Vacaciones con los nietos, una oportunidad de compartir y conocerse

Irse de vacaciones con los nietos, sin sus padres, puede ser una buena oportunidad para que tanto los chicos como los abuelos compartan experiencias y disfruten del otro sin mediaciones, siempre y cuando ambos estén preparados para el viaje, afirmaron especialistas.

Natalia Concina
Telam
12-1-2012

“Compartir la experiencia y la dulzura de los abuelos en las vacaciones puede ser un buen momento para tejer vínculos imborrables ya que los mayores son grandes transmisores de la historia, las tradiciones y los valores”, dijo a Télam la psicoanalista Laura Orsi.

En referencia a este vínculo, la especialista que además es miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), dijo que “se trata de una relación enriquecedora para ambas partes, ya que por un lado los abuelos tienen la ventaja de disfrutar del amor de sus nietos sin tener los deberes y obligaciones paternales como fijar los límites”.

“Los nietos resultan valiosos acompañantes y permiten que los abuelos sigan sintiéndose vigentes y útiles. Mientras que los chicos gozan y se divierten con los relatos de los mayores, indagan sobre la infancia de sus propios padres y de toda la familia, repitiendo el famoso `contámelo otra vez`”, estimó.

Un componente adicional de la actualidad es que muchos abuelos y abuelas aún se encuentran en actividad, por lo que las vacaciones “suelen ser una oportunidad para estar más cerca y disfrutar un poco más de los nietos con gran tolerancia, afecto y ternura”.

No obstante, Orsi aclaró que “irse de vacaciones solo con un nieto o nieta es un tema que dependerá de la maduración del niño y de la relación familiar amplia. Generalmente lo hacen cuando son adolescentes, a veces un poco antes si la relación ha sido más cercana”.

Por su parte, la licenciada en psicología Eva Rotenberg indicó que “la decisión de que abuelos y nietos vayan solos de vacaciones depende de cada familia, de sus momentos y de su historia”.

“En términos generales diríamos que no es recomendable antes de los dos años, ya que los niños a esa edad recién pueden comenzar a expresarse y reconocer bien a sus abuelos como personas confiables. Pero, insisto, depende de cada familia, porque algunos abuelos crían a sus nietos y están más tiempo que los padres”, agregó.

Lidia Salerno recién se jubilaba cuando su nieto Nahuel, que tenía 16 años le propuso pasar unas vacaciones juntos. “Fuimos a Mendoza que yo no conocía. Cuando llegamos había unas adolescentes en el hotel que me venían a pedir permiso a ver si lo dejaba salir y yo respondía: preguntale a él”, contó a Télam.

“En esas vacaciones hice todo lo que no había hecho nunca en la vida: escalé, hice rafting, salí a la noche, tengo un recuerdo maravilloso”, contó la abuela.

A Mabel Larreategui le costó al principio convencer a su nuera de que la dejara llevarse a sus nietos de Traslasierra (Córdoba) a la Costa Atlántica. “Hace unos años viajé a visitarlos a Córdoba, donde viven. La más grande, Lucía, que tenía once años, me dijo que quería conocer el mar. Primero la mamá no me dejaba. Decía que había mucha inseguridad en Buenos Aires, pero justo en esos días sucedieron tres hechos de violencia en el pueblo y ella aceptó que ´violencia hay en todos lados´, así que armamos nuestros bolsos y nos fuimos a Mar del Plata”, recordó Mabel.

Cuando volvió a dejar a Lucía, sus nietos más chicos reclamaron que querían hacer el mismo viaje. “Al año siguiente me los traje, tenían 7 y 9 años. Fueron súper obedientes. Yo los dejaba hacer de todo, pero cuando decía ´no´, lo aceptaban sin problemas”.

Lo cierto es que la abuela iba a la playa con un silbato. “Si veía que se metían muy profundo les chiflaba como Carlitos Balá. No sólo no se aburrieron, sino que nos quedamos 10 días más en un departamento que me prestaron”, contó.

“Esta estadía sin los hijos puede servir, además, para la pareja a la hora de recuperar momentos de intimidad, siempre y cuando estén tranquilos de que tanto sus chicos como sus padres estarán bien”, dijo Rotenberg.

Distinta experiencia pero igual de enriquecedora tuvo Zulema Galán cuando se fue de vacaciones junto a su esposo y sus nietas de 19 y 21 años.

“Obviamente no es lo mismo que llevar chiquitos porque no hay que estar atenta a determinados cuidados. Pero la experiencia resultó maravillosa porque pudimos hablar de todos los temas sin la mirada de sus padres, entonces sentí que las conocí realmente”, comentó Zulema Galán.

Finalmente, para Orsi la clave del éxito está en que la elección del viaje sea espontánea tanto para los abuelos como para los nietos.

“Algunos abuelos primerizos se angustian al principio por la gran responsabilidad que implica y les cuesta trasmitir la seguridad y confianza que le dieron sus propios hijos. Por eso cuando no hay obligación sino que surge en forma espontánea suele ser mayor la alegría y el placer que se genera durante la estadía”, concluyó.

http://www.telam.com.ar/nota/12848/