Tienen más de 80 y, aunque no están obligados, fueron a votar

“Voy a votar mientras esté vivo”, contó Elfeo Menotti, de 88 años, minutos después de sufragar. “Un voto no hace la diferencia, pero ayuda”, dijo Catalina López, de 80.

Por Alumnos de la Maestría de Clarín y la Universidad de San Andrés
Clarín
23/10/11

La mañana tenía el cielo pintado de gris como las canas de los primeros que fueron a votar. En el barrio porteño de La Boca algunos vecinos decidieron quedarse en sus camas, pero otros, los mayores, se levantaron bien temprano. Aunque no están obligados a votar por ley, porque hace años que pasaron la barrera de los 70, fueron muchos los abuelos que no se perdieron la oportunidad.

El silencio de la mañana apenas se rompió con los pasos lentos de Elfeo Menotti que bordeaban la vereda de la calle Martín Rodríguez. A sus 88 años, este jubilado se presentó en la Escuela Gral. Gregorio Araoz Lamadrid para votar aunque hace 18 años que no tiene la obligación de hacerlo.

Nada lo detuvo, ni siquiera la escalera de la entrada del lugar. Tampoco las otras dos que lo llevaron hasta el segundo piso donde estaba su mesa.

“Mientras esté vivo voy a votar siempre”, contó. Es de los que cree que votar va a generar algún cambio en la sociedad. “El país no está como quieren todos los argentinos y menos los jubilados”, respondió cuando se le pregunta por qué sigue viniendo a votar. Con un ánimo que contagia y una sonrisa de nene, se negó a contar a quién eligió. “Es secreto”, dijo.

Por la misma puerta ancha por la que entró Menotti Norma de Castellano trajo a sus 80 años a votar: “Me nace de adentro cumplir y saber a quién vamos a tener arriba para que nos gobierne”.

Detrás de Norma, llegó Catalina López, otra abuela de 80 años feliz de ir al cuarto oscuro.

“Espero Justicia y que nos mejoren (los haberes) a los jubilados. Nos robaron el 82% allá en el tiempo de (Carlos) Menem y nunca nos lo devolvieron. Es una miseria, son tres pesos por día”, dijo sin perder la sonrisa y se esfumó entre la gente que, pasadas las 9 de la mañana, se sumó. “Un voto no hace la diferencia, pero ayuda a la diferencia”, se despidió Catalina.

Martina y Vicente llegaron agarrados del brazo. Llevan 62 años de matrimonio y paciencia. Aunque reconocen que tienen problemitas para oír, no tienen reparos en hacer el esfuerzo y contestar. Martina y sus ojos azules hablan por ella y por Vicente. Su marido obtuvo su trabajo como naviero gracias a un político. Por eso tienen la costumbre de seguir votando.

Los abuelos dejaron la escuela y volvieron a sus casas, mientras los otros vecinos de La Boca aún remoloneaban en sus camas. Caminito, de a poco, se fue poblando de turistas. Vicente y Martina saludan a lo lejos, frente al Riachuelo.

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