Nunca es tarde para aprender

Diversas fundaciones y empresas brindan cursos de computación para que adultos mayores fortalezcan su autoestima y desarrollen sus habilidades, a la vez que fomentan los vínculos intergeneracionales

Vibra, suena y se prende una luz de color. Salomón Polakoff atiende con una claridad que sorprende del otro lado del teléfono, porque el paso del tiempo parece no haberle robado la frescura de su voz ni la chispa de una mente ágil y ávida de información. Su experiencia es ejemplar, porque se animó a ir más allá y guió a otras personas a seguir su camino: “Cuando me jubilé, en el año 85, estuve seis meses mal, porque creía que todo había terminado. Estudiar computación en mi casa me hizo ver otra realidad”.

La Nación Comunidad
Sábado 05 de marzo de 2011

Tras años de preparación, en 2001, creó su propio emprendimiento para enseñar informática a adultos mayores, en la Universidad Maimónides. Comenzó como docente y, en la actualidad, coordina los talleres destinados para personas de más de 50 años de edad: “Ya han pasado dos mil alumnos y, aunque muchos abandonan a mitad de camino, la computadora para ellos es un gran incentivo. A mí, particularmente, me ayudó a mantenerme ocupado, a investigar y a interesarme en otras cosas”.
“En las últimas décadas, se demostró internacionalmente, a través de múltiples propuestas educativas, que se puede seguir aprendiendo hasta una edad avanzada, y que los nuevos aprendizajes contribuyen a mejorar la calidad de vida y la autotransformación. Estos cursos crean el clima propicio para vencer los obstáculos más comunes de la edad: el temor y las creencias negativas respecto de las propias capacidades”, explica la doctora en psicología Graciela Zarebski, directora de la licenciatura en gerontología y de la especialización en psicogerontología de esa universidad.
“Que la gente mayor se interese por la computación -continúa la especialista- refleja una motivación, un deseo puesto en juego. La condición básica para envejecer bien es encontrar y renovar el sentido de la vida, seguir motivado, conectado con el afuera y en la búsqueda. Esto habla de un psiquismo activo y, por lo tanto joven, aunque se tengan muchos años.”
En este sentido, la informática resulta un excelente medio para la inclusión social, el desarrollo de las habilidades, la independencia y la realización personal, además de ser un valioso instrumento para acortar distancias y fomentar los vínculos intergeneracionales.
Conectados a la vida
Si bien aún existen barreras de accesibilidad para muchos, en los últimos años, diversas fundaciones y empresas comenzaron a desarrollar programas de informática gratuitos en centros educativos y para la tercera edad.
La Fundación Navarro Viola, junto con la asociación civil La Tortuga Feliz, creó un espacio de formación, integración y entretenimiento en el centro Viejos Amigos, en González Catán, provincia de Buenos Aires: un grupo de jóvenes de la comunidad compartió su saber con personas de más de 60 años que viven en situación de pobreza y con ausencia de redes formales de atención a la problemática de la vejez. “Las primeras clases no fueron fáciles, principalmente porque muchos de ellos no saben leer ni escribir o presentan problemas de visión. Pero a medida que los días pasaban, los abuelos comenzaron a sentirse útiles y capaces al ver que estaban haciendo lo mismo que nosotros, los jóvenes”, comparte Jésica Herrera, de 22 años, una enfermera que colaboró con el proyecto.
En este sentido, Vanesa A. Barreiro, directora de programas de la Fundación Navarro Viola, asegura que este tipo de proyectos promueven la accesibilidad y sostienen la educación permanente: “Es un reflejo de que el aprendizaje es inherentes a todas las edades, situaciones de vida, contextos y aspectos sociales. El ser humano aprende a lo largo de toda la vida. La capacidad de conocimiento se mantiene, lo que se modifica es la forma de adquirir los aprendizajes y los contenidos”.
Por su lado, como parte de su programa de Responsabilidad Social Empresaria (RSE), el Banco Supervielle lanzó, en marzo de 2007, el programa Abuelos en Red a fin de generar un mayor acercamiento de las personas mayores al uso y los beneficios de las nuevas tecnologías. “Conscientes de que el segmento de jubilados y pensionados percibe que la sociedad los desatiende, nuestro Banco se preocupa por revertir esta percepción reforzando el cuidado y la calidad de atención que les brinda”, comparte Ariel Salituri, gerente de banca previsional de la entidad.
Las clases, que son presenciales y a distancia, están destinadas a adultos mayores de 55 años que reciben sus haberes en el Banco. El objetivo es que adquieran un manejo fluido de las herramientas de Internet: navegación, buscadores, e-mail, chat, redes sociales, foros, programas para escuchar música y ver películas, y temas como homebanking y el pago electrónico de servicios.
Hoy asisten a los talleres presenciales 4607 personas y, si bien es exclusivo para clientes, en la versión Web participan jubilados y pensionados que no operan con el Banco en un 20% sobre 5715 usuarios.
“Los beneficios -asegura el vocero- son muchos: los nietos de los abuelos logran constituir códigos comunes con ellos, fortaleciendo el vínculo y propiciando una comunicación fluida. Asimismo, la comunidad en general logra sensibilizarse en relación con las necesidades de la tercera edad, a los fines de guardar mayores reparos en la atención integral de las personas mayores. Sin embargo, es importante destacar que Internet no debe ser un sustituto de una salida o de un paseo, sino ser una herramienta de comunicación que propicie y favorezca el encuentro cara a cara.”
Estos casos demuestran, cada vez con mayor frecuencia, que ya no existen los límites de edad a la hora de estar conectados. Sin duda, las nuevas tecnologías cambiaron la manera de vivir y de relacionarse con los otros, abriendo puertas de participación e integración social, también para las personas mayores.
La charla con Polakoff termina y sus palabras quedan grabadas en el celular, una vez más gracias a la tecnología. Antes de despedirse, hábilmente, pronuncia una última frase: “Acá no tengo lápiz y papel. Hagamos las cosas de manera moderna: mándeme su correo por mail, así me quedan registrados sus datos”. A los 90 años, sin duda, es un hombre 2.0.
Por Soledad Avaca