El estrés y la depresión duplican el riesgo de ACV

Llevar una vida ordenada, una dieta rica en frutas y verduras, hacer ejercicio tres veces por semana y dejar de fumar son algunas de las conductas que suelen mencionarse para disminuir el riesgo de un accidente cerebrovascular (ACV), también llamado ataque cerebral o stroke. Pero según indicó el doctor Luciano Sposato, Director del Departamento de Neurología de Adultos y Jefe de la Clínica de Neurología Vascular de INECO, existen otros factores de riesgo que deben controlarse y que aumentan de forma considerable el peligro de padecerlo.

Por: Celina Abud
docsalud.com
28-10-2011

El experto, que también se desempeña como director del Centro de Stroke del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, reveló que el estrés y la depresión duplican el riesgo de sufrir un ACV, y que una arritmia, la fibrilación auricular, lo quintuplica. En diálogo con DocSalud.com, también explicó que los ataques cerebrales pueden aparecer a cualquier edad y que se debe reconocer el mecanismo que lo ocasionó para actuar de forma oportuna.
Periodista: ¿Qué factores de riesgo la población reconoce y cuáles no?
Luciano Sposato: Por lo general, la población reconoce que la hipertensión arterial es uno de los factores de riesgo más relacionados al ACV, lo que no es raro ya que ocho de cada 10 argentinos que tuvieron uno son hipertensos. Pero es muy raro que esa misma gente conozca que la diabetes también lo produce, y mucho más extraño aún que sepa que problemas cardíacos pueden causarlo. También desde hace un año y medio se conocen otros factores de riesgo de los que antes no se hablaba, como el estrés, la depresión y una arritmia llamada fibrilación auricular.
P.: ¿El estrés y la depresión son factores de riesgo por sí mismos, o porque el paciente, cuando sufre estos trastornos, adopta conductas nocivas?
L. S.: Es cierto que cuando uno está estresado o deprimido hace menos ejercicio, canaliza la angustia comiendo o fuma, pero también la falta de deporte potencia el estrés, porque no hay forma de canalizar la energía. De todas formas, lo que debe saberse es que tanto el estrés como la depresión duplican el riesgo de ACV, o sea que si uno controla todos los factores de riesgo pero se olvida de manejar estos estados, está perdido.
P.: ¿Cuáles son los mecanismos de estos trastornos relacionados al ACV?
L. S.: El estrés actúa de maneras muy interesantes, se produce una liberación de corticoides endógenos y hormonas como la adrenalina que van produciendo daño en las paredes arteriales, lo que también aumenta el riesgo de tener demencia porque “van erosionando el cerebro”. Así, se pierden neuronas con más velocidad a lo largo de la vida. La única manera de contrarrestarlo es usar técnicas para poner las cosas en perspectiva, darse cuenta qué es importante y qué no lo es, hacer relajación, meditación y respirar.
P.: ¿Por qué la fibrilación auricular es un factor de riesgo?
L. S.: El corazón, cuando funciona de forma normal, late sincrónicamente expulsando la sangre gracias a la transmisión eléctrica que tiene sus circuitos internos. Si esa transmisión eléctrica falla, como en la fibrilación auricular, se altera ese ritmo: en lugar de contraerse el órgano, empieza a hacer un movimiento que no genera necesariamente un fluir de la sangre y, al al estacarse, tiende a coagularse en exceso. Esos coágulos son como pelotitas de glóbulos rojos que son expulsados desde el corazón, desde la aurícula izquierda hasta el ventrículo izquierdo y cuando llegan a alguna arteria cerebral y la tapa, se produce el stroke. ¿Pero qué tiene de especial la fibrilación auricular? Que su primera complicación es el ACV y sufrir esta arritmia aumenta cinco veces el riesgo de padecer uno. Y tenerla es relativamente frecuente en la población mayor de 55 o 60 años. A veces causa síntomas como palpitaciones, falta de aire, síncopes o sensación de cansancio, pero otras es asintomática, y los pacientes se dan cuenta de que la sufren cuando ya tuvieron su ataque cerebral.
P.: ¿Cómo se la reconoce?
L. S.: Lo primero que le recomendamos a la gente es que aprenda a tomarse el pulso y que concurra periódicamente al médico, porque si esta arritmia se detecta, puede tratarse con drogas antiarrítmicas y en el caso de que haya indicación específica, con algún anticoagulante. La frecuencia cardíaca normal, es decir, la cantidad de latidos por minuto, es de 60 a 100, pero en la fibrilación auricular no importa tanto la velocidad en la que el corazón late, sino la irregularidad. Se puede decir que esta arritmia suena como una “batucada”, es asincrónica. Por eso es importante que si la persona nota alguna irregularidad, consulte al médico, que seguro le orderará un holter. Después debe visitar con frecuencia al especialista y hacerse electros.
P.: ¿En relación a los coágulos, la toma de anticonceptivos puede incrementar el riesgo de ACV?
L. S.: Una mujer joven que los toma está expuesta a un mayor riesgo de ACV en el período de embarazo y el puerperio, donde la sangre tiende a coagularse. Fuera de esos dos períodos, también está expuesta a mayor riesgo con las migrañas, porque esta patología afecta más al sexo femenino y más cuando se toman pastillas. Por lo general los anticonceptivos más viejos son los que más se asociaban al ACV, pero los más nuevos, aunque tengan menos hormonas, pueden producirlos. Y mucho más si se combinan con el cigarrillo y si la paciente padece migrañas. De hecho, las tres patologías juntas triplican el riesgo de tener un stroke.
P.: ¿Existe una población más vulnerable que otra?
L. S.: El riesgo de tener un ACV es directamente proporcional a la edad. Si bien puede aparecer en cualquier momento, hay un pico entre los 60 y los 70 años. Pero en la actualidad, algunos estudios empiezan a decir que ocurren cada vez más temprano, y si eso lo sumamos a que la gente vive muchos más años y que es una patología predominante en ancianos, la cantidad de casos van a aumentar muchísimo. Es más frecuente en hombres y también es directamente proporcional a la sumatoria de factores de riesgo tanto los modificables, como el sedentarismo y el tabaquismo, así como los no modificables, es decir, si el paciente o un familiar tuvo previamente un ACV.
P.: En relación a la edad, ¿cuándo es más grave el ACV, si se lo tiene de joven o de más grande?
L. S.: En el ACV depende más cuál fue el mecanismo y el tamaño de la lesión cerebral más que la edad. La diferencia es que el paciente joven se rehabilita más fácilmente que el anciano. Pero todo depende de cuál sea la causa: si el joven tuvo un ACV por fibrilación auricular y el anciano lo tuvo una por enfermedad de las pequeñas arterias microscópicas del cerebro, le va a ir peor al joven porque la fibrilación auricular causa strokes más severos.
P.: ¿Si un ACV se produce a una edad muy temprana, hay más posibilidades de que se repita?
L. S.: Toda persona que tuvo un ACV tiene más riesgo que alguien que nunca lo tuvo de volver a sufrirlo, pero la clave en estos casos es identificar cuál fue el motivo que produjo el stroke, como una arteria carótida tapada, la toma de anticonceptivos, si la sangre se coaguló naturalmente, etc. El secreto es decir “este fue el mecanismo y actuar sobre esta causa para prevenirlo”. Si no se identifica, es como estar a ciegas.
P.: Se dice de pacientes jóvenes, la frecuencia del ACV está relacionado con el consumo de drogas. ¿Existen datos que confirmen esta afirmación?
L. S.: El consumo de drogas es más frecuente en jóvenes que en ancianos y como en esta población no están los factores de riesgo clásicos del anciano, esta causa adquiere una mayor importancia, pero de ninguna manera es la primera. La principal es una disección arterial, que es como una rajadura de una arteria. Después están los trastornos de la coagulación, y luego las drogas. De hecho, en comunidades donde no hay un muy alto consumo, el ACV puede estar más relacionado con deportes, latigazos con una frenada de un auto, o los movimientos del cuello con prácticas como la quiropraxia, que podría llegar lesionar alguna arteria.
P.: ¿Qué hay de cierto en la creencia de que un esfuerzo grande puede causar un ACV?
L. S.: De cada 100 accidentes cerebrovasculares, sólo tres son por ruptura de aneurismas. Sonarse la nariz, el sexo, o hacer un esfuerzo podría precipitar la ruptura de un aneurisma, pero para el resto de la población que no tiene uno, no hay por qué limitarse en estas cuestiones.

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