Mitos y verdades en torno a los remedios de la abuela

La sopa de pollo para los resfríos, tirar el cuerito para el empacho o comer zanahorias para mejorar la visión son algunos de los secretos o creencias develados científicamente por la doctora en Química Valeria Edelsztein en su libro “Los remedios de la abuela. Mitos y verdades de la medicina casera”.

Analía Páez
Telam
23-8-2011

“Todo comenzó con la idea de contar cómo llega un remedio de la naturaleza, o de un animal acuático como la esponja de mar, o de una planta cualquiera hasta la farmacia. La idea es que la gente pueda entender el proceso que lleva muchos años de investigación y que no es algo fácil de lograr”, asegura Edelsztein a Télam.

De los remedios caseros recomendados de generación en generación, ¿cuál fue el que más te sorprendió? “El del jugo de remolacha para bajar la presión. Creía que era más místico que científico, y encima no está muy difundido”, revela ¿Por qué? Porque tiene nitrato. La verdad es que son muchas las verduras que lo tienen, pero la remolacha tiene mucha más cantidad; pero por el proceso metabólico -propio del cuerpo humano- termina convirtiéndose en óxido nítrico, un gas que dilata los vasos sanguíneos”, explica.

“Pasándolo a criollo es como si tuviéramos una autopista muy congestionada y le agregamos un carril más, eso descomprime. La idea es la misma, al dilatar los vasos sanguíneos baja la presión”, ejemplifica.

Otro de los fundamentos científicos lo aplica en `tirar el cuerito`. “Esta vieja técnica tiene su explicación – comenta la científica- lo que hace es estimular la formación nerviosa llamada plexo solar y eso ayuda a que se despegue el bolo alimenticio en el estómago”.

¿Cuáles son solamente un mito? “El de la zanahoria -dice entre risas-. En el colectivo imaginario está establecido que la zanahoria es para mejorar la visión y no es así. Si bien tiene betacaroteno (que es el propulsor de la vitamina A), nuestro nivel de vitaminas y betacaroteno es algo estable. Aunque comamos tres kilos de zanahoria no va a hacer que veamos mejor”.

“Lo interesante es el origen del mito -sostiene Edelsztein- durante la Segunda Guerra Mundial, los británicos habían descubierto un sistema de radares para derribar los aviones alemanes antes de cruzar el Canal de la Mancha y ante la incógnita lanzaron el rumor de que sus aviadores comían zanahorias para mejorar la visión, de ahí la leyenda”.

¿Qué tiene de cierto que una buena sopa de pollo alivia los resfríos? “Es maravillosa. La receta tradicional reza: `contra el resfrío: sopa de pollo y a la cama`, y es verdad. Por un lado porque el vapor de por sí es como hacer un baño de vapor que descongestiona, y el calor de la sopa va a hacer que nos moleste menos la garganta”.

Edelsztein explica que “lo más interesante es que un equipo de neumonólogos estudió si tenía alguna propiedad para ayudar a descongestionar más allá del vapor y del calor y encontraron que al usar las sopas comerciales, se evita la acumulación de neutrófilos, las células que combaten los virus del resfrío y se evita el malestar de la congestión”.

El libro que pertenece a la colección “Ciencia que ladra” de la editorial Siglo XXI trata además sobre la historia de la medicina, los grandes científicos que cambiaron la historia con sus descubrimientos, experimentos para hacer en casa con los chicos, lo que convierte a este libro en un ejemplar de fácil lectura y didáctico.

Bajo el título “La vaca nos da la leche y algo más”, Edelsztein narra la historia del descubrimiento de la primera vacuna contra la viruela por parte de Edward Jenner en 1796, erradicada en todo el mundo en 1979, según la Organización Mundial de la Salud.

Otro de los científicos citados es Louis Pasteur, quien -agrega Edelsztein- “estudió los trabajos de Jenner y comenzó a experimentar con animales. Finalmente, descubrió la vacuna para el cólera de las aves, el ántrax del ganado y, por supuesto, para la rabia”.

“Pasteur era un genio -afirma la científica con admiración-.

¡Este hombre era tan joven y notable! Su frase su cabecera era: `el azar sólo favorece a las mentes preparadas`, y es verdad. Quizás cualquiera de nosotros podíamos ver lo que él veía, pero entender y darse cuenta la importancia, sólo una mente como la suya podía notarlo”.

“Lo que más me interesa es que la gente pueda informarse.

Porque muchos se ilusionan cuando escuchan, todos los años, que se encontró la cura para el cáncer o el sida, y que comprendan que se cura en laboratorio, pero hasta llegar a la cura humana hay un largo camino. Es bueno que la gente sepa un poco más para poder tomar decisiones sin crean falsas expectativas”, finaliza.

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