Jubilados que siguen trabajando

Más de 340.000 personas mayores participan del mercado laboral, por gusto o necesidad; el haber mínimo es de 1272 pesos

Sofía Corral
LA NACION
Sábado 30 de abril de 2011

Gustavo Fopoli tiene 67 años y mañana celebrará el Día del Trabajador manejando su taxi. Se desempeñó como administrativo en una empresa de transporte hasta que cumplió los 65. Para él, lejos está la posibilidad de descansar, como lo harán millones de empleados.
“Como la jubilación no alcanza, empecé a manejar un taxi”, comenta Fopoli, mientras conduce por la avenida Córdoba en Barrio Norte. El hombre, de hablar pausado y que peina una buena cantidad de canas, comenta que toma sus recaudos: sólo sale a trabajar durante el día.
La realidad de Fopoli se multiplica por miles entre jubilados argentinos. En total, 158.676 hombres mayores de 65 años y 182.828 mujeres que cumplieron los 60 salen todos los días a trabajar, según datos suministrados por el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) sobre la base de los del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
Pero no lo hacen en las mejores condiciones. Además de tener que sobreadaptarse al mercado laboral, donde existe una gran barrera por la edad, los jubilados se enfrentan con otros desafíos. “Es muy difícil reinsertarse. Además suele suceder que las personas con mayor calificación tienen menos posibilidades de volver a trabajar. La mayoría ingresa al mercado informal”, explica Eugenio Semino, defensor de la Tercera Edad. “Terminan realizando actividades de baja calificación, pero que resultan de alto riesgo. Por ejemplo, se dedican a manejar un taxi, una actividad muy estresante. También suelen ser contratados en negro como serenos, un trabajo muy riesgoso por la inseguridad”, agrega.
Según Semino, las mujeres tienen incluso más dificultades ya que son menos requeridas y se enfrentan al problema de discriminación de género.
Equilibrio difícil de lograr
Más del 90% de los mayores de edad recibe jubilaciones. La jubilación mínima, que es la cobran tres cuartos de los trabajadores retirados, es de $ 1272, pero los adultos mayores necesitan 2063 para poder llegar a fin de mes. Así lo determinó en diciembre último el área de Derechos de la Tercera Edad de la Defensoría del Pueblo del gobierno porteño.
Este organismo estima dos veces al año una canasta de gastos que debe afrontar un jubilado o pensionado para vivir. Considera gastos mínimos como alimentos, viáticos, medicamentos y servicios, entre otros. La próxima medición se dará a conocer a mediados de este mes.
El informe de Seguridad Social elaborado por el Ministerio de Trabajo estima que casi 4 millones de jubilados y pensionados, de un total de 5,3 millones, ganaban en diciembre último la mínima. Del otro lado de la balanza, 21.027 cobraban cada mes $ 7666.
Impacto económico
Semino explica que la persona que llega a cierta edad y debe jubilarse transita esta situación de una manera muy traumática. Sobre todo por el impacto económico que se produce en su vida (ver recuadro). “Un empleado con un sueldo medio, cuando llegue el momento del retiro, verá sus ingresos drásticamente disminuidos. En el mejor de los casos llega al tercio de su sueldo y esto se suma a la dificultad objetiva de conseguir trabajo a esa edad”, enfatiza el defensor.
El funcionario comenta que en los últimos tres años en el sector público se registraron muchísimas jubilaciones. “Ni bien cumplen los 65, les llega la intimación. Después de 30 años de estar trabajando, de un día para el otro cambian de situación”, detalla.
Uno que lo experimentó es Marcelo Bianchi, médico gastroenterólogo. Desde hace 30 años, de lunes a viernes, se levanta a las 6 para, una hora más tarde, atender en un hospital del conurbano. Hace un año que cumplió su edad jubilatoria y llegó el momento del retiro. El profesional pidió una prórroga por un año, pero sabe que éste es el último que verá pacientes en el hospital.
“Pienso seguir atendiendo pacientes en mi consultorio privado. Me siento muy joven para dejar de trabajar”, comenta el médico, sin resignarse.
Para otros, esta etapa llega con gran alegría. A partir de la jubilación comienzan a hacer planes y proyectos que en otro momento no podían hacer. Ese es el ejemplo de Laura, que prefiere no dar a conocer su apellido.
Desde los 18 años hasta los 50 trabajó como secretaria de directores de empresas. Pero en 2000, la compañía donde trabajaba se fusionó y con ese cambio Laura quedó fuera del mercado laboral.
Pero esta mujer, que hoy tiene 65 años, no bajó los brazos. Se contactó con universidades e institutos de idioma para ofrecer uno de los cuartos que tiene en su departamento en el barrio de Recoleta para hospedar a estudiantes. Desde hace ocho años es anfitriona de jóvenes extranjeros. “De esta manera establezco vínculos fuertes con los chicos. Tengo hijos por todo el mundo”, asegura, con buen humor.
“Todos los días voy al gimnasio y hago varios cursos en el Centro Cultural Rojas. Me encantan los de arte y cultura”, comenta Laura entusiasmada. “Es la etapa más linda de la vida. No tenés responsabilidades. Lo único que tenés que preguntarte es qué tenés ganas de hacer y pensar cómo vivir lo mejor posible”, concluye. Claro que no todos se lo toman igual, ya sea por necesidad o gusto.
BRECHA REGIONAL
El haber medio de un jubilado es muy diferente de una provincia a otra. En Río Negro el promedio es de $ 2247 y. en Misiones, 1156.
2,07
Son los millones de jubilados que viven en en la provincia de Buenos Aires, el terrritorio con mayor incidencia de adultos mayores.
146.262
Es el número de varones jubilados que trabaja de forma no asalariada en negro, según Idesa sobre la base de datos del Indec.

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