Abuelos para todo: ¿dónde está el límite?

Mujeres al final de su carrera profesional que ajustan su horario laboral para cuidar a su nieto; ampas escolares que se transforman en asociación de padres y abuelos¿ La implicación de los abuelos en la crianza de los niños va a más. La crisis lo fomenta

27/01/2012 –
MAYTE RIUS
La Vanguardia

Los abuelos son hoy pieza fundamental para el funcionamiento del país. Lo eran antes –probablemente lo fueron siempre como referente familiar y social–, pero los años de crisis han reforzado su papel y ampliado notablemente sus responsabilidades. Pocos días antes de la huelga general del 29 de septiembre del 2009, algún líder sindical llamaba a los abuelos a sumarse al paro y a no cuidar a sus nietos ese día, convencido de que una iniciativa así dispararía la cifra de huelguistas dado que los abuelos resultan imprescindibles para que muchas personas acudan a trabajar.

Según algunos estudios, en España la mitad de los abuelos cuida a sus nietos a diario, y el porcentaje sube hasta el 70% en los periodos de vacaciones escolares. La encuesta Mayores 2010 del Ministerio de Sanidad y Política Social señalaba que muchos de ellos dedican a sus nietos entre 6 y 7 horas diarias ¡toda una jornada laboral! Hay quienes –como Francisco Muñoz, presidente de Abuespa, la Asociación de Abuelos y Abuelas de España– opinan que estas cifras son engañosas porque se entrevista fundamentalmente a los abuelos que están con los críos en el parque a las once de la mañana, y esos no son todos. Pero basta con pasar por las proximidades de los recintos escolares a la hora en que acaban las clases para darse cuenta de que, en muchos colegios, hay más abuelos o abuelas que padres y madres esperando. Y, sin ser mayoría, también abundan en las salas de espera de los pediatras, de los logopedas o del psicólogo infantil, por citar sólo algunos ejemplos.

La implicación de muchos abuelos en la educación de sus nietos es tal que, en algunas escuelas, las ampas (asociaciones de padres y madres de alumnos) se han reconvertido en asociaciones de padres y abuelos. La primera en hacerlo en España fue la del colegio Solynieve, de Arroyomolinos (Madrid), tras considerar que si hay abuelos que se encargan de controlar los deberes de los nietos, que acuden a las reuniones de tutoría con sus profesores y que escuchan de primera mano lo que ocurre en las aulas o en los patios, deberían gozar de los mismos derechos en el centro que los padres, y participar en la toma de decisiones. En muchas empresas tampoco sorprende ya que, a la hora de organizar la jornada, algunos empleados pidan que les dejen determinada tarde o día libre porque lo dedican al cuidado de su nieto. La cuestión es que hay mujeres en la recta final de su carrera laboral que optan por adaptar sus horarios y atender a los nietos para que sus hijas no hayan de renunciar a su propia trayectoria profesional.

¿Es todo esto lícito? ¿Hasta dónde ha de llegar la implicación de los abuelos? ¿Se abusa del abuelo canguro?

“El límite en la aportación de los abuelos está en la capacidad de los abuelos; en la asociación los tenemos de 42 años y de 97; y los hay que echan una mano puntual o en casos de necesidad, y otros a los que les llevan los nietos el viernes y se los recogen el domingo por la noche porque los padres quieren descansar el fin de semana”, afirma el presidente de Abuespa. Hay consenso entre sociólogos, gerontólogos, psicólogos, geriatras y los representantes de mayores en que el límite para no abusar de los abuelos está en tener en cuenta sus aspiraciones y capacidades, que encargarse de los nietos sea para ellos una actividad placentera y no una carga.

Quienes han investigado el tema y han entrevistado a estos abuelos cuidadores, como la catedrática de Psicología Evolutiva de la Universitat de Barcelona Carme Triadó, aseguran que, en general, disfrutan y se sienten satisfechos de atender a sus nietos. “La mayoría de abuelas se muestran satisfechas porque durante toda su vida han cuidado de la familia y ahora ven el cuidado de los nietos como una prolongación más de su actividad, aunque la respuesta no es la misma si tienen entre 55 y 70 años que si son más mayores”, dice Triadó. Y apunta que la percepción también depende de los planes que cada persona había hecho para su jubilación, y si piensa que los nietos le restan libertad y le impiden disfrutar del ocio y del tiempo libre soñado, la vivencia resulta estresante y, en ocasiones, provoca tensiones en la pareja porque a menudo la abuela está más dispuesta a ayudar a los hijos que el abuelo y este se queja.

De todos modos, la sensación sobre el cuidado de los nietos depende, en gran medida, de la edad de los abuelos, de su estado de salud, de su personalidad, de si se trata de cuidar a uno o a varios, de la estructura familiar, de la relación entre padres y abuelos, de las características del nieto e, incluso, de la distancia geográfica. No hay abuelos ni nietos típicos. “La clave es que el cuidado de los nietos sea voluntario, que el abuelo dedique el tiempo que quiera, y que esté dentro de sus posibilidades para que no se sienta sobrepasado”, enfatiza Francisco Muñoz, de Abuespa.

Pero hay más indicios de que estas premisas no siempre se cumplen y de que hay muchos abuelos y abuelas soportando cargas excesivas, que se sienten utilizados y angustiados. Explican los gerontólogos que cada vez es más frecuente observar el síndrome del abuelo esclavo: una persona sobrepasada, que no ve el cuidado de los nietos como algo placentero sino como una obligación que le provoca estrés, incapaz de manifestarlo, que se siente atrapada porque no se atreve a quejarse a sus hijos por miedo a dañar o romper la relación. Y mencionan varias razones que justifican este exceso de implicación: desde la mayor esperanza de vida, que hace que las personas lleguen a abuelos en buenas condiciones y que la mayoría de niños conozca hoy a todos sus abuelos e incluso algún bisabuelo; hasta la tradición de convivencia de varias generaciones en algunas zonas (sobre todo en el ámbito rural), la proliferación de familias monoparentales o las estrecheces económicas provocadas por la crisis.

Todo ello hace que abuelos y abuelas sean un eslabón esencial en muchas familias –tanto a nivel social como económico– y muchos de ellos tengan la sensación de ser “abuelos para todo” y de tener que cubrir las ausencias de unos padres y madres con escaso tiempo para atender muchas de las rutinas que implica el cuidado de los hijos y que se encomiendan a la figura salvadora de los abuelos para mantener su estatus socioeconómico y su calidad de vida. Eso es lo que pone de manifiesto el estudio Abuelos y abuelas… para todo: percepciones en torno a la educación y el cuidado de los nietos, de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) y la Obra Social Caja Madrid. Sus autores, Ignacio Megías Quirós y Juan Carlos Ballesteros, apuntan que los abuelos son poseedores del bien más preciado en la sociedad actual hiperocupada y sobre estresada, el tiempo. Y en época de crisis, donde los recursos para guarderías y canguros escasean, son la tabla de salvación para muchas familias, algunas de las cuales incluso vuelven a vivir en casa de los abuelos. Después de entrevistar a muchos de ellos, Megías y Ballesteros concluyen que los abuelos aceptan este papel con un triple sentimiento de responsabilidad, disfrute y obligación, y diferencian cuando se trata de ayudar a los hijos por necesidad, porque no tienen otra opción, de cuando los hijos tiran de abuelos para disfrutar de tiempo libre a su costa, lo que consideran un abuso.

Lo cierto es que hay hijos que piensan que hacen un favor a sus padres dándoles ocupaciones para su tiempo, ya sea recoger al niño del colegio, darle de comer o tramitar algún papeleo. “Ese es un estereotipo falso, porque hoy las personas mayores son activas, llegan a la jubilación bien de salud y con proyectos para hacer”, enfatiza Joaquín Ybarra, director de la Escuela Valenciana de la Salud y autor de Mis abuelos me cuidan. Guía para los canguros del siglo XXI (Grupo Editorial ICM). Muchas personas llevan toda la vida esperando a jubilarse para tener tiempo libre para sus aficiones, para viajar, para relajarse, para sus relaciones sociales, y en lugar de ello madrugan para acompañar a los nietos al colegio, hacerles la comida, llevarles al médico, a las clases de música, de inglés… Las justificaciones son muchas, más allá de las económicas. Cuando son pequeños, porque se desconfía de las guarderías o de dejarlos “con extraños”, y cuando tienen doce o trece años porque algunas tardes no tienen clase y son mayores para tener un canguro pero aún pequeños para estar solos. Y a medida que el niño crece, los abuelos envejecen, y con los años acumulan nietos y carga, pero muchos no se atreven a plantarse y lo sobrellevan con resignación. “El abuelo es el abuelo, y puede echar una mano un día, pero no asumir la obligación de la crianza; hay que reforzar la personalidad de las personas mayores, que tengan una vida propia y sigan siendo ellos mismos aunque se jubilen, y no auxiliares de los demás”, enfatiza José de las Heras Gayo, sociólogo y coordinador del programa Madurez Vital, de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (Ceoma). “Los abuelos deben estar para echar una mano puntual y si fallan otras soluciones o hay una situación de necesidad concreta, pero no puede ser que renuncien a su vida para cuidar a los nietos y que los padres vivan más cómodos o ahorren dinero para una casa más grande, cambiar de coche o hacer un viaje”, coincide Muñoz.

La receta, según Joaquín Ybarra, está en mantener una comunicación franca entre padres e hijos para establecer los límites que garanticen una relación equilibrada y saludable para todos: padres, hijos y nietos. “Los abuelos han de tener tiempo de ir al médico, de dormir, de estudiar, de tener relaciones sociales, etcétera, además de atender a sus nietos”, apunta. Pura Díaz Veiga, vocal de Ciencias Sociales y del Comportamiento de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), incide en ello: “La relación ha de ser enriquecedora para todos; las personas mayores pueden ayudar pero no son sólo proveedores de cuidados, han de tener también satisfacciones familiares, hacer ver sus derechos y sus necesidades a los hijos, y tener claro que para cuidar bien lo primero es que ellos estén bien y, por tanto, que se cuiden y tengan tiempo de ocio y de descanso”.

Cuando estas circunstancias no se dan es cuando irrumpe en los abuelos la sensación de angustia y de que los hijos se aprovechan de ellos. Según los expertos, los patrones de abuso son más frecuentes en las zonas rurales –donde la proximidad física de los domicilios hace que algunos niños estén prácticamente todo el día en casa de los abuelos–, y en las familias con necesidades que se llevan más o menos bien. “En general, las abuelas cuidadoras abundan más en el nivel sociocultural medio-bajo, porque en el nivel medio-alto las abuelas tienen más proyectos propios y los hijos más recursos para cuidar a los niños, así que esas abuelas se implican menos, sólo atienden a los nietos de forma ocasional”, resume Triadó. Explican algunos médicos de familia que el síndrome de la abuela-esclava se da entre mujeres de gran fortaleza física y emocional, muy perfeccionistas, con un excesivo sentido del orden y la responsabilidad, que consideran gratificante el trato con sus nietos pero están agotadas y no confiesan su cansancio a sus hijos ni piden ayuda.

La psicóloga Claudia Alberto, de Psicologíaonline.es, advierte que, más allá de la carga de trabajo, los límites a la implicación de los abuelos tienen que ver con la necesidad de diferenciar sus funciones de las de los padres. “Los abuelos han de ser un apoyo; pueden llevar un día al niño al médico si el padre o la madre no puede, pero no por rutina, porque la crianza y la educación es función de los padres, y los abuelos no pueden ni deben sustituirlos; los niños han de percibir que la educación, las órdenes y los límites proceden de sus padres, y de los abuelos lo que han de recibir es afecto, complicidad y confianza”, resume. Y explica que en algunas familias, como los padres han sobreprotegido mucho a sus hijos, ahora estos, al ser padres, no pueden ejercer como tales porque siguen dependiendo de sus propios progenitores y por eso delegan en los abuelos sus responsabilidades. En su opinión, la clave para no abusar de los abuelos es una buena relación basada en el respeto mutuo entre padres e hijos, con una buena delimitación de las funciones de cada uno y un acuerdo sobre los criterios para la educación de los niños. “Y si con la crisis hay que tirar de familia, se trata de no sobrecargar a unos, repartir entre abuelos maternos y paternos e incluso con otros familiares, con una buena planificación para que el niño tenga referencias”, agrega.

Con todo, hay unanimidad entre los expertos consultados en que el contacto abuelos-nietos es muy positivo. La persona mayor aporta afecto, cuidados, tiempo, experiencia, tolerancia, paciencia y otros valores a los nietos. “El abuelo da idea de trascendencia familiar, suele ser un patrón de personalidad en el que se fijan los niños, y su papel es fundamental incluso cuando muere, porque obliga a reflexionar al niño sobre que la figura humana desaparece”, comenta Joaquín Ybarra.

Y también para los mayores el contacto con los nietos es positivo, porque les hace sentirse más vivos y útiles, les estimula y entretiene, se reducen los sentimientos de soledad, aburrimiento y tristeza y les obliga a reciclarse. “Para relacionarse con los nietos hay que aprender a jugar a videojuegos, a mandar un SMS o un correo electrónico, porque si luego quieres influir en ellos, darles consejos sobre amistad, honradez y otros valores de siempre, primero has de demostrarles que no estás obsoleto y que lo que dices no está pasado de moda”, dice el presidente de Abuespa.

Sobre los efectos de la relación abuelos-nietos hay múltiples estudios e investigaciones y con conclusiones para todos los gustos: desde los que apuntan que los niños que pasan todo el día con los abuelos tienen más riesgo de sobrepeso que los que van a la guardería, a los que indican que los adolescentes que viven rodeados de mayores de la familia tienen un mejor comportamiento y una mejor salud mental porque fortalecen sus relaciones. En el caso de los mayores, los informes que aseguran que los abuelos que son cuidadores se sienten más activos y con más apoyo social coexisten con los que apuntan que quienes atienden a sus nietos a tiempo completo sufren más depresión y estrés porque no tienen tiempo para ellos.

Los abuelos aportan…
POSITIVO
• Mimos Los abuelos ofrecen cariño y una ternura especial, un amor incondicional (no tienen las obligaciones de educación de los padres) básico para el desarrollo emocional de los niños, para sentirse queridos y seguros.
• Compañeros de juegos y confidentes Mayores y niños son quienes más tiempo libre tienen, y comparten juegos, charlas, problemas, confidencias…
• Historia Dan a los nietos otra perspectiva del mundo, les hablan de la historia familiar, de las tradiciones, de lo que hacían ellos de pequeños, de cómo eran sus padres… y con ello los niños llenan el vacío entre pasado y presente y ponen en contacto aspectos de diferentes generaciones.
• Valores y estabilidad Las personas mayores enseñan que no todo lo nuevo es bueno ni todo lo viejo malo, asesoran, guían y dan estabilidad al mostrar que los padres confían en sus propios padres.
• Modelo de envejecimiento Con la convivencia, los niños aprenden a relacionarse con los mayores y a valorarlos, a entender cómo actúan y a respetarlos.
• Amortiguación Los abuelos actúan de árbitros en los conflictos entre padres e hijos, sobre todo durante la adolescencia.
• Ayuda Los mayores no sólo ofrecen cuidados físicos a los nietos pequeños, también resultan de gran ayuda en momentos de crisis como una enfermedad, una separación o problemas económicos.
NEGATIVO
• Sermones Los mayores tienen tendencia a sermonear y dar consejos a padres y nietos sin que se los pidan.
• Celos A veces los padres sufren porque los abuelos comparten más tiempo, confidencias y actividades con sus hijos que ellos mismos.
• Angustia Cuando los abuelos se ven sobrecargados por las actividades de los nietos en detrimento de las suyas, se sienten agobiados.
• Conflictos Con frecuencia los criterios educativos de abuelos y padres no coinciden.
• Confusión La educación de los niños es responsabilidad de sus padres, y a veces se crean confusiones o malos enten­didos en cuanto al papel de los padres y del resto de familiares.

http://www.lavanguardia.com/estilos-de-vida/20120127/54245289728/abuelos-para-todo-donde-esta-el-limite.html