Como actuar frente a los cambios

Por el Dr Rene Knopoff
Director de la Escuela de Ciencias del Envejecimiento de la Universidad Maimónides

Un nuevo año. Una nueva oportunidad.
Llegarán experiencias que, según como las aprovechemos, nos pueden servir para crecer.
Un nuevo año. Un espacio de nuestra vida.
¿Qué es la vida?
Un transcurrir lineal entre dos puntos de una dimensión que no conocemos, dirán unos. Un punto de comienzo y no fin, a modo de un vector que tiene direccionalidad, energía y no tiene término, dirán otros.
Me gusta la imagen. La vida como energía lanzada al infinito.
Sabemos por las leyes del Universo que la energía no se crea ni se destruye, pero si cambia.
Esto es congruente con la idea que cada ser humano es uno mismo a lo largo de la vida pero en permanente cambio.
La mismiedad básica nos permite tener un hilo conductor que nos afirma y nos reconoce, que construímos instante a instante, acto a acto.

La evolución constante nos obliga a elegir, a tomar decisiones, a adaptar nuestro entorno y adoptar valores. Ad-aptar, tratar de hacer apto para nosotros lo que nos rodea. No dije acomodarnos.
Adaptar es una actitud. Está relacionado con un acto, con un esfuerzo de cambio si el entorno lo requiere o de aquiescencia, de conformidad, pero pensado y resuelto sólo si hay armonía con el mismo.
Esto no es una mera pasividad. Implica posibilidad de cambio, modificación para el afuera, el entorno, o para el adentro, para mí.
No siempre el otro o lo otro es lo disarmónico, lo fuera de lugar, lo que requiere modificarse. Muchas veces es algo de mi yo, de mis hábitos o mi conducta. Esto exige un mirarme hacia adentro y al entorno. Sentirme uno con el Universo, tratar de penetrar el sentido y la razón de ser de nuestra existencia en el mundo. ¿Es esto difícil?
No lo siento así.
¿Es acaso una intelectualización reservada a unos pocos que exprimen su cerebro o que no tienen otra cosa que hacer?
No lo creo. Es tan válido para el intelectual como para el obrero manual, para el que corre todo el día en una gran ciudad, con todo el trajín y el stress que conlleva, como para el pescador o el pastor de cabras. ¿Alguien puede asegurarme quien se conoce mejor?
La vida requiere de nosotros la adopción de valores y estilos de vida.
Otro término interesante: ad-opción. La posibilidad de elegir, elegir específicamente algo, opcionar ad.
Una existencia plena significa un envejecer sano, pues este es un proceso vital, una parte de ese hilo continuo que llamamos vida, porción fecunda de energía. No la malgastemos. Es única e irrepetible. Experiencia que no se nos vuelve a dar, por lo menos no en este aquí y ahora.
Aprovechemos y hagamos fructificar cada momento, cada lugar.
La realidad indica que algún hábito, algún valor, algún estilo de vida seguiremos. Si no adoptamos nosotros nuestros hábitos, valores y estilo de vida, alguien lo hará por nosotros.
Estaremos perdiendo la fantástica oportunidad de vivir, vivir nuestra vida, armarla, crearla, aventura irrepetible y maravillosa, y pasaremos a vegetar, a recibir pasivamente lo que alguien nos dé.
A lo mejor el opcionar nos resulta difícil, costoso. El precio es el cielo.
¿Qué es, si no, la figura del Antiguo Testamento, en la que, el ser humano, tras conocer el árbol del Bien y del Mal, empezó a poder elegir? Y de su elección, palabra espléndida que exige una toma de decisión, depende su vida futura, premio o pena.
Y dice la Biblia: tras comer del Árbol del Bien y del Mal. Es decir, no es sólo verlo, es hacerlo carne de sí mismo.
En esa figura se le reconoce al ser humano el derecho a construirse.
Y uno no se construye sólo. El ser humano se constituye como tal en tanto ser social. Nace en el seno de un grupo, la familia, en la que crece y se conforma, es decir se forma con otros, que le trasmiten valores, hábitos y pautas de vida que va introyectando.
A medida que crece, se interconecta. Contacta con otras experiencias valores y hábitos. Da y le dan.
En este intercambio se enriquece.
Esto ocurre en lo psico-social y también en lo biológico.
Cuanto más vivo, más siento la realidad de ello. Por ejemplo, el sistema de reproducción de las células primitivas es asexuado. Una célula forma una o dos células hijas, exactamente igual a la original. No hay cambio. El sistema de reproducción de las células más evolucionadas es un sistema en el que se aceptan adaptaciones, cambios. Lo mismo en la reproducción de los seres vivos. A medida que se avanza en la evolución, aparece reproducción sexual, en la que se precisa la presencia del otro.
La creación de un nuevo ser es compartida. En la herencia genética, además, está incorporada la memoria social. Y esto facilita la perpetuación de la especie. Lo que no significa inmovilismo.
¿Cómo debo actuar frente a los cambios?
Según quien lo considere será la definición de la posición que deberemos adoptar frente a los mismos.
Dice un médico: la necesidad de adaptarse en forma activa a los cambios mejora la calidad de vida.
Opina un psicólogo: estar cristalizado en una opinión, postura o actitud, sin ver si el entorno se modifica, conduce a la enfermedad.

Dr Rene Knopoff
Enero de 2011

Reflexiona un sociólogo: cada época tiene sus modalidades, sus costumbres. El saber adaptarse a los cambios sin dejar de ser uno mismo, es positivo.
Opina un filósofo: hay verdades inmanentes que es menester preservar. El resto es concurrente, cambiante según las culturas.
Dice un religioso: hay principios eternos y absolutos que se mantienen. Lo demás puede ser como la liturgia, adaptable a los usos y costumbres de cada lugar, cada grupo y cada época.
El sol es el mismo hoy que ayer y anteayer. Pero los rayos que envía hoy son los de hoy. No los de ayer. El mar es el mismo mar, pero las olas que hoy veo no son las de ayer ni las de mañana.
La vertiginosidad de los cambios de nuestra época hace que muchas veces pensemos ¿todo es cambiante, todo es posible de modificarse?, ¿nada tiene permanencia?, ¿puedo sustentarme en algo más allá de lo transitorio?
Creo que sí, que hay valores absolutos, no dependientes de los usos y costumbres de la época, grupo social o étnico. Pocos valores básicos. A mi juicio son : Dios como ser trascendente, Razón y Ser, la vida, la honestidad, la cooperación, la equidad, la amistad.
El cómo los instrumentemos, cómo los operativizemos, es circunstancial.
Las sucesivas experiencias que construyen el devenir de nuestra vida ojalá nos sirvan para ir eligiendo lo que queremos ser y hacer.
Si en algún momento de nuestra vida nos sentimos vacíos, sin ánimo, sin ganas de seguir, paremos y mirémosnos. Pensemos que somos y que hacemos.
¿Somos lo que hacemos?. ¿el ser se construye en un obrar o el obrar es consecuencia del sentir y del ser?. ¿son indivisibles estas tres áreas de nuestra conducta?
En la medida que podamos mirarnos y conocernos, en tanto y en cuanto estas tres áreas actúen congruentemente y en la línea de un construir con otros un mundo más armónico, más equitativo, nos sentiremos bien, seremos partícipes de un proyecto que nos trasciende, partes de un todo positivo.