Reinsertarse en el mundo laboral después de los 50

El valor de la experiencia
En un entorno de más inestabilidad se aprecian los años

Por Adriana Lauro | Para LA NACION
Domingo 29 de enero de 2012

La vitalidad a los 50, la plena actividad más allá de los 60, y la esperanza de vida al borde de duplicarse en un siglo son datos de una realidad que, sumada a la escasez de brazos para hacer frente al crecimiento económico del país en rubros muy específicos, comienza a fisurar usos y costumbres en la contratación de personal. En ese marco hoy se habilitan puestos a trabajadores mayores de 45 años, que fueron formados en sólidos entornos académicos y en organizaciones más previsibles.

Si exhiben las competencias y el talento suficiente, el mercado aprecia su dedicación, rigor profesional y disponibilidad horaria.

Ana Mabel Pérez fue maestra primaria en el conurbano bonaerense hasta 2002, cuando se jubiló ante el inminente cierre del establecimiento privado en que trabajaba. Desde entonces dio clases de apoyo en su casa y fue secretaria en un consultorio odontológico. En febrero último, la escuela porteña Arlene Fern, con un millar de alumnos matriculados, buscaba una docente con amplia experiencia y le ofreció estar al frente de 2° grado. Aceptó con temor, ya había cumplido los 60.

“No fue fácil incluirme después de un tiempo fuera del circuito institucional y del reconocimiento alcanzado en la escuela en que trabajé 27 años”, afirma. “Me costó en un principio la adaptación a nuevos tiempos, otros compañeros de trabajo y a diferentes franjas de edad. Pero comprobé que el oficio nunca se pierde y tengo la certeza de que no me equivoqué en la decisión”.

Además, Ana disfruta de participar de un proyecto para chicos con capacidades diferentes que le permite renovar aprendizajes en el aula, logró una contratación sin recortes, en blanco, con reconocimiento de su antigüedad y duplicó sus ingresos.

Habituado a moverse con colaboradores batallados, Claudio Rodríguez, director administrativo y financiero de Sinteplast, se muestra satisfecho de incorporar gente que en otras compañías fue dada de baja o jubilada anticipadamente al cumplir los 60. “Nuestra cultura es respetar la capacitación, los conocimientos y la experiencia de la fuerza laboral más allá de la edad. Por ejemplo, en las áreas técnicas están en plena actividad personas que tienen entre 70 y 75 años. Para mí, los de 50 siguen siendo jóvenes.”

Por estos días, varias pymes buscan timoneles experimentados. Los nuevos escenarios de negociación sindical y política que requieren cintura, contactos y peso propio, junto a la necesidad de desarrollar cadenas productivas para ganar competitividad son algunas de las ventajas que el presente habilita a quienes teniendo trayectoria o formación académica indiscutibles fueron excluidos de los circuitos productivos por su edad.

Varios selectores de personal admiten tener entre manos al menos un pedido orientado a profesionales de 45 a 55 años que deseen ponerle el hombro a esos proyectos. Las búsquedas suelen comenzar en LinkedIn y otras redes sociales, lo que permite descubrir a priori el grado de aggiornamiento del postulante.

Un experto en sistemas informáticos, que prefiere mantener en reserva su identidad, relata que estuvo siempre en la línea de fuego de empresas nacionales grandes, pero poco antes de cumplir los 50 la firma en que trabajó 20 años lo despidió. Su competidora lo tomó en un ámbito tan hostil que terminó renunciando, el cuentapropismo no era lo suyo.

Siguió la búsqueda hasta que en 2008, a los 55, lo contrató una pyme brasileña con operaciones en la Argentina. Entró como gerente de producción, dos años después ascendió a gerente general. Hoy, sus aspiraciones terminan donde acaba la imaginación.

En las multinacionales, los hijos dilectos aún son los menores de 40.

Sin embargo, cuando los proyectos industriales se dilatan debido a la falta de mano de obra, muchas giran 180° los requisitos blandos del personal técnico y son frecuentes las búsquedas sin límites taxativos de edad.

Ya sea para captar operarios empáticos con nuevas tecnologías, soldadores senior, carpinteros navales, expertos en motores industriales, en refrigeración, mecánicos de flotas, clarkistas, topógrafos o ingenieros, entre otros, las convocatorias mantienen firmes sus exigencias de experiencia y conocimientos -desde manejo de herramientas informáticas muy específicas hasta fluidez en el idioma mandarín-, pero relajan otras variables.

Fernando, un mecánico con 71 años recién cumplidos, puede dar cuenta de la tendencia. Fue pionero en la reparación de máquinas viales en el país y tuvo su momento de gloria, pero desde fines de los 90 hasta hace un par de años estuvo subocupado. Hoy, sus conocimientos son más demandados que nunca. Reconoce que ya no está para lidiar con una tenaza de porte, pero guarda secretos que los jóvenes pueden transformar en oro si están a su lado brindando energía física. Algunas empresas votan por esta sinergia para capacitar a los suyos sin detener los procesos productivos.

Buenos negociadores En puestos gerenciales, las competencias de quienes peinan canas también se reivindican ahora que se conoce el precio de su alejamiento temprano de las organizaciones.

Pasaron los años en que los negocios fluían calcando políticas corporativas globales. Hoy, la trama es más compleja y el fogueo puede enriquecer la toma de decisiones.

Experto en capital humano, Mariano Dantas agrega que los ejecutivos maduros son hábiles negociadores, solventes para trabajar en equipo, para pilotear tormentas y, en general, tienen gran conocimiento y manejo de las situaciones del país. Su talón de Aquiles suele ser la incorporación de nuevas miradas y formatos en la tarea cotidiana, junto a ciertos límites en cuestiones informáticas.

Las acciones de seducción destinadas a captar en esferas públicas y privadas ingenieros mayores de 50 años se replican en aras de mitigar la falta de egresados más jóvenes de las ciencias duras. Un estudio exploratorio de la Secretaría de la Función Pública sobre la situación laboral del personal científico-técnico de la Administración Pública Nacional próximo a jubilarse, destaca el rol crítico de estos trabajadores para el desempeño de organismos nacionales y para el cumplimiento de compromisos con el exterior. En este contexto sostiene que su alejamiento puede significar la total ausencia de reemplazos o bien recambios precarios.

El problema es reconocido como de máxima relevancia por la mitad de los 157 funcionarios encuestados en la ocasión, mientras que siete de cada diez profesionales con ese perfil están dispuestos a ser recontratados después de jubilarse.

Para Alicia Bertoni, presidenta del Grupo Bertoni -especializado en estrategia y gestión humana-, la flexibilidad en cuanto a las edades está cada día más vigente, pero advierte que de la creatividad individual depende gran parte del éxito de la búsqueda de empleo.

“Aunque es real que en primera instancia se prefiere a los más jóvenes, los directorios suelen aceptar a quienes rondan los 50 años si cumplen os requisitos duros”, estima.

“En cuanto a los términos de contratación, los mayores no deberían victimizarse porque los mismos fenómenos de fragilidad a los que se ven sometidos ellos atraviesan a todos, sólo que a las nuevas generaciones esto no les importa”, cierra

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