Pragmatismo saludable

La cumbre de la Organización de las Naciones Unidas que el año pasado se celebró entre el 16 y el 19 de septiembre en Nueva York puso en negro sobre blanco lo que los médicos advierten desde hace tiempo: las grandes epidemias de este siglo no son causadas por virus o bacterias, sino por trastornos no transmisibles, como la diabetes, algunos cánceres, los problemas mentales y las cardiopatías. Distintos estudios indican que estas patologías le cuestan a Estados Unidos, por ejemplo, alrededor de un séptimo de su PBI. Es más, se calcula que los costos de los males cardiovasculares -principal causa de muerte en la mayor parte del mundo- se triplicarán para 2030. Algo similar ocurrirá con la diabetes tipo II.

Por Nora Bär | LA NACION
Martes 07 de febrero de 2012

El panorama es tan amenazante que ya hay quienes lo califican de “tsunami sanitario”. Pero lo verdaderamente llamativo es que la principal estrategia que puede ayudar a prevenir una parte sustancial de esta constelación de enfermedades no requiere grandes inversiones ni medicaciones carísimas, sino un cambio en el estilo de vida. Sencillamente, adoptar una dieta sana y hacer actividad física.

Parece sencillo, pero por múltiples razones -que van desde adaptarse a los horarios de atención médica hasta vencer prejuicios culturales- para muchos atravesar la puerta del consultorio para recibir consejo de un especialista es casi una tarea imposible. De modo que si el paciente no va al consultorio, el consultorio tiene que ir al paciente. Es una elogiable iniciativa de promoción de la salud. Y de saludable pragmatismo.

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