“Danzar es descubrir el cuerpo en cada etapa de la vida”

POR EINAT ROZENWASSER

Para ella el baile es el arte del movimiento. Dice que al crecer se pierde la capacidad de expresión, pero puede recuperarse. Y lo usa para ayudar a chicos y adultos.

Clarín
22-12-2011

La escena transcurre una tarde de verano de fines de los años ‘20 en Parque Centenario. El señor Fux lleva a sus seis hijos a jugar y María, la mayor, arma una corona con las hojas de magnolia que encuentra en el suelo y baila, baila sin parar. Los chicos de la colonia de vacaciones festejan este número improvisado, íntimo, pasional. “Yo danzaba, danzaba lo que sentía”, recuerda María en el living de su casa-estudio, en Callao y Sarmiento. El 2 de enero cumplirá 90 años y anuncia que apenas se tomará dos días de descanso porque con eso alcanza. Para ella, que se dedica a la danza y hace 50 años creó un método que le permite integrar alumnos de todas las edades y con diferentes discapacidades, la vida es movimiento, y avanza.
La danza es un arte que se lee en el cuerpo, y también el arte que lee al cuerpo, como explicará en breve. Como bailarina, coreógrafa y danzaterapeuta recorrió el mundo y recibió numerosas distinciones. El año pasado presentó su último unipersonal y desde entonces “sólo” sigue con las clases. Trabaja con alumnos sordos, ciegos, débiles mentales, con síndrome de Down, espásticos, ancianos y también personas “normales”, si es que existe lugar para esa categoría.
“El recorrido que he hecho a través de la creatividad con el movimiento me ha dado un lenguaje para comunicarme. Danzar sobre el escenario me ha permitido no solamente encontrarme con el público, sino descubrir las posibilidades que tiene el cuerpo en las diferentes etapas de la vida. Lo que ocurre cuando uno da un estímulo que puede hacer mover el cuerpo de otro”, explica.
Cualquiera sea su condición…
Todos tenemos problemas, y al buscar límites voy aprendiendo. Cuando uno se queda estático pensando que ya no se puede, se puede. Me importa muchísimo la vida en todos sus aspectos, cuando dice no y cuando dice sí.
Eso permite hacer una lectura corporal de la gente…
Yo no hago psicología, ni leo, ni clasifico. Veo. Siento un enorme placer cuando veo chicos jugando porque se mueven con naturalidad. La gente va perdiendo la posibilidad de moverse con naturalidad frente al cuerpo. Y el cuerpo es el pensamiento, lo que uno come, lo que vive, lo que desea…
¿Por qué se pierde?
De chicos no pensamos qué es un cuerpo. A medida que uno va creciendo aparecen las convenciones, la educación, nuestro deseo y todo eso nos va dando formas que cierran esa naturalidad. No es que podamos volver a ser chicos, pero sí volver a expresarnos. Yo estimulo esas posibilidades a partir de la música, el color, la forma, el silencio…
¿El silencio?
Siempre me ha interesado el silencio porque ahí está ese ritmo interno que cada uno de nosotros tiene y que pocas veces escuchamos. Creo que a través de esos ritmos internos se encuentra el camino de confianza del propio cuerpo.
Estamos acostumbrados a pensar la danza como algo que se ve y no desde la posibilidad de sentir el movimiento…
Muchísima gente cree que la danza son pasitos. Yo creo que la vida es danza. Vivimos con un cuerpo que nos puede dar la alegría de moverse y se trata de aprender a escuchar con el cuerpo y no con los oídos.
Se ve más presencia del baile en las diferentes manifestaciones populares, la murga, las percusiones, los tambores…
Seguro, ahora todo el mundo va a lugares para danzar. Es que la vida es movimiento, no hay otra cosa. Hablar es movimiento, tomar este café es movimiento. Porque yo utilizo mi pensamiento, también lo que he vivido y lo que soy para poder usar el lenguaje para expresarme. Todo está unido.

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