Cuando el arte es una “enfermedad” que no cura el paso del tiempo

Por Alex Needham

Yoko Ono a los 79, Lucian Freud hasta los 88 y varios argentinos muestran que el genio sigue vivo.

Traducción: Joaquín Ibarburu – 23/02/12
Clarín

Yoko Ono acaba de cumplir setenta y nueve años. En junio viajará a Londres para inaugurar una retrospectiva, que mostrará lo que hace en estos momentos. “Mi trabajo mejora. Eso espero”, dice. “De lo contrario, ¿para qué hacerlo?” Ono, una entusiasta de Twitter –“es casi como un haiku, pero comprende a otros en un acto participativo”– se niega hasta a reconocer el concepto de edad. “Hay gente que es vieja a los dieciocho años y otra que es joven a los noventa. No se puede definir a la gente por lo que la sociedad determine como su edad. El tiempo es un concepto que crearon los seres humanos”.

No es la única que desafía la convención de que los artistas alcanzan su apogeo en la juventud o a la mediana edad y luego se van desvaneciendo. El 9 de febrero la National Portrait Gallery (NPG) de Londres inauguró su muestra de retratos de Lucian Freud en la que se exponen trabajos que éste realizó hasta su muerte, a los ochenta y ocho años, en julio de 2010. El crítico de arte Martin Gayford, cuyo retrato pintó Freud, dice que la muestra de la NPG corrobora que, en lugar de disminuir, las dotes del artista se intensificaron con la edad. “El nivel va subiendo de sala en sala hasta que se llega al final, donde parece estar en su mejor momento” .

“Lucian pintó todos los días durante más de setenta años”, destaca Gayford. “Dedicó más tiempo que cualquier otro artista a tratar de pintar al óleo la carne, la piel y la vida humanas, por lo que acumuló una experiencia y capacidad de observación muy profundas. Si se conserva la energía, la ambición y el deseo de crear una nueva pintura al día siguiente, se mejora.” A los 76 años Woody Allen está nominado a un Oscar por Medianoche en París , y a los 78 Roman Polanski recibió una ola de elogios por su última película, Carnage . Mientras tanto, Leonard Cohen, que tiene 77 años, ocupa el segundo puesto en los charts de discos.

“Muchos de ellos vienen de la cultura joven revolucionaria de la posguerra”, dice Andrew Male, subeditor de la revista de cultura popular Mojo, que puso a Cohen en su última tapa. Si bien esa generación domina la cultura desde los años 50, a sus integrantes no siempre se les permitió envejecer bien. “Tuvieron una crisis en su tercera y cuarta década, los punks los atacaron y luego, en la década de 1980, se vieron obligados a incorporar percusión sintetizada en los discos.” Agrega que la cultura del iPod y las bajadas online hacen que ahora la gente escuche a artistas nuevos y viejos. “Quienes compran música se inclina por lo último, pero no excluye a los músicos que tienen 60, 70 y hasta más de 80 años. La idea punk del ‘fuera, abuelo’ ya no existe.” No todos piensan igual. En un ensayo en la revista Granta, el novelista John Barth (81) señala que la fuente de su inspiración se ha agotado. Lo discute Edmund White, de 92: “Barth tiene una posición económica muy holgada. Debería deshacerse de los escritorios, escribir en un tren y regalar todo el dinero. Así se vería obligado a escribir por dinero, como nos pasa a todos los demás, y de inmediato encontraría la inspiración necesaria.” El pintor David Hockney (74) ha reforzado su importancia para la era moderna al trabajar en iPads y en iPhones. “Los artistas plásticos tienen eso a su favor, dice White. “Siempre pueden usar nuevas técnicas para renovarse.” Ono piensa que el trabajo mantiene vivos a los artistas: “Da Vinci siempre fue bueno, pero en sus últimos años fue increíble. Lo mismo pasó con Picasso. Algunos artistas mayores se fueron rápido al sentir que ya habían trasmitido su mensaje y que podían irse, pero otros no sienten que ya hayan hecho suficiente y siguen viviendo.”

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