentes, casi para todos los intereses. Los coordinadores están cada vez más capacitados para ofrecer propuestas interesantes y renovadas. En los grupos se aprenden oficios, idiomas, se baila, se arman excursiones y se comparte la problemática común. Lo importante es que la gente siga buscando, que no diga “ya está”, “lo mío ya fue” “ya no hay nada para mí”. Una persona que dice eso seguramente vivió apostando todo a algo que perdió y entra en un estado de nostalgia.

-¿Cuáles son los grandes enemigos de un buen envejecimiento?

-Es importante mantenerse activo física y mentalmente, pero lo más importante es ser flexible para aceptar las pérdidas y poder reformularse. La mayoría de la gente lucha y trabaja para llegar a algo en la vida, no importa qué: tener una familia, un espacio de poder, un puesto en una empresa… ¿Qué pasa cuando se apostó todo a algo y se pierde? La pregunta del millón es ¿cuánto se la cree uno? Todos los globos se pinchan tarde o temprano y tenemos que estar preparados. ¿De qué modo? Cultivando nuestro ser, más que nuestro tener. Preparando nuestra “Reserva Humana”, como planteo en mi último libro.

Graciela Zarebski es doctora en Psicología (Universidad de Buenos Aires). Directora de la Licenciatura en Gerontología y de la Especialización y Maestría en Psicogerontología, Universidad Maimónides. Profesora Titular de Gerontología en la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Autora de ”El futuro se construye hoy” y “Padre de mis hijos, ¿padre de mis padres?”, ambos de Editorial Paidós.

Y vos, ¿cómo querés envejecer?

http://besmagazine.com.ar/?p=556