La muerte como algo natural e inevitable

La escritora española Ana Cristina Herreros recopiló cuentos populares vinculados con la desaparición. La intensión es desdramatizar y encontrar la cotidianeidad dentro de un proceso lógico de la vida

Para Herreros es fundamental que la sociedad actual vuelva a concebirla como parte de la vida y aleje su actual concepción macabra, ante el convencimiento de que “quien no celebra la muerte, no puede celebrar la vida”.

En Cuentos populares de la madre muerte (de editorial Siruela), la escritora ha rescatado muchas leyendas procedentes de la tradición oral, en la que la muerte era algo cotidiano con lo que convivían las personas.

Herreros recuerda que, no hace mucho tiempo, hombres y mujeres celebraban el deceso tanto como la vida y, ya fuera en el nacimiento de un bebé o en la desaparición de un anciano, se vestía a ambos con su mejor traje y se mostraban a la comunidad.

“La muerte dejó de celebrarse cuando comenzó a ser algo que había que ocultar”, señala la escritora en una entrevista con la agencia de noticias EFE, en la que afirma que en ese afán de esconderla, la gente olvidó “su íntima relación con la vida” y empezó a considerar la vejez como algo indigno y con poco valor.

De sus investigaciones, concluye que las personas que no hacen duelo por los seres queridos fallecidos “tienen muchos complejos a la hora de celebrar cumpleaños”, porque forman parte del mismo ciclo.

Recuerda que en la tradición católica está “el precioso” Día de Todos los Santos, que se celebra todos los 1 de noviembre. Con esta celebración, “se está recuperando” la tradición familiar de reunirse en un panteón “en una especie de vuelta al útero materno”. “Es fundamental recordar a nuestros muertos; de ahí venimos y ahí iremos”, asegura Herreros, quien recuerda que, tras la muerte de su madre en su cocina, la familia decidió instalar allí “un altarcito” con pequeños objetos que le gustaban en vida y otros que traen de sus viajes. Esto es algo que hace con sus hijos pequeños, a los que trata de trasmitir “la naturalidad” de perecer.

En todos los cuentos populares, la muerte no aparece como la representa la tradición cristiana, “como algo despiadado que viene a cumplir ese castigo impuesto por el pecado de ser soberbios y querer saber más que Dios”, sino que “es otra muerte: la muerte justa, la que se lleva a todos por igual; la muerte amiga, la muerte madrina”.

La muerte madrina, uno de los primeros cuentos que encontró y que ahora ha incluido en su libro, es “un cuento fértil” que hunde sus raíces en las danzas medievales de la muerte, el germen del teatro en Europa, representado con un círculo dentro del cual estaba la muerte que se llevaba a todos por igual.

“Eso, en la mentalidad medieval, era muy tranquilizador para gente que vivía humillada y en condiciones de esclavitud; sentían que la vida era justa porque la muerte era justa”, según la autora.

La concepción de vida y muerte como una misma cosa generó unas diosas que se perdieron en el 3.500 a.C., cuando aparecen las primeras religiones patriarcales, cuyas principales herederas son el cristianismo, el judaísmo y el islám.

“Es entonces cuando se comienza a concebir la muerte como una forma de castigar un pecado”, según Herreros, quien lamenta que cada vez más se asocie el Día de Difuntos con Halloween, “algo que no tiene ningún sentido en nuestra cultura”.

Frente a dramas como la muerte de un hijo, recuerda que no hace tanto las madres tenían muchos hijos al asumir que unos cuantos se fallecerían al poco tiempo y “convivían con ese sentimiento a diario”.

Para afrontar su inevitable llegada, nada mejor que “mirarla a la cara” y señala que quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte ven después la vida de otra manera. “La muerte te coloca en el presente, en el aquí y el ahora y te aboca a no atesorar y a tratar de ser justo”, concluyó la escritora.

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