A los 87, Doris Day sigue sumando récords

Pasaron cuarenta y tres años desde que Doris Day estrenó su última película, El novio de mamá , pero su nombre reaparece con frecuencia en las noticias: ya porque se la menciona como justa candidata a un Oscar a la trayectoria que la Academia nunca termina de concederle (quizá porque sabe de su escasa disposición a participar en ceremonias públicas), ya porque sigue siendo la paradigmática “chica de al lado” del cine de los años 50 y 60, ya por su compromiso en defensa de los animales, misión a la que ha dedicado todos sus esfuerzos desde que concluyó en 1973 un show de televisión que nunca la conformó demasiado, ya porque la pantalla chica devuelve su imagen en alguno de sus 39 films.

Por Fernando López | LA NACION
Martes 08 de noviembre de 2011

Pero también está presente porque a los 87 años todavía es capaz de sumar más distinciones y batir nuevos récords. Hay dos ejemplos muy recientes: el último es el premio a la trayectoria que hace diez días decidió otorgarle la Asociación de Críticos de Los Angeles al reconocerla como la máxima estrella femenina de los años sesenta.

El otro es consecuencia de su último aporte al disco: en septiembre, se convirtió en la artista de mayor edad que ingresa en el top ten de los álbumes más vendidos en Gran Bretaña: My Heart , tal el título, es una compilación de grabaciones inéditas de la artista que no sólo merecieron el apoyo del público, sino también el franco elogio de la crítica: “Lánguida, sensual, el tono puro, claro y la expresión perfecta, la voz de Doris Day es eternamente cautivante”, escribió el Telegraph. “Técnicamente impecable, irresistiblemente seductora en el tono, es difícil de pensar en otro cantante de su tiempo que sea capaz de ofrecer al oyente tamaño placer”, dijo la BBC.

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Para muchos, sobre todo los más jóvenes que sólo la conocen como ícono de la castidad en el viejo celuloide hollywoodense, habrá sido un descubrimiento. Seguramente porque ignoran que ella era una cantante consagrada antes de convertirse en la estrella de aquellas comedias con Rock Hudson, Cary Grant, James Garner o Howard Keel y de probar sus condiciones en papeles dramáticos al lado de James Cagney ( Amame o déjame , 1955), en thrillers ( Encaje de medianoche , 1960) o a las órdenes de Hitchcock ( En manos del destino , 1956), donde cantaba su célebre “Qué será será”.

Eso se dijo a sí misma cuando se atrevió a rescatar el registro que su hijo Terry había producido poco antes de su muerte en 2004 y que mezcla relecturas de viejos éxitos con canciones desconocidas. Y fue lo que debía ser: un éxito.

A Doris no le gusta demasiado salir de su residencia en Carmel, primero porque la ciudad se ha puesto muy populosa y a ella no le agradan las multitudes, pero también porque su principal ocupación actual (la fundación) está en casa, lo mismo que sus perros. Pero niega estar recluida. Y aunque recuerda bien sus tiempos felices en Hollywood no se deja llevar por la nostalgia ni por los malos recuerdos de su vida personal (se casó cuatro veces; un marido le pegaba; el segundo la abandonó; el tercero le robó todo su dinero).

Las razones de su éxito en el cine siguen siendo un misterio para ella, salvo que se deba a que disfrutaba mucho haciéndolo. “Los guiones me divertían y todo resultaba muy natural para mí”, dijo hace poco. Pero también dijo que no le gusta nada el cine que se hace en la actualidad. Y si su disco es luminoso es porque responde al ánimo optimista que conserva. “Es perder el tiempo lamentarse por los antiguos golpes o por el paso del tiempo -dice-; en cambio es fácil sentirse bien. Basta poner música y bailar. Solo, no importa cómo. Lo recomiendo.”

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