¿Merece la pena ser anciano?

Todos queremos vivir más, pero a veces nos preguntamos ¿para qué? Esta pregunta la hacemos ahora, en nuestros días, porque en épocas anteriores nuestros ancianos eran venerados, cuidados, respetados y admirados. Sus consejos tenían gran valor para nuestro futuro, queríamos hablar con ellos para que nos aconsejaran. Pero ahora estamos comprobando con bastante frecuencia en los medios de comunicación que no sólo no son respetados, sino que, en muchas ocasiones, son maltratados.

Por Jacinto Bátiz, jede del Área de Cuidados del Hospital San Juan de Dios de Santurce (Vizcaya)
EntreMayores
27.01.2012

Nuestra sociedad, que ejercita el culto a la juventud, arrincona a los ancianos, considerados clase pasiva, incluso por las instituciones, y se les regatea la cantidad de unas pensiones ganadas a pulso, y empieza a quebrar el contrato familiar que garantizaba el cuidado de una generación por sus descendientes. Las personas de edad pierden derechos cada día y ganan vulnerabilidad y abandono.
La doctora Elisabeth Kubler Ross escribía en uno de sus libros: “Las personas mayores, al final de sus vidas, necesitan un contacto físico, que les toquemos, alimentemos, que les mimemos, limpiemos, les visitemos… con dulzura”.
A veces, y no pocas, el anciano se encuentra solo, incomunicado. Es marginado laboralmente ya que le jubilan. Familiarmente también es marginado, le abandonan, no cuentan con él; antes decíamos: abuelo, ¿dónde quiere ir de vacaciones con nosotros?; ahora, decimos sin contar con él: ¿dónde dejamos al abuelo para ir nosotros de vacaciones? Socialmente les llamamos “tercera edad” y también biológicamente es marginado, ya que tiene más posibilidades de enfermar. Por eso, el anciano necesita sentirse acompañado y comunicado. Necesita que se le conozca de una forma profunda en vez de volverle la cara hacia otro lado. Necesita que se le respete, que se le cuide en vez de apartarlo de nuestro lado. Muchas veces viven su “destitución familiar” al dejar de ser considerados miembros activos de la familia, a menudo ignorados y tratados como “trastos viejos” por el desarraigo provocado al abandonar el hogar rumbo a una residencia o a las casas de los hijos.
Los ancianos no son muebles más o menos antiguos y, en las más de las veces, destartalados. Son personas aún con vida, pero además cargadas de mucha experiencia y de recuerdos que no debemos ignorar ni pasar por alto.

http://www.entremayores.es/spa/opinion.asp?var2=Tribunas&var3=%BFMerece%20la%20pena%20ser%20anciano?&nar1=5&nar2=42&nar3=10345&nar5=4